Santo Domingo y Santiago concentran el acceso educativo: la geografía desigual de la educación superior

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La educación superior universitaria y técnica se concentra en pocas demarcaciones, mientras gran parte del país depende de la formación técnica o presenta bajos niveles de acceso. La educación superior en nuestro país está marcada por una desigualdad territorial persistente. Aunque el sistema ha crecido en cobertura y matrícula durante la última década, el acceso a universidades y centros de formación técnica continúa concentrándose en las principales zonas urbanas, mientras amplias regiones del país operan con una oferta limitada. Esta realidad no solo define cuántos estudiantes acceden a la educación, sino también qué tipo de formación pueden recibir.

Más allá de la cantidad de estudiantes, la diferencia se encuentra en la diversidad de instituciones disponibles. En el país coexisten cuatro grandes vías de formación: las universidades, el INFOTEP, el Instituto Tecnológico de las Américas (ITLA) y las Escuelas Vocacionales de las Fuerzas Armadas. Sin embargo, estas opciones no están distribuidas de manera uniforme en el territorio, lo que genera una brecha estructural entre provincias.

En ese contexto, provincias como Santo Domingo, Distrito Nacional, San Pedro de Macorís, Pedernales, María Trinidad Sánchez, Espaillat y Duarte presentan el mayor nivel de acceso, al concentrar simultáneamente las cuatro modalidades de formación. En estos territorios, los estudiantes pueden optar por educación universitaria, formación técnica, capacitación tecnológica y programas vocacionales, lo que configura un ecosistema educativo más completo y diversificado.

Esta realidad contrasta con lo que ocurre en otras provincias donde la oferta es más limitada. En Monte Cristi, Dajabón, Puerto Plata, Salcedo y Sánchez Ramírez, el acceso se restringe a universidades e INFOTEP, sin la presencia de centros tecnológicos ni una cobertura amplia de formación vocacional. Esto reduce las opciones disponibles para los estudiantes y condiciona sus trayectorias educativas.

Un tercer grupo de provincias presenta una estructura donde la educación técnica se articula con la formación vocacional, pero sin acceso al ITLA. Este es el caso de Elías Piña, Independencia, San Juan, Bahoruco, Barahona, Valverde, Azua, La Vega, San José de Ocoa, Peravia, Samaná, Hato Mayor y El Seibo. En estas demarcaciones, la educación se sostiene principalmente sobre universidades, INFOTEP y escuelas vocacionales, con un énfasis claro en la formación para el trabajo.

Por su parte, provincias como Santiago Rodríguez, Monseñor Nouel y Monte Plata presentan una configuración intermedia. En estos territorios, además de universidades e INFOTEP, existe presencia del ITLA, lo que introduce una dimensión tecnológica en la oferta educativa, aunque sin alcanzar el nivel de diversidad institucional de los grandes centros urbanos.

En tanto, La Romana y La Altagracia cuentan con acceso a universidades e INFOTEP, pero carecen de una estructura más amplia que integre otras modalidades formativas. Esta limitación reduce la diversidad de opciones disponibles para los estudiantes en estas provincias.

En términos generales, el sistema educativo dominicano reúne 1,452,529 estudiantes, de los cuales 572,646 pertenecen a universidades y 879,883 a formación técnica. Esto significa que seis de cada diez estudiantes están en programas técnicos, lo que confirma el peso predominante de la formación orientada al empleo dentro del sistema educativo nacional.

Concentración geográfica: el peso de las principales provincias

La distribución de estudiantes por provincia confirma la centralización del sistema. El Distrito Nacional concentra 507,847 estudiantes, posicionándose como el principal centro educativo del país. Le sigue Santiago, con 207,184 estudiantes, y la provincia Santo Domingo, con 182,628.

En conjunto, estas tres demarcaciones reúnen más de 897 mil estudiantes, lo que equivale a más del 60 % del total nacional. Este nivel de concentración evidencia que el acceso a la educación superior se encuentra fuertemente vinculado a la localización geográfica.

Fuera de los principales polos urbanos, existe un grupo de provincias con niveles intermedios de acceso. La Altagracia (69,478 estudiantes), La Romana (51,464) y San Cristóbal (48,287) destacan en este segmento, aunque con una clara predominancia de la formación técnica sobre la universitaria.

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También se encuentran en este nivel San Pedro de Macorís (37,407 estudiantes) y San Juan (36,140), donde el peso de la educación técnica sigue siendo determinante. Estas provincias muestran una mayor cobertura educativa que otras zonas del país, pero aún dependen en gran medida de programas orientados al trabajo.

Provincias con menor acceso

En el extremo inferior del sistema se ubican provincias con bajos niveles de matrícula y una oferta educativa limitada. Elías Piña (1,664 estudiantes), Independencia (2,727) y El Seibo (3,346) reflejan esta realidad, con una presencia universitaria mínima.

A estas se suman San José de Ocoa (3,569), Samaná (4,533), Dajabón (5,853) y Monte Plata (5,835), donde la formación técnica se convierte en la principal vía de acceso a la educación.

El desglose por tipo de institución confirma una tendencia clara. El INFOTEP concentra 868,357 participantes, superando ampliamente al sistema universitario. Las universidades agrupan 572,646 estudiantes, mientras que el ITLA (8,786) y las Escuelas Vocacionales (2,740) tienen una presencia más limitada, aunque estratégica.

Una brecha territorial que define oportunidades

La diferencia entre el Distrito Nacional (507,847 estudiantes) y Elías Piña (1,664) no solo es numérica, sino estructural. En las grandes ciudades, los estudiantes tienen acceso a múltiples opciones educativas. En muchas provincias del interior, la oferta es limitada y, en algunos casos, insuficiente.

Esta brecha territorial condiciona las oportunidades de formación, empleo y movilidad social, consolidando una desigualdad que va más allá del sistema educativo.

El crecimiento del sistema educativo dominicano ha sido significativo, pero no ha sido equitativo. El principal desafío no radica únicamente en aumentar la matrícula, sino en garantizar que el acceso a una educación diversa y de calidad esté disponible en todo el territorio nacional.



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