La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el del Consejo, António Costa, respiran tranquilos. Han dejado atrás a uno de los dirigentes más obstinados a la hora de romper el consenso esencial dentro de la UE sobre decisiones cruciales, … incluido el estratégico apoyo financiero a Ucrania. Las reacciones que está provocando la derrota del nacionalista húngaro Viktor Orbán en las elecciones del domingo son de euforia contenida, a la espera de que se consume la llegada al poder de Péter Magyar, quien ha estado refugiado en el Parlamento Europeo para evitar ser destruido por Orbán durante la campaña.
El primer ministro saliente se había convertido en un convencido euroescéptico a base de socavar el Estado de derecho en su país y de resistirse repetidamente a cumplir la legislación de la UE en determinadas materias sociales, incluida la gestión de la inmigración. Su gestión ha acabado siendo un desafío directo y constante a la capacidad de la Comisión para hacer cumplir las normas acordadas por todos los demás países. «Hungría ha elegido Europa. Europa siempre ha elegido Hungría. Un país retoma su camino europeo. La Unión se fortalece», declaró Von der Leyen momentos después de que Orbán reconociera la derrota.
En su primera comparecencia ha vuelto a decir que la jornada electoral en Hungría «fue un día excepcional» y se ha apresurado a sugerir que los demás países deberían aprovechar este momento para intentar que se elimine la capacidad de veto en las decisiones de política exterior, algo que le había dado a Orbán la posibilidad de dejar a toda la UE sin margen de maniobra.
En la actualidad, la mayoría de las decisiones se toman por mayoría cualificada de los representantes de los países en el seno del Consejo, excepto las de política exterior, en las que se requiere la unanimidad. En algunos casos se han intentado atajos para solventar el bloqueo por parte de Orbán, pero siempre ha prevalecido el derecho de veto. Y para cambiar las reglas también se necesita, como es natural, la unanimidad de todos los países.
La jefa del Ejecutivo comunitario ha defendido que el bloque debe «avanzar hacia la mayoría cualificada» en la toma de decisiones en materia exterior, como «un paso importante para evitar bloqueos sistemáticos como los que hemos visto en el pasado».
Según fuentes de la Comisión, Von der Leyen y Péter Magyar hablaron el domingo por teléfono y acordaron «colaborar estrechamente». Pero la presidenta del Ejecutivo europeo no ha querido entrar de lleno en futuribles y, cuando le han preguntado sobre los pasos que puede esperar por parte del húngaro para resolver las diferencias con Bruselas que tienen bloqueados miles de millones de euros en fondos de recuperación, se ha limitado a decir que esperará a ver cuáles son los planes del vencedor de las elecciones.
Con una clara mayoría parlamentaria de dos tercios, Magyar tendrá el mandato para impulsar incluso reformas constitucionales, aunque tendrá que contar con el hecho de que el país está profundamente dividido después de 16 años de Orbán.
En 2022, el Parlamento Europeo aprobó, por amplia mayoría, una moción que declaraba que Hungría ya no podía ser considerada una democracia plena, sino una «autocracia electoral» en la que se habían erosionado el Estado de derecho y las libertades individuales. La visión de Von der Leyen incluye probablemente un plan en el que las instituciones europeas van a ayudar al nuevo primer ministro a cambiar las cosas con suavidad.
Palos en las ruedas de la UE
Pero lo más importante para Bruselas es que en estos momentos ya no queda ningún Gobierno nacional que esté poniendo palos en las ruedas de las políticas europeas salvo el de la Italia de Giorgia Meloni, que lanza cada vez señales más evidentes de su deseo de ser un socio pragmático dentro de sus diferencias.
Después del cambio en Polonia, la victoria de Péter Magyar en Hungría deja apenas señalado al eslovaco Robert Fico, quien ha hecho el mismo camino que Orbán hacia el euroescepticismo y el populismo nacionalista, pero en su caso partiendo de la socialdemocracia. Ahora probablemente va a tener muchas dificultades para encontrar apoyos. La clave estará probablemente en las elecciones presidenciales en Francia previstas para dentro de doce meses, en abril de 2027, cuyo resultado será crucial para el rumbo futuro de la UE.


