Tras el fracaso de las negociaciones en Pakistán entre Estados Unidos e Irán para detener la guerra, el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, ha cruzado este domingo la frontera con el Líbano para arengar a sus tropas allí desplegadas. Aún “queda mucho trabajo … por hacer”, les ha advertido pese a que este martes hay prevista una reunión entre representantes de Israel y el Líbano para acordar una tregua.
En su visita, Netanyahu fue acompañado por el ministro de Defensa, Israel Katz, y el jefe del Estado Mayor del Ejercito israelí, Eyal Zamir. En un vídeo en el que aparece con soldados encapuchados, el primer ministro israelí elogia los avances logrados.
El objetivo de Netanyahu es, sin duda, demostrar su apoyo a las fuerzas armadas, elevar la moral de las tropas pero, sobre todo, demostrar que tiene el control de la situación. Además, quiere asegurarse así una posición de fuerza de Israel antes de las negociaciones del martes con el Líbano.
Mientras tanto, la misión de la ONU (Unifil) emitía un comunicado condenando que tanques Merkava del Ejército israelí han embestido en dos ocasiones sus vehículos, causando daños significativos, y denunciando numerosas acciones reprobables que violan la Resolución 1701.
En el Líbano, los combates se recrudecen en el sur del país y en el valle de la Becá. Tras el estallido de violencia del miércoles en el corazón de la capital libanesa, la relativa calma en Beirut durante este fin de semana de Pascua ortodoxa no debe ocultar la realidad al nivel nacional. Si bien existen diferentes opiniones sobre la posible vinculación entre los frentes de Irán y el Líbano, los estrechos lazos entre el régimen de los ayatolás y la milicia chií hacen imposible separarlos por completo. Se han anunciado negociaciones directas entre israelíes y libaneses el martes en Washington. Previamente a esta reunión entre la embajadora libanesa en Estados Unidos, Nada Hamadé Mouawad, y el embajador israelí, Yechiel Leiter, tuvo lugar una conversación el viernes. Esta llamada telefónica constituye el primer contacto directo oficial entre ambos países desde 1983.
Esta iniciativa ha generado esperanzas, pero también cierta preocupación. De hecho, se prevé que los ya intensos combates se recrudezcan en los próximos días. Israel querrá sentarse en la mesa de negociaciones en posición de fuerza. En cuanto a Hizbolá –que será tema de debate durante estas conversaciones–, se opone a la normalización de las relaciones entre el Líbano e Israel, debilitando así la posición libanesa. Hizbolá incluso organizó una manifestación el sábado por la tarde cerca del Parlamento libanés para mostrar su rechazo a un diálogo directo entre las dos naciones.
Más allá de los misiles lanzados por la milicia chií contra el norte de Israel y de la ofensiva letal que Israel lleva a cabo en varias regiones del país, que lleva ya un balance de 2.055 muertos y 6.588 heridos, existe un grave riesgo de incidentes internos que podrían estallar entre partidarios y opositores del Hizbolá. Sus dirigentes no están dispuestos a ceder y, además, la larga sombra de de Irán sigue presente. Lo demuestra la amenaza explícita Alí Akbar Velayati, el asesor del líder supremo iraní, contra el primer ministro libanés, Nawaf Salam: «Debe saber que ignorar el papel de la resistencia y de Hizbolá expondrá al Líbano a riesgos para su seguridad».
Fracaso de la negociación
Las negociaciones entre Irán y Estados Unidos no han logrado un acuerdo. J. D. Vance se fue con las manos vacías. Algunos comentaristas se muestran sorprendidos y predicen un diluvio de fuego como Donald Trump prometió a los iraníes si las negociaciones fracasaban. Pero lo cierto es que el alto el fuego sigue vigente hasta el martes 21 de abril.
El resultado de esta primera ronda de negociaciones es muy instructivo. Demuestra que, como sostienen ambas partes, cada una cree haber ganado y, por lo tanto, no está dispuesta a hacer concesiones apresuradas. A pesar del asombro de algunos, alcanzar un acuerdo en esta etapa era altamente improbable. De hecho, las negociaciones tienden a concluir rápidamente cuando una de las partes está contra las cuerdas y se ve obligada a capitular.
Pero esto no es una capitulación, sino más bien negociaciones entre dos naciones que se sienten en una posición de fuerza. Por un lado, Estados Unidos, que reitera haber aplastado el poder militar de Irán y descabezado su régimen. Por el otro, Irán, que se siente victorioso por haber plantado cara a la principal potencia mundial. Por lo tanto, es demasiado pronto para que cualquiera de las partes tenga que aceptar las condiciones impuestas por el adversario.
«Para tener éxito, cada parte tendrá que hacer dolorosas concesiones, pero eso no es nada comparado con el dolor del fracaso y la guerra»
Badr al Busaidi
Ministro de Exteriores de Omán
No obstante, se han logrado avances y un aspecto positivo a destacar. Por primera vez en muchos años, Estados Unidos e Irán han dialogado directamente. De este modo, se han construido las bases para los próximos pasos. Además, cabe recordar que, durante la Administración Obama, se tardó nada menos que dos años en alcanzar un histórico acuerdo nuclear.
Preocupado por que este «fracaso» – como lo denominan la mayoría de los occidentales, pero que, mejor dicho, es una falta de acuerdo – pudiera traducirse en la reanudación de las hostilidades sobre el terreno, el ministro de Asuntos Exteriores de Omán sugirió que Irán y Estados Unidos hicieran «dolorosas concesiones» para llevar las negociaciones a buen término y pidió una prórroga del alto el fuego. «Para tener éxito, cada parte tendrá que hacer dolorosas concesiones, pero eso no es nada comparado con el dolor del fracaso y la guerra», declaró Badr al Busaidi pocas horas después de la finalización de las negociaciones entre ambas partes. «Insto a que se prorrogue el alto el fuego y que continúen las conversaciones», añadió el ministro, quien ya había mediado en otras conversaciones entre Teherán y Washington antes del comienzo de la guerra porque el sultanato de Omán sigue una política de neutralidad.


