La guerra de Irán es el mejor ejemplo de que el eslogan ‘América Primero’ de Donald Trump debería traducirse en realidad como ‘América Sola’. Washington ha contado en este conflicto con el apoyo militar de Israel, que le ha marcado los objetivos y los tiempos … . Pero ningún país europeo ni asiático ha acudido a la llamada del presidente estadounidense para entrar en el conflicto y reabrir el estrecho de Ormuz. Ante una guerra ilegal, mal planificada y no consultada, muchos socios de la UE han limitado el uso de su espacio aéreo y sus bases militares. Los países del Golfo sufren atónitos las consecuencias de la destrucción de la región.
Las capacidades militares exorbitantes de EE.UU. —el 50% de todas las del mundo— y su clara ventaja tecnológica animan a Trump a no enmendar unos modos neoimperiales. Pero los resultados negativos del conflicto de Irán, tanto en el plano internacional como en el doméstico, deberían servir para repensar en algún momento si merece la pena matizar el unilateralismo agresivo. Hay poderosos argumentos para avanzar hacia una colaboración más útil con los países con los que se comparten intereses y valores occidentales.
La OTAN sale muy dañada de la guerra de Irán, acusada por Trump de inacción, y con un secretario general que sobre todo aspira al favor de la Casa Blanca. Esta alianza solo debe actuar en conflictos como el de Irán si uno de sus miembros es atacado —en el caso de Turquía lo fue levemente—.
En los demás supuestos, es necesaria la unanimidad de sus 32 miembros y, para ello, Estados Unidos debe argumentar, persuadir y consultar, una labor que no ha hecho. Por el contrario, Trump entiende hasta ahora las interdependencias con sus socios como vulnerabilidades, que puede explotar y monetizar. David Rennie ha descrito gráficamente esta mentalidad depredadora hacia los aliados: «Estáis solos y más os vale hacer lo que yo os diga».

