
Observar la vida desde el espacio exterior debería llevarnos a relativizar nuestros problemas en la Tierra. Tomar distancia para poner las cosas en perspectiva. Pero no fue el caso de Anne y Summer. No hay nada más humano que el amor y el desamor, así que, en el fondo, tampoco es de extrañar que el primer delito investigado en el espacio haya sido un lío amoroso.
Summer Heather Worden es una exoficial de inteligencia de la Fuerza Aérea de EEUU y mantenía una relación sentimental con Anne McClain, tenienta coronela del ejército estadounidense y ahora astronauta condecorada. Fueron pareja hasta que se les torció el amor. Pasaron por etapas complejas repletas de disputas y denuncias, hasta que se separaron. Pero los problemas persistieron. Incluso en el espacio.
En 2019, mientras Anne se encontraba en un viaje espacial, recibió una noticia que daría la vuelta al mundo, literalmente. Su ex pareja Summer la acababa de acusar de un delito de robo de identidad y otro delito de acceso indebido a sus registros financieros, desde el espacio. Summer tenía contactos y capacidades suficientes para rastrear el dispositivo usado y el lugar preciso de los presuntos accesos, y determinó que Anne se había colado en sus cuentas desde la Estación Espacial Internacional, a más de 400 km de altura, desde la misma termosfera.
Era la primera vez en la historia que se investigaba un delito cometido fuera de la Tierra. Pero, ¿qué leyes operan en el espacio? ¿hay un Código Penal espacial? Como la carrera espacial surgió en el contexto de la Guerra Fría, parecía urgente establecer marcos legales internacionales para evitar que las guerras pudieran extenderse más allá de los confines terrenales. Mientras los rusos enviaban el primer satélite Sputnik 1 y los estadounidenses respondían con la misión Apollo 11, se fue fraguando el primer Tratado del Espacio Exterior, firmado en 1967 e impulsado por la ONU.
En el texto se constituyeron los principios básicos que debían regir las actividades en el espacio. Se veló por que ningún estado pudiese apropiarse del espacio exterior, colocar armas nucleares o usarlo con fines militares. Con los años se fueron sumando más tratados y convenciones, pero nos vamos a centrar en el Acuerdo Intergubernamental de la Estación Espacial Internacional de 1998. Junto a la estación china Tiangong, son los únicos lugares, de momento, con tripulación permanente donde pueda ocurrir un delito.
El escrito establece que las naciones tienen jurisdicción sobre sus ciudadanos, es decir, si alguien comete un delito actúa el sistema judicial del país al que pertenece. Es decir: no existe una ley única espacial. El país del autor del delito y el país de la víctima pueden consultarse para decidir qué sistema jurídico (nación) se ocupará del juicio, y si el delito se comete en una parte de la Estación que pertenece a una tercera nación, también se procederá a la consulta. Por tanto, la ley que opera en la Estación Espacial Internacional es la de los países involucrados en los hechos. En el caso de Anne y Summer, el Código Penal estadounidense.
Anne siempre defendió que las cuentas eran comunes porque las contraseñas se las había facilitado la misma Summer, y que si accedió fue solo para comprobar que las finanzas estaban en orden. Llevaban tiempo inmersas en reproches centrados especialmente en el dinero y la custodia de un niño que criaban juntas. El giro de guion ocurrió a los meses de la investigación, cuando el foco cambió de polo. Se trataba de una denuncia falsa.
En 2020 dio inicio la acusación por falso testimonio contra Summer. Dos años más tarde se sumaron más cargos, estos por fraude a través de una inmobiliaria. Summer terminó declarándose culpable de todo y fue sentenciada a mediados de febrero. El juez le ha impuesto una pena de tres meses de prisión federal, dos años de libertad supervisada y el pago de 210.000 dólares en concepto de restitución.
El primer delito investigado en el espacio fue fruto de una disputa entre exparejas, pero con la llegada del turismo espacial, se vaticinan más complejidades legales. Ya ha habido investigaciones sobre ventas ilegales de rocas lunares, basura espacial, daños a satélites o colisiones. Es probable que pronto haya que seguir investigando nuevos tipos de delitos en órbita, a medida que aumenten las misiones privadas y el turismo espacial. El caso de Anne y Summer fue el primero, y el recordatorio de que el derecho tendrá que evolucionar al mismo ritmo que la exploración espacial. Y que los problemas en la Tierra… son los mismos que allá fuera.


