#Mundo:Luto en Beirut: “Esta escalada tiene que parar, Los civiles no son un objetivo pero están pagando el precio una y otra vez” #FVDigital

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En el día de luto nacional en Líbano y en guardia ante nuevos avisos de Israel que anuncian más bombardeos en diferentes barrios de Beirut, Dalal Harb, libanesa de 46 años, recordaba este jueves que el miércoles estaba sentada en la oficina de agencia de la ONU para los refugiados (Acnur) que dirige en Beirut, manteniendo una reunión con su equipo, cuando escucharon los impactos de las bombas de “la mayor oleada de ataques israelíes sobre la capital del Líbano desde el inicio de las hostilidades del 2 de marzo”. Bombas bajo las que perdieron la vida más de 300 personas y otras 1.200 resultaron heridas. 

“Tuvimos que quedarnos en la oficina hasta que se nos dio indicación de que podíamos salir con cierta seguridad. Y luego cuando salimos la carretera estaba bloqueada por el tráfico, porque mucha gente empezó a huir hacia la parte oriental de Beirut o incluso hacia el norte del país”

Un niño pequeño perdió a seis miembros de su familia y a otra familia llegó al hospital  y contó que los bombardeos les pillaron regresando a sus casas en el sur, confiando en el alto el fuego iba a ser respetado

La voz de Harb se quiebra al explicar la intensidad inédita del ataque del Ejército de Israel sobre Beirut —lanzado a las pocas horas del arranque de un esperanzador alto el fuego de la guerra de Irán y sin avisos previos que permitieran la evacuación de civiles—. 

“Fueron cien ataques en diez minutos, en barrios céntricos, densamente poblados. La destrucción es masiva. Hay más de 200 civiles muertos, que serán más porque continúan las labores de rescate y están sacando cuerpos de los escombros”. De hecho, el jueves a última hora de la tarde el Gobierno de Líbano actualizaba el número de muertos a 303 civiles.

Tras esta masacre, que Israel enmarca en la guerra que libra contra la milicia chii de Hezbolá, la población beirutí está inmersa en una sensación de “incertidumbre, miedo y ansiedad” porque nadie se siente seguro ahora en ninguna parte de la ciudad. El Gobierno libanés declaró el jueves luto nacional por lo que cerraron todas las instituciones públicas, escuelas incluidas. “La gente está ansiosa y casi no sale de casa, limitan sus movimientos a lo esencial y eso se nota en la calle, de normal bulliciosa, que se ve sin tráfico ni transeúntes”, describía Harb.

La responsable de Acnur en Líbano clama por un alto el fuego inmediato dado el desbordamiento que vive el país desde hace más de un mes. El número de desplazados internos supera ya el millón de personas, movilizadas desde poblaciones del sur frontera con Israel hacia la capital, principalmente, pero también hacia el norte del país. 

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Esta escalada tiene que parar ahora mismo. ¡Tiene que parar! Los civiles no son el objetivo, pero están pagando el precio una y otra vez. Los civiles deben ser protegidos, eso dice la ley humanitaria internacional”, recordaba Harb.

Christian Trocanis, el encargado de la logística de Médicos Sin Fronteras en Líbano, ha explicado también cómo desde su sede actual y temporal por el conflicto en el centro del país, el miércoles pudo divisar “las plumas de humo acentuándose en varias partes del horizonte” fruto de los ataques israelíes con bombas a localidades del sur del Líbano. 

“Nos impactó muchísimo la magnitud y la escala de los bombardeos”, ha asegurado por teléfono a 20minutos. La gente está traumada, explica, por la cantidad de bajas entre la población civil.

“Un niño pequeño en el sur del Líbano perdió a seis miembros de su familia. Otra familia contó en el hospital que los bombardeos les sorprendieron regresando a su casa, pues confiaban en que el alto el fuego iba a ser respetado, pero Israel se lo saltó”, denunció Trocanis. El portavoz de MSF ha insistido en que “los civiles no deben de ser blanco de las hostilidades de la guerra: ni de esta ni de cualquier otra”.

Sin un horizonte de paz claro en Líbano, a modo de supervivencia Trocanis y el resto del personal de MSF han empezado a dormir con las ventanas ligeramente abiertas. También las abren si se desplazan en auto para evitar que el efecto de la onda expansiva de los bombardeos reviente los vidrios: “Aquí se vive en un miedo constante que además se está perpetuando”, ha lamentado.



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