En un giro que amenaza con desmantelar la arquitectura de seguridad global establecida tras la Segunda Guerra Mundial, la Casa Blanca confirmó que el presidente Donald Trump se encuentra reunido con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, para discutir formalmente la posible salida de Estados Unidos de la Alianza Atlántica.
La portavoz de la presidencia, Karoline Leavitt, despejó cualquier duda durante su comparecencia semanal al afirmar que la retirada “es un asunto que el presidente ha abordado” y un tema central en la agenda del Despacho Oval. Con una retórica inusualmente severa, Leavitt citó textualmente al mandatario para justificar esta evaluación: “Fueron puestos a prueba y fracasaron”.
La visita del jefe de la OTAN a Washington ocurre en un momento delicado, marcado por fuertes críticas de Trump hacia los países aliados, a quienes ha reprochado su falta de apoyo en recientes operaciones militares en Medio Oriente.
Tensiones con aliados marcan la agenda
En las últimas semanas, Trump ha endurecido su discurso contra los miembros de la OTAN, a los que ha calificado de “cobardes” y ha llegado a describir a la alianza como un “tigre de papel”. Estas declaraciones se dan en el contexto de desacuerdos por la participación de los aliados en operaciones relacionadas con el estrecho de Ormuz.
Desde su regreso al poder, Trump ha tensado las relaciones con socios tradicionales, incluidos países europeos y Canadá, lo que ha generado preocupación sobre el futuro de la alianza, que ha sido pilar de la seguridad transatlántica desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.
Además, reportes periodísticos señalan que la administración estadounidense evalúa medidas para reorganizar su presencia militar en Europa, incluyendo el posible traslado de tropas desde países considerados menos comprometidos hacia aquellos que respalden más activamente las operaciones de Washington.
Obstáculos legales y peso estratégico de EE.UU.
A pesar de la retórica, una eventual salida de Estados Unidos de la OTAN enfrentaría importantes barreras legales. La Ley de Autorización de la Defensa Nacional, promulgada en 2024 durante la administración de Joe Biden, establece que el presidente no puede abandonar la alianza de manera unilateral sin consultar al Congreso.
Esta normativa exige notificar con al menos 180 días de anticipación cualquier intención de retiro, así como coordinar con los comités de Relaciones Exteriores del Senado y la Cámara de Representantes.
No obstante, analistas advierten que Trump podría intentar avanzar en esa dirección, lo que abriría un frente legal similar al de otras decisiones ejecutivas que han sido impugnadas en tribunales, incluida su política arancelaria.
La posible salida de Estados Unidos tendría implicaciones profundas para la OTAN. Washington representa aproximadamente el 60% del gasto militar de la alianza y mantiene cerca de 90,000 efectivos desplegados en Europa, distribuidos en decenas de bases estratégicas.
En 2025, el gasto militar estadounidense alcanzó los $980,000 millones de dólares, superando ampliamente la inversión combinada de los aliados europeos y Canadá. Esta diferencia subraya el papel central de Estados Unidos en la estructura de defensa del bloque.
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