«Es cierto que tengo muchos amigos en la política —dice Vito Corleone en ‘El Padrino’ ante las otras familias—, pero dejarían de serlo si supieran que estoy metido en las drogas en lugar del juego, que para ellos es un vicio inofensivo». Corleone … justifica así su rechazo inicial al narcotráfico, argumentando que su red de protección estatal dependía de la percepción social de sus actividades. El juego era tolerable para sus aliados políticos; la heroína suponía un riesgo de ruptura.
Ryan Gingeras conecta esta lógica con la realidad en su obra ‘Mafias’ (Ariel, 2026). El autor sostiene que las organizaciones criminales prosperan mediante delitos sin víctimas directas. Gingeras incluye en esta categoría las apuestas, la prostitución, el contrabando y, a diferencia de Corleone, también el tráfico de drogas. Al no existir «lesionados físicos», la detección de estas actividades es compleja para las autoridades policiales, señala.
El éxito de estas mafias revela los límites de los gobiernos donde surgen. Según el historiador, el crimen organizado constituye un desafío directo a la legitimidad de los regímenes actuales. El libro reconstruye esta evolución desde el siglo XIX hasta la aparición de los cárteles contemporáneos.
—¿Existe un patrón común en las distintas mafias que ha estudiado?
—La mafia refleja historias específicas locales. Pueden compartir rasgos respecto a los delitos que cometen o las fuerzas que las hacen internacionales, pero su desarrollo es individual.
—¿Qué señales de alerta permiten detectar el salto de una banda local a una red transnacional?
—Si se detectan esas señales, ya es demasiado tarde.
—¿Qué prejuicio sobre la mafia ha desmentido su investigación?
—El mayor error es ver a las mafias como una expresión de una cultura nacional. Durante mucho tiempo se creyó que la mafia siciliana era representativa del pueblo de Sicilia. Hoy ocurre lo mismo con los albaneses. Mi trabajo demuestra que la historia y las relaciones sociales son las que moldean a los grupos criminales. Con el tiempo, esa relevancia puede desaparecer. En Estados Unidos, los judíos fueron vistos durante décadas como un pueblo inclinado al crimen organizado por su carácter, algo que hoy ya no se sostiene.
«España se ha visto afectada por mafias exteriores debido a la consolidación de la Unión Europea, la globalización y la prosperidad económica del continente»
—¿Cómo debe interpretarse el caso de Venezuela, donde el Estado actúa en colaboración directa con el crimen?
—En mi libro desarrollo la idea de que las mafias exitosas aprovechan a sus aliados en el Gobierno. No diría que el Ejecutivo de Maduro sea una mafia; es un colaborador de las mafias bajo una relación de beneficio mutuo. El caso de Venezuela es sintomático. Existen gobiernos con la fuerza suficiente para retener cierta legitimidad, pero tan débiles que necesitan a las mafias para sostener la economía y controlar a la población. Históricamente, este fenómeno no se limita al narcotráfico. Los Estados, sin importar su poder, suelen formar alianzas con grupos criminales por diversos motivos.
—¿Podría darme algún ejemplo?
—Los grupos criminales representan la economía, la sociedad o la política de regiones específicas, ya sean barrios, ciudades o estados. Muchos gobiernos aceptan la realidad de que ciertos grupos ejercen un poder de facto. Existen dos ejemplos contemporáneos famosos. Primero, la Chicago Outfit. Esta organización mantuvo lazos estrechos con el Partido Demócrata de la ciudad. No solo usaban el soborno; eran esenciales en las elecciones para movilizar votantes e intimidar enemigos. Además, la Outfit fue vital para la economía local durante la ley seca. El contrabando de alcohol de Al Capone resultó fundamental para el desarrollo de la ciudad. Un segundo ejemplo es Le milieu de Marsella. Durante generaciones, la mafia marsellesa trabajó con el Partido Socialista como ejecutores y aliados electorales. Llegaron a tener conexiones incluso con el Gobierno central en París. Estas alianzas suelen terminar cuando los grupos pierden fuerza. Hoy, tanto la Outfit como la mafia de Marsella son solo una sombra de lo que fueron.
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‘Mafias’
—¿Por qué el concepto de «cártel» terminó sustituyendo al de «mafia» en el imaginario colectivo?
—El término cártel surgió a mediados de la década de 1970. No está claro quién acuñó la idea para definir a los grupos de México y Colombia. En aquella época, ambos términos se usaban indistintamente. Es probable que los investigadores en Estados Unidos o México interpretaran que estos grupos eran distintos al no ser estrictamente jerárquicos. Eran consorcios de traficantes. Vieron una similitud con la OPEP, que es un cártel del petróleo. El embargo petrolero de 1973 popularizó el concepto de cártel bajo esa luz específica. Con el tiempo, esta palabra desplazó al término «mafia».
—¿Daña la legalización de las drogas el modelo de negocio de estas organizaciones o solo las obliga a mutar?
—La prohibición del alcohol creó un mercado inmenso que desapareció en los años treinta. Las mafias estadounidenses ya planeaban su paso a otras industrias antes del fin de la ley seca. La marihuana es un caso interesante. Aunque sea legal, el Estado la controla y le aplica impuestos. Si un productor quiere evitar las tasas o la inspección estatal, recurre al mercado ilícito. La legalización no elimina el incentivo para que una mafia participe en la industria de una forma más discreta.
—¿De qué forma las criptomonedas y las sustancias sintéticas han alterado las reglas del mercado criminal?
—Los cambios en la economía global facilitan el comportamiento criminal. Las drogas sintéticas han alterado el mercado. Ahora el consumidor tiene acceso a una variedad más amplia de sustancias con distintos precios y efectos. Para las mafias, el narcotráfico es ahora una cuestión de elección: deciden en qué parte del mercado especializarse. Las criptomonedas son la evolución de un fenómeno que comenzó en los años ochenta. Las finanzas internacionales permiten transferir dinero por todo el mundo en segundos. Al ser un flujo solo parcialmente regulado, es muy difícil de rastrear. El bitcoin facilita la ocultación de fondos ilícitos.
—¿Refleja el cine a la mafia o es la mafia la que se inspira en la pantalla?
—Es un bucle. Utilizamos la palabra «mafia» libremente porque todos la entendemos gracias a las películas, especialmente por ‘El Padrino’. Es irónico, porque la palabra no aparece en la primera película de la saga. Sin embargo, el público la utilizó para explicar el filme como un reflejo de la mafia estadounidense. A raíz de la película, términos como «padrino» se universalizaron. Antes de la película, los jefes de Marsella usaban otros términos para definirse. Después, empezaron a llamarse padrinos entre ellos. Lo mismo ocurrió en Italia. Actualmente, las mafias reflejan lo que ven en televisión. Pablo Escobar es un ejemplo de esta sinergia. Adoraba ‘El Padrino’ y, según su hermano, imitaba los gestos de Marlon Brando. El concepto de cómo debe actuar un criminal organizado se refuerza a través de la ficción.
—¿Es el cine una apología de las mafias?
—El concepto de mafia es un vehículo eficaz para hablar de historia o cultura. Capta la atención del público. El propósito original de Francis Ford Coppola no era idealizar a la mafia. Él siempre afirmó que ‘El Padrino’ era una crítica al capitalismo y a la política estadounidense. Otras películas, como ‘La tríada de Shanghái’, utilizan a las organizaciones criminales para realizar un análisis crítico de la cultura de un país en un periodo determinado.
—¿Cómo afecta la consolidación del mercado europeo al auge de las mafias en España?
—España y otros países de Europa occidental han experimentado la influencia de las mafias más tarde que otros lugares. Estados Unidos fue el centro del desarrollo de estas organizaciones durante el siglo XX por ser el mercado principal. En Europa occidental, los signos de actividad criminal organizada aparecen a finales de los años setenta con el tráfico de heroína. España se ha visto afectada por mafias exteriores debido a la consolidación de la Unión Europea, la globalización y la prosperidad económica del continente. Europa es ahora un mercado de consumo muy atractivo para productos que antes solo se vendían en Estados Unidos. Esta tendencia continuará creciendo debido a la integración mundial.
—Si pudiera rodar una película como ‘El Padrino’, ¿qué grupo criminal elegiría como protagonista?
—Me fascinan los grupos albaneses porque su historia nunca se ha contado bien. Se podría narrar un relato sobre los albaneses en Europa o en Estados Unidos. Abordaría el papel de los inmigrantes en la sociedad y su relación con la política y la economía europea. Hay vetas muy ricas para explorar en países como Suiza o el Reino Unido.


