La misión internacional de observación electoral para supervisar las próximas elecciones parlamentarias húngaras está a punto de llegar a Budapest. Casi cien observadores de cuatro continentes darán fe de la legitimidad de la votación, aunque una de ellos despierta tensas sospechas entre las filas de … Tisza, el partido del opositor Péter Magyar. Concretamente, la presencia de la rusa Daria Boyárskaya, antigua intérprete personal de Vladímir Putin y actualmente asesora en la Asamblea Parlamentaria de la OSCE (Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa), ha llevado al partido a negarse a asistir a las reuniones previas que deberían celebrarse los días jueves y viernes. Fuentes del Consejo de Europa, que también envía a sus propios observadores a los comicios húngaros, han señalado a ABC su intención de mantener esas reuniones según lo previsto, aunque reconocen que quizá sea necesario llevarlas a cabo por separado y no conjuntamente con los enviados de la OSCE.
Boyarskaya trabajó durante muchos años para el Ministerio de Asuntos Exteriores ruso y su conocimiento del inglés y del ruso le permitió ejercer la labor de intérprete en numerosas reuniones de alto nivel, incluida al menos una entre Putin y Trump. Desde su actual cargo, sería la encargada de verificar la celebración válida de unas elecciones sobre las que pesan preocupaciones acerca de su legitimidad. La oposición de Tisza ha acusado a Orbán y a su alianza Fidesz–KDNP de cometer fraude electoral sistemático, compra de votantes y voto en cadena. Un reciente documental ha denunciado que explota la vulnerabilidad y dependencia económica de hasta 600.000 votantes.
El abogado polaco Jerzy Kwaśniewski, presidente del ‘think tank’ legal Ordo Iuris y también reclutado como observador de la Coalición de la Libertad para unas Elecciones Libres y Justas (LCFFE), reconoce que «la misión se está desplegando en un entorno polarizado sin precedentes».
La OSCE, por su parte, se limita a contestar a ABC que la presencia de Boyárskaya «responde a criterios internos de representación regional y no a una decisión política». Aun así, la controversia amenaza con empañar la misión antes incluso de que comience su trabajo sobre el terreno y cuyo objetivo, según la organización, es «verificar si el proceso electoral de Hungría se lleva a cabo de manera legal, transparente y democrática», incluyendo si los votantes pueden expresar su voluntad política libremente y sin influencias indebidas, y si los resultados finales reflejan esa voluntad.
Narrativa contra las organizaciones internacionales
La presencia de una funcionaria rusa en la misión de observación electoral, en un país de la UE y en plena guerra en Ucrania, tiene implicaciones que van más allá de las fronteras húngaras, porque diplomáticos europeos consultados por este periódico temen que el episodio «alimente la narrativa de desconfianza hacia los organismos multilaterales y ofrezca munición a quienes cuestionan la legitimidad de las instituciones democráticas».
Boyarskaya, aparentemente indiferente a las críticas, ha convocado a representantes de organizaciones de la sociedad civil a una reunión a puerta cerrada en Budapest, para «compartir sus preocupaciones sobre el panorama político húngaro». Ha invitado a la diputada laborista británica Rupa Huq y al diputado armenio Sargis Khandanyan, esperando así sentar las bases de la misión de la OSCE. «Estas reuniones suelen implicar el intercambio de información altamente sensible sobre la presión política, los riesgos de manipulación electoral y las amenazas que enfrentan defensores de derechos humanos y periodistas», ha anotado Márta Pardavi, copresidenta del Comité Húngaro de Helsinki, en una carta enviada a principios de este mes a varios funcionarios de la OSCE. «Independientemente de si Boyarskaya mantiene o no vínculos con organismos oficiales rusos, la percepción de que los intercambios confidenciales podrían ser accedidos por actores externos maliciosos impediría que los activistas de derechos humanos hablaran libremente», ha advertido. Por ello, ha solicitado que la OSCE-AP considere «destituir inmediatamente a la señora Boyarskaya de todas sus tareas relacionadas con la misión de observación electoral en Hungría, y asegurar que la señora Boyarskaya no tenga acceso a información sensible relacionada con las elecciones ni a interlocutores de la sociedad civil en el futuro».


