‘Vivos después de Semana Santa’ – #DeInteres #FVDigital

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⬆️(clic en foto pa’ ver el video)
Altagracia Salazar
‘Las fotos de las llantas del minibús accidentado en Baní no muestran desgaste: muestran abandono criminal. En cualquier país medianamente serio, ese vehículo no habría pasado ni la puerta de inspección; aquí, en cambio, se llena con 27 pasajeros y se manda a la calle como si nada.

Una de las 70 motocicletas involucradas en accidentes mortales —la de Los Cacaos— ni frenos tenía. Pero tampoco papeles, ni control, ni consecuencia. Circulaba, como tantas otras, bajo esa ley no escrita donde todo se permite hasta que alguien muere.
Los vehículos que el río Nizao arrastró en Montenegro estaban, según el alcalde, “demasiado cerca” del cauce. Traducción: estaban exactamente donde no debían, pero nadie hizo nada hasta que el agua decidió poner orden.
Mientras tanto, un ciudadano que se enfrentó a agentes por intentar impedirle circular sin licencia ni seguro recibió aplausos en redes. En este país, cumplir la ley es provocación; violarla, motivo de solidaridad.
El tapón en la recta de Galeón del jueves fue el mismo espectáculo de todos los años en El Número: conductores incapaces de esperar su turno, invadiendo ambos carriles con la disciplina de una estampida. Luego, claro, la culpa es del tránsito.
El “teteo” de Las Terrenas —que ya ni es novedad— ha logrado lo impensable: espantar turistas y golpear a una comunidad que vive de ellos, mientras quienes generan el caos no dejan más que ruido, basura y miedo.
El lunes post-Semana Santa se parece aquí y en cualquier parte: conteo de muertos, heridos y accidentes. Con un toque local: intoxicaciones alcohólicas de menores, porque tampoco en eso nos gusta quedarnos atrás.
Este año, dicen, podría haber menos víctimas mortales, a pesar del millón de vehículos desplazados. No por mejora, sino por estadística… o suerte.
Porque si algo nos define es eso: la fe ciega en la “tática”, en la improvisación, en ese instinto de supervivencia que sustituye leyes, controles y sentido común.
La verdad incómoda es simple: sobrevivimos más por milagro que por sistema. Basta ver la foto del minibús de Las Matas de Farfán para entender que aquí no nos cuida el Estado, sino algo más… o alguien más.
Pero reconocerlo implicaría asumir responsabilidad. Y eso, como siempre, es lo único que realmente evitamos.

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*Noticias República Dominicana



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