#Mundo:de la carga política de Von der Leyen al sosiego de Costa y la indefinición de Kallas #FVDigital

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La convivencia en la Unión Europea es compleja, entre países, entre formas de ver el continente… y entre líderes. Las personalidades importan y la UE se construye desde la manera que se plantean los retos de 27 Estados miembros todos en una. Ahí confluyen la presidenta de la Comisión Europea, la Alta Representante y el presidente del Consejo Europeo. El monopolio de la iniciativa legislativa recae sobre el Ejecutivo comunitario, y el papel exterior como tal en las otras dos figuras. Pero la multicrisis que enfrenta de manera permanente el bloque provoca que haya choques y tiranteces casi constantes.

El poder, el sosiego, la capacidad de poner de acuerdo a las capitales o la inteligencia para entender la agenda de la UE son cualidades que se unen entre quienes tienen que tomar las decisiones -contando también con el Parlamento Europeo, muestra junto al Consejo de la división ideológica que hay ahora mismo en el continente-. Con todo, el bagaje político y la visión de futuro construyen líderes. En Quo vadis Europa, Genaro Talens y Nicolas Levrat insisten en que la UE siempre será un proyecto inacabado, pero la obsesión por dejar una Europa mejor que la de épocas anteriores parece ser denominador común… y ahora resulta más difícil que nunca, quizás.

Bruselas, tres cabezas visibles y tres personalidades. ¿Cómo engrasan Ursula von der Leyen, Kaja Kallas y Antonio Costa?

Fuentes comunitarias explican a 20minutos que la relación por ejemplo entre Von der Leyen y Kallas es tensa y el contacto entre ambas casi nulo, como el de la alemana con varios de sus comisarios -entre ellos la vicepresidenta Teresa Ribera-. Tiene desacuerdos importantes la jefa del Ejecutivo comunitario con su jefa de la diplomacia y se vio por ejemplo en la estrategia seguida respecto a Irán: Von der Leyen enseguida se puso del lado de Estados Unidos asegurando que no había que derramar “ni una sola lágrima” y patinó con un discurso en el que, en cierto modo, vino a aceptar el marco de que el derecho internacional ya no existe como tal. 

Kallas, por su parte, optó por una posición más discreta para buscar unidad entre los 27; en cierto modo lo logró, aunque puso sobre la mesa una misión europea para reabrir el Estrecho de Ormuz que fue rechazada de plano por los Estados miembros. En medio, Costa censuró el duro mensaje de Von der Leyen y pidió que la UE fuera fiel a sus valores, algo que también reclamó la propia Ribera, alegando que el discurso de Von der Leyen era “peligroso” porque daba alas “a los matones”, en referencia a Trump y Putin.

Von der Leyen es la mandamás. Las guerras y la nueva era ideológica en la UE hacen que las cabezas visibles tengan que encajar tres formas diferentes de entender el bloque comunitario y la que tiene la germana es la más directa, recta, dura y en los últimos meses para sus coreligionarios la más “realista”. Ese realismo implica tener que escuchar la verdad aunque duela, y por eso Von der Leyen aboga por una reestructuración casi total de la UE: menos burocracia, más defensa, más industria, menos políticas verdes, más ‘realpolitik’ exterior, poca tensión con Estados Unidos -defiende firmemente la vía alemana, que consiste en preservar casi a toda costa el vínculo transatlántico- y menos remilgos a la hora de entender la agenda por ejemplo de la derecha radical. Además, su círculo de confianza es estrecho y muchas voces en Bruselas la acusan de ser poco transparente.

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Por su parte, Kallas parece que todavía no se ha encontrado en su puesto. El estilo de ordeno y mando de Von der Leyen choca con una ex primera ministra estonia que tiene a Ucrania en el primerísimo puesto de su agenda: domina el contacto con Kiev y entiende sus reclamos, pero se la ha visto menos ágil con Gaza o con Irán (lo que la hace caer en una especie de indefinición). Además, su papel exterior en cuanto a los contactos con Estados Unidos son muy complejos: ha sufrido plantones de su homólogo estadounidense, Marco Rubio, y no ha querido incomodar en ningún momento a los gobiernos nacionales, que son los que en último término tienen la competencia en política exterior. Kallas es una jefa de la diplomacia europea que entiende las dinámicas internas, pero que asoma poco la cabeza para decir “aquí estoy yo”. lo que le ha provocado que se intuyera cierta invasión de sus competencias por parte de la presidenta de la Comisión.

“Todo presidente de la Comisión, si se toma en serio su papel, es acusado de sobrepasar el ámbito de sus competencias. Recuerdo que cuando defendía la presencia de Grecia en la zona euro, fui acusado principalmente por alemanes de que me estaba implicando en un asunto que era competencia de los Estados miembros. Siempre respondí a esas voces que, según el Tratado, la Comisión está a cargo del interés general de la Unión Europea. Esto abre un amplio margen de intervención posible, así que esto no es nada nuevo”, sostuvo sobre este tema el expresidente de la Comisión Europea Jean Claude Juncker en una entrevista con 20minutos.

Costa ejerce un poco de árbitro; es el lado diplomático de la ecuación, muchas veces acusado de cierta timidez: al ex primer ministro portugués le gusta ser resolutivo y ha tenido muy pocas, por no decir ninguna, polémicas desde que está en el cargo. Trata de unir a los líderes en torno a debates densos pero rápidos (las cumbres bajo su tutela duran solo una jornada, cuando en la legislatura pasada se alargaban dos días) y desde el sosiego tiene el favor de gobiernos de distinto color político, aunque por ejemplo se le atascó el acuerdo sobre el uso de los activos rusos congelados para ayudar a Ucrania y sigue vivo el bloqueo de Hungría a los 90.000 millones de préstamo comunitario para Kiev. En todo caso, el poco ruido de Costa contrasta con la dinámica en la que viven Von der Leyen y Kallas.

No son tiempos sencillos para la UE y eso se nota en quien la lidera. En Von der Leyen, Kallas y Costa se ven tres personalidades que no siempre empastan bien: las lagunas en los contactos entre los tres tienen consecuencias negativas para la credibilidad de la Unión, pero al final el funcionamiento es como el de la vida misma. Nada es lineal y nada es perfecto cuando se trata de ir superando obstáculos, tomando decisiones trascendentales y encarando crisis constantes.



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