#Mundo:La crisis de los inodoros #FVDigital

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La América de Trump tiene un insólito talón de Aquiles: el sistema más básico de saneamiento. Hay dos noticias que nos han llegado estos días y que apuntan hacia una verdadera crisis de los excusados. En la nave Orion, la que despegó el pasado miércoles con la misión de orbitar la Luna, la gran novedad tecnológica era el inodoro. Por primera vez en la historia aeroespacial los astronautas podrían prescindir de las tradicionales y engorrosas bolsas para hacer sus necesidades fisiológicas, pero algo falló en esa innovadora aportación a la Ciencia y han tenido serios problemas para poder pulsar la cisterna como lo hacemos a diario los que nos hemos quedado en la Tierra y nos conformamos con ver la Luna de lejos. Sin embargo, esa avería no ha debido de ser nada en comparación con las que ha presentado en sus más de 600 inodoros el portaviones nuclear Gerald Ford, que es el más caro en la historia de los Estados Uni,dos y el más avanzado del planeta.

Se habla de atascos gigantescos en una red de tuberías que alcanza los 400 kilómetros; de desbordamientos torrenciales en sus pasillos de aguas fecales; de colas interminables frente a los váteres y de infecciones urinarias e insalubres olores que sufre una tripulación de más de 4.000 miembros para los que ese sistema de fontanería castrense no estaba suficientemente preparado. Y se habla también del reguero de excrementos que ese buque de guerra ha ido dejando por todas las aguas del globo terrestre, por el Caribe, por el Mediterráneo, por el Mar Rojo hasta volverlo ocre… Uno se acuerda de que la operación militar contra Irán se llamó rimbombantemente ‘Furia Épica’ y piensa que, a la luz de los hechos, quizá debería rebautizarse como ‘Guerra Sucia’ directamente.

La verdad es que el asunto invita a una reflexión sobre la arrogancia humana y sobre las paradojas del poder, del culto a la tecnología y de la idolatría del progreso. Pertenecemos a una especie muy particular, capaz de dominar la física nuclear y de olvidarse a la vez de la fisiología intestinal. A ese tipo de contrastes exactamente se refería el escritor y filósofo Arthur Koestler cuando expresaba su habitual decepción ante las películas de ciencia-ficción, porque en ellas veía siempre a unos sujetos ataviados con las más futuristas escafandras, pero hablando con un acento propio de cualquier granjero de Texas.

La crisis de los inodoros, sí, es una lección de humildad y una lección ya vieja, repetitiva, redundante. Lo que les ha pasado a los tripulantes de la Orion y del Gerald Ford ya les pasó a los del portaviones George H.W. Bush hace 15 años. Las mismas colas de ahora se formaron entonces, las mismas infecciones urinarias, el mismo reguero excrementicio por las marítimas y oceánicas aguas, el mismo caos, las mismas miles de horas perdidas, el mismo desembolso millonario para reparar el alcantarillado… En aquella ocasión, las reparaciones se realizaron durante la misma travesía por el mar de Omán. 

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En ésta han sido más aparatosas, primero en el puerto croata de Split y después en la bahía griega de Souda. Otra paradoja que nos trae todo este negro asunto reside en cómo Japón ha avanzado en las cuestiones de saneamiento. Aunque perdieron la Segunda Guerra Mundial, el inodoro japonés hoy le moja la oreja a la América de Trump: se trata de un artefacto sanitario que cuenta con un cómodo sistema de irrigación que convierte la clásica taza en un trono en su sentido más literal y que te deja el trasero como los chorros del oro.

Sí. Junto a la sofisticación más elevada, surge indefectiblemente el elemento grotesco, soez, chusco. Surge la flatulencia recordándonos que somos mortales. Aunque, dado el olor que algunos despiden tan frecuente e insistentemente, diríase que son más mortales que otros



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