#Mundo:¿por qué el mundo ha entrado en una espiral de guerras? #FVDigital

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El mundo ha vuelto a una espiral de guerras, si es que alguna vez salió de ella… pero los motivos de los conflictos son varios: desde los recursos energéticos hasta una cuestión de esferas de influencia, pasando por cambios de régimen o luchas contra el terrorismo, así como ‘avisos’ de armas de destrucción masiva o desarrollo de capacidades nucleares. Irak, Georgia, Afganistán, Gaza, Ucrania o Irán son ejemplos de guerras que han envuelto al planeta no solo en cuestiones bélicas… sino también en la llamada época de la policrisis.

En realidad, ¿qué hay detrás de todos estos conflictos? Valen varios ejemplos más o menos recientes.

Irán es la guerra que marca la actualidad. En este sentido EEUU e Israel lanzaron la ofensiva quizá con tres objetivos: el acceso al petróleo, un cambio de régimen y, sobre todo en el caso de Tel Aviv, una lucha contra el terrorismo. Descabezaron a Teherán con la muerte del ayatolá Ali Jamenei, pero ha heredado el poder su hijo, Mujtaba Jamenei, más extremista y con mejores contactos en la Guardia Revolucionaria. De hecho, da la sensación de que el régimen se está reestructurando y no cede a un acuerdo con EEUU: Washington dice que ya ha cumplido sus objetivos y reclama un pacto o de lo contrario “destruirá” todo el país.

Daniel Bashandeh, analista iraní, comenta a 20minutos que el trasfondo de la guerra es estratégico. “Al final, Trump busca dificultar el crecimiento económico de China. Por eso empezó con Venezuela y posteriormente, Irán, con el foco puesto en Ormuz. El primero era menos arriesgado, por eso llevo la operación primero. El segundo era más incierto. De todas formas, todo forma parte de una estrategia para intentar debilitar a China, que ha demostrado que no va a ceder frente a EEUU. China depende más del suministro energético Oriente Medio que EEUU. Trump intenta presionar a Xi para tener unas negociaciones”, resume.

Y es que la clave pasa por el estrecho de Ormuz, por donde transitaba el 20% del petróleo mundial. La parálisis de esta vía tras los ataques en Irán ha catapultado el barril de Brent hasta los 115 dólares y ha disparado el precio del gas europeo en un 70%, sumiendo a la economía en una incertidumbre geopolítica total. Las guerras no van solo de choques bélicos, también de consecuencias económicas o sociales.

Y los objetivos no son los mismos dependiendo de a quién preguntes. “Hay que diferenciar lo que ve EEUU en el régimen que son tres cosas: que Irán no tenga el arma nuclear, que no desarrolle más su capacidad militar y que no exporte el terrorismo de Hezbolá. Pero el problema del pueblo iraní con este régimen es diferente. El problema del pueblo iraní con este régimen es la represión, la falta de democracia, la falta soberanía popular, y la falta de una república democrática”, explicó en una entrevista con este medio Mohammad Mohaddessin, presidente del Comité de Asuntos Exteriores del Consejo Nacional de la Resistencia de Irán (CNRI).

“Estas son las cuestiones que queremos como pueblo iraní. La clave está en que lo que quiere lograr Estados Unidos solo lo podrá lograr con un Irán democrático“, añadió, para lo que la oposición iraní ya ha presentado una alternativa “para el día después” de la caída del régimen. “No, no necesitamos dinero, no necesitamos armas, no necesitamos tropas en el terreno. Tenemos nuestros soldados, el pueblo iraní, todos están listos para luchar contra este régimen. El pueblo iraní está financiando a la oposición y nuestro movimiento, así que lo que necesitamos es que los países occidentales, la UE, España, Francia, Estados Unidos, Reino Unido y los demás reconozcan el derecho del pueblo iraní a cambiar el régimen”, sentenció.

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También sigue en el foco la invasión rusa de Ucrania -que en cierto modo se remonta al 2014-. La ímpetu del Kremlin sobre Kiev empezó con la invasión ilegal de Crimea y la posterior anexión hace ya doce años: Moscú plantea una lógica imperialista que pasa por recuperar, a través de una esfera de influencia, algo similar a lo que fue la URSS. Putin quiso un cambio de régimen en Ucrania, o mejor dicho imponer un Gobierno títere como el que tiene en Bielorrusia con Alexandr Lukashenko y en cierto modo también en el Cáucaso. Pensaba conquistar la capital ucraniana en solo 72 horas… y la guerra ya ha sobrepasado su cuarto aniversario con Ucrania más cerca de la UE que nunca y con la OTAN, la UE y EEUU -aunque ahora mucho menos- sosteniendo al Ejecutivo de Volodimir Zelenski.

De hecho, las guerras están entrelazadas. “Lo que está ocurriendo en Irán y lo que está ocurriendo en Ucrania están relacionados. Rusia intensifica la tensión aquí mientras presta su apoyo allí. A corto plazo, debilitar a Irán podría, paradójicamente, beneficiar a Rusia -por ejemplo, a través de unos precios del petróleo más altos que aumenten sus ingresos-, lo que va en detrimento de Ucrania. Pero a largo plazo, debilitar a Irán también debilita a Rusia. Francamente, creo que Vladimir Putin es consciente de que él podría ser el siguiente si Estados Unidos sale victorioso frente a Irán”, sostiene Tymofiy Mylovanov, exministro de Economía de Ucrania y actual presidente de la Kyiv School of Economics.

Gaza es otro ejemplo. Los ataques de Hamás sobre Israel el 7 de octubre de 2023 dieron inicio a dos años de conflicto que no fue más que un pico en una guerra histórica; un capítulo en uno de los choques más enquistados de la historia de la humanidad. Tel Aviv, con el pretexto de la lucha contra el terrorismo, ha sido acusada por muchas voces de intento de genocidio sobre la población palestina y ha recibido por ejemplo la condena de las Naciones Unidas en reiteradas ocasiones. El alto el fuego -o paz frágil- llegó con un acuerdo apadrinado por Estados Unidos, con diferentes fases, que los más críticos consideran que no se va a cumplir.

Más atrás en el tiempo encontramos la guerra de Irak. Esa invasión del año 2003 estuvo marcada, sobre todo, por los objetivos estratégicos de George W. Bush de reforzar la seguridad nacional tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 y consolidar la influencia de Estados Unidos en Oriente Medio. La Administración Bush -a la que se sumaron por ejemplo el Reino Unido y España- justificó la intervención alegando que el régimen de Saddam Hussein poseía armas de destrucción masiva y mantenía vínculos con el terrorismo, aunque estos argumentos resultaron controvertidos. Más allá de esas razones públicas, la invasión también respondió a la intención de rediseñar el equilibrio regional, asegurar intereses geopolíticos y energéticos, y demostrar la capacidad estadounidense de actuar de forma preventiva frente a amenazas percibidas.

Afganistán también ha marcado el pasado de Estados Unidos y de Europa, en un contexto hilado directamente con Irak. La retirada de Washington y de los países de la OTAN en 2021 con la vuelta de los talibanes al poder en el país fue la culminación de dos décadas de ofensiva. Esa salida, en realidad, también reflejó un cambio de prioridades hacia otros desafíos globales, aceptando el riesgo de que Afganistán volviera a quedar bajo control talibán mientras los europeos en cierto modo empezaron a entender -sobre todo bajo el caos de la retirada- que no podía depender en todo momento de los movimientos estratégicos de la Casa Blanca, entonces bajo la Administración Biden.

Vladimir Putin tuvo por ejemplo maniobras similares en Georgia en el año 2008. Igual que con Ucrania el presidente quiso reafirmar la influencia de Rusia en el espacio postsoviético y frenar la expansión de OTAN hacia sus fronteras. Ante el acercamiento de Georgia a Occidente y su posible ingreso en la OTAN, Moscú utilizó las tensiones en regiones separatistas como Osetia del Sur como pretexto para intervenir militarmente, buscando no solo proteger a poblaciones prorrusas sino también enviar un mensaje claro: Rusia estaba dispuesta a emplear la fuerza para mantener su esfera de influencia y evitar que antiguos territorios soviéticos se alinearan con los socios occidentales.



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