En plena guerra de Irán, el secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, ha destituido al general Randy George, jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra (Cuerpo de Infantería) y máximo uniformado de ese cuerpo. No se trata de una salida por … relevo natural ni por final de mandato. George ocupaba el puesto desde agosto de 2023 y debía seguir hasta el otoño de 2027. Su caída llega, por tanto, en mitad de una operación militar abierta y en uno de los momentos más sensibles para la cadena de mando del Pentágono.
El movimiento tiene además un componente político claro. Hegseth no ha dado explicaciones de fondo sobre la decisión, pero el relevo encaja en una pauta ya conocida dentro del Departamento de Defensa: apartar a mandos de peso y sustituirlos por perfiles más próximos a su círculo. La destitución de George no es un episodio aislado, sino una pieza más de una reorganización acelerada del mando militar en plena guerra.
Desde su llegada al Pentágono, Hegseth ha impulsado una cadena de purgas en la cúpula militar. Entre los altos mandos apartados o reemplazados figuran el entonces jefe del Estado Mayor Conjunto, Charles Q. Brown, la jefa de Operaciones Navales, Lisa Franchetti, y otros responsables de primer nivel. La agencia Associated Press sitúa ya en más de una docena los altos cargos militares cesados o relevados desde que asumió el puesto.
Dentro del propio Ejército de Tierra ya había movido ficha antes de ir contra George. El antecedente más inmediato fue la salida anticipada del general James Mingus como número dos del Army. En su lugar entró el general Christopher LaNeve, un oficial muy cercano a Hegseth que había trabajado con él en el Pentágono. Primero cayó el segundo escalón y ahora el primero.
LaNeve es ahora el nombre que más suena para sustituir a George. Fue nombrado vicejefe del Estado Mayor del Ejército en febrero, después de haber servido como principal asistente militar de Hegseth. Es decir, no solo es un general con experiencia operativa, sino un hombre de absoluta proximidad al secretario. Eso refuerza la idea de que Hegseth está reconstruyendo la cúpula militar con oficiales de su confianza directa.
Otra salida significativa fue la de la teniente general Jennifer Short, apartada de forma abrupta como principal asistente militar del secretario de Defensa. Tras su caída, ese puesto pasó precisamente a LaNeve, que más tarde dio el salto al segundo cargo del Ejército. También en febrero salió el coronel David Butler, responsable de asuntos públicos del Army y asesor tanto del secretario del Ejército como del propio George. La impresión en Washington es que Hegseth ha ido desmontando el aparato heredado para levantar otro nuevo, más disciplinado políticamente y más alineado con su visión.
Hegseth no llegó al cargo como un secretario convencional. Antes de entrar en el Gobierno fue oficial de la Guardia Nacional y estuvo desplegado en Irak, Afganistán y Guantánamo. Después dio el salto a la cadena Fox News, donde construyó una figura política muy ligada a Donald Trump y a un discurso de choque contra el estamento militar tradicional, al que acusaba de burocrático, ideologizado y alejado del espíritu de combate. Esa mezcla de soldado, comentarista y aliado político del trumpismo ha marcado su forma de ejercer el cargo.
Su nombramiento ya fue muy controvertido desde el principio. En el Senado afrontó una confirmación áspera por su falta de experiencia en la gestión de una estructura del tamaño del Pentágono, por acusaciones sobre su conducta personal, por denuncias sobre consumo excesivo de alcohol y por sus posiciones sobre las mujeres en combate. Salió adelante por un margen muy estrecho, tras una de las confirmaciones más discutidas de la segunda Administración Trump.
Esa forma de entender el poder se ha vuelto a ver esta misma semana. Hegseth intervino para exonerar a varios pilotos del Army implicados en un incidente con helicópteros Apache que volaron cerca de la casa del músico Kid Rock, aliado de Trump, en Nashville. Los mandos habían abierto una revisión administrativa y los tripulantes habían sido suspendidos temporalmente, pero Hegseth anunció que no habría castigo. La decisión provocó críticas por el uso de medios militares en un contexto políticamente sensible y por la señal que envía sobre la neutralidad de las Fuerzas Armadas.
La caída de Randy George no parece solo una decisión tomada por las exigencias de la guerra con Irán, sobre todo porque son la Armada y la Fuerza Aérea las ramas militares más implicadas en él. Parece más bien el último paso, por ahora, de una operación de control político del Pentágono. Hegseth está concentrando poder, retirando a generales del viejo equilibrio interno y colocando a mandos que le deben, finalmente, el ascenso.


