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El problema de Donald Trump no es solo España, sino toda la OTAN. “Tenemos a países como España, un miembro de la OTAN al que nos hemos comprometido a proteger y que nos niega el uso de su espacio aéreo y presume de ello, que nos niega el uso de sus bases”, sostuvo este lunes el secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, después de que el Gobierno español negase el uso del espacio aéreo nacional para maniobras de guerra, un paso más a la negativa de que usara Washington las bases de Rota y Morón, que son parte de la Alianza.
Y es que el foco está en la organización como tal: Rubio, de hecho, ha asegurado que no necesita la ayuda de sus aliados frente a Irán y avisa de que va a reenfocar la relación con la organización después de la guerra. “No les necesitamos”, ha insistido la Administración Trump durante las últimas semanas. Rubio recordó de hecho el despliegue de EEUU en Europa “para proteger” al continente sin nada a cambio. “Si mañana decidiéramos retirar nuestras tropas de Europa, sería el fin de la OTAN”, espetó el jefe de la diplomacia estadounidense. “Ellos lo saben y ese compromiso… No hemos sacado a nuestras tropas de Europa”.
Y es que los aliados han dado la espalda a Trump en su ofensiva contra Irán. Europa ha encontrado la unidad en torno al reclamos de la diplomacia: “No es nuestra guerra”, incidieron, al tiempo que países como Alemania, Francia o Italia, así como Canadá, han empezado a dejar claro que la guerra es contraria al derecho internacional. Es más, el canciller germano, Friedrich Merz, que empezó defendiendo el papel de Estados Unidos ya dijo esta misma semana que no tiene claro “el objetivo” del conflicto. Asimismo, reconoció que desde Berlín están intentando influir en el papel de Israel, “pero con éxito limitado”, lamentó.
Mark Rutte, el secretario general de la Alianza, es casi el único defensor del magnate convertido en presidente. El neerlandés ha asegurado que el presidente de Estados Unidos está frustrado con los aliados de Europa que no le acompañan en su ofensiva contra Irán. “Lo que he observado es cierta frustración por su parte con los europeos por tardar en reaccionar a sus peticiones cuando se trata de garantizar que las rutas marítimas permanezcan abiertas”, sostuvo.
“Estados Unidos no pudo consultar con sus aliados para mantener en secreto la operación y, de nuevo por buenas razones, era necesario asegurarse de que nadie supiera lo que iba a ocurrir aquella mañana de sábado. Siempre existe el riesgo de que, si informas a demasiada gente, algo pueda filtrarse”, defendió el también ex primer ministro de Países Bajos, que reivindicó que gracias “al liderazgo” de varios países europeos ahora hay en marcha una observación para ver cómo se puede reactivar toda la actividad en el Estrecho de Ormuz. A esa iniciativa, impulsada en el marco del G7, se ha unido también Bélgica, pero no va de la mano de lo que quiere hacer Estados Unidos… que valora una incursión terrestre.
Fuentes diplomáticas de algunos países explican a 20minutos que la posición europea está clara y que no habrá implicación directa en la guerra. Además, repiten que la ‘doctrina Groenlandia’ es la que funciona: Europa tiene que ser firme frente a los órdagos de Trump, que respecto a la OTAN ya se acumulan. Los europeos siguen considerando a EEUU un “aliado” pero al mismo tiempo marcan distancias con las decisiones de Washington.
Los datos, además, hablan por sí solos: EEUU aporta cada vez menos a la OTAN. En medio de esas tensiones en el último año España ha aumentado su inversión en defensa en un 44,5%, pasando de 19.828 millones de euros en 2024 a 28.660 millones de euros en 2025. No obstante, el porcentaje del PIB se ha estancado en el 2% y el país comparte zona baja de la tabla con Portugal, Albania, Canadá y Bélgica. Por otro lado, Polonia, Lituania y Letonia son quienes más invierten y solo los polacos se encuentran por encima del 4%. Es decir, el peso defensivo de Occidente está recayendo sobre todo en los países Bálticos, que además son quienes más se acercan a la nueva meta del 5% pactada precisamente el año pasado en la cumbre de La Haya.
Precisamente el caso de EEUU es paradigmático porque la presión de Trump a los demás no se aplica a Washington: ha reducido la inversión en defensa en el último año, situándose en un 3,19% y siendo el único miembro de la Alianza que ha bajado la cifra (la aportación total a la organización ha pasado del 64% al 60%). Esto se da un momento de máxima tensión de Trump con la propia OTAN, a la que ha augurado “un muy mal futuro” porque los países no le han apoyado en su ofensiva sobre Irán.
No es una cuestión de España; Estados Unidos quiere desentenderse de todo el continente, y eso para algunos analistas es una buena noticia para la UE. En el contexto actual, la Unión Europea acelera planes para crear un pilar europeo dentro de la Alianza mediante proyectos industriales comunes como el Escudo Aéreo Europeo, la defensa de drones y la protección espacial. Sin embargo, el esfuerzo financiero necesario es masivo: reemplazar la contribución convencional de Washington tendría un coste estimado de aproximadamente 940.000 millones de euros en un ciclo de 25 años.
Mientras, planes como ReArm Europe buscan movilizar hasta 800.000 millones de euros para fortalecer la base industrial de defensa. Más allá del dinero, el éxito de esta transformación enfrenta obstáculos como la fragmentación de intereses nacionales y la carencia de estructuras de mando y control independientes, lo que obliga a Europa a una “revolución mental” para evitar una posición de vulnerabilidad extrema frente a potencias externas
A Trump no le gusta la OTAN y le gusta todavía menos que los teóricos aliados no le hagan caso. En 2025, el presidente estadounidense ya endureció su discurso sobre la OTAN al afirmar que “si no pagan, no voy a defenderlos”, buscando un aumento de gasto en defensa por parte de los aliados y cuestionando el principio de defensa colectiva y condicionando el apoyo de Estados Unidos. Ya este año elevó aún más el tono al declarar que “no tenemos que estar ahí para la OTAN”, sugiriendo una posible retirada del compromiso histórico de Washington; ese rechazo se ha agudizado con la guerra en Irán.
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