#Mundo:un acuerdo, una incursión terrestre o cesión de la iniciativa a Netanyahu #FVDigital

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La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán se ha convertido en un tira y afloja y este lunes el tono ha vuelto a elevarse, con una amenaza de Donald Trump a Teherán si no firma rápido un pacto y reabre el Estrecho de Ormuz, enclave decisivo en el conflicto. “Si por alguna razón no se llega a un acuerdo pronto, lo cual es probable, y si el estrecho de Ormuz no se abre inmediatamente, concluiremos nuestra querida ‘estancia’ en Irán destruyendo por completo todas sus centrales eléctricas, pozos petrolíferos y la isla de Jark”, avisó el presidente estadounidense. Mientras, el Gobierno iraní no cede y “seguirá utilizando todas sus fuerzas para castigar severamente a los agresores”, según su ministro de Defensa. 

Irán, en general, niega unas negociaciones que Washington dice abiertas y el Financial Times recoge que lo que quiere Trump es “hacerse con el control del petróleo iraní”. Esa idea de la Casa Blanca se une a la tesis de Marco Rubio; el secretario de Estado aseguró este lunes que el país conseguirá sus objetivos “en semanas” y que Estados Unidos no permitirá que Irán establezca un peaje al tránsito de buques en el paso de Ormuz

Llegados a este punto, ¿cuáles son los escenarios que maneja Donald Trump en el marco de la guerra en Irán?

Daniel Bashandeh, analista iraní, explica a 20minutos que Trump busca reducir el conflicto al bloqueo de Ormuz. “La estrategia pasaría para lograr un desbloqueo. Está creando un contexto para centrar la atención en el bloqueo e intentar reducir la guerra a una gestión de crisis“, y por eso considera que el presidente estadounidense “no puede vender solo éxito militar, necesita vender posesión y eso pasa por intentar lograr un control de Ormuz”. Por eso Bashandeh apunta que es más probable “un alto el fuego” centrado en el Estrecho que un pacto para poner fin a las hostilidades.

El primero de los escenarios, por tanto, es un acuerdo o un alto el fuego. Washington dice que “está cerca” porque Trump reconoce “conversaciones serias” con un “nuevo régimen”, pero Teherán asegura que se trata de una tapadera de la Casa Blanca para seguir con la guerra. Mientras, Pakistán ha confirmado que habrá conversaciones “en los próximos días” entre las partes para tratar de buscar un pacto que la Casa Blanca lleva ‘anunciando’ desde hace días y que Irán niega. De hecho, la República Islámica asegura que no hay vía diplomática abierta. En esos vaivenes está la situación. “Pakistán se siente honrado de acoger y facilitar en los próximos días conversaciones significativas entre las dos partes para un acuerdo integral y duradero del conflicto actual”, expuso por su parte el viceprimer ministro y ministro de Exteriores paquistaní, Ishaq Dar.

“La mediación de Pakistán va encaminada al desbloqueo de Ormuz ya que no se están abordando, al menos por ahora, los intereses de seguridad de la República Islámica. Está por ver qué papel tomarán los demás países con esta mediación iniciada y con un Irán más debilitado militarmente. Washington parece considerar que todavía tiene margen de presión para debilitar a Irán por eso eleva la apuesta”, expone Bashandeh en el contexto actual.

Ese conato de pacto empezó con un texto de 15 puntos enviado por Trump a los iraníes, que estos rechazaron. Teherán devolvió cinco exigencias pero EEUU no aceptó, y la rueda siguió girando. Ahora el presidente estadounidense avisa de que ya está “trabajando” para reabrir precisamente el estrecho de Ormuz y que Irán ha tenido un gesto “de buena voluntad” dejando pasar una veintena de buques por la zona. “Creo que quieren un acuerdo. Están suplicando. Cualquier que esté siendo destruido querría un acuerdo, ¿verdad?”, llegó a decir con sorna el inquilino de la Casa Blanca, que mantiene su prórroga en la suspensión de los ataques sobre infraestructura energética hasta el próximo 6 de abril.

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“El acuerdo es difícil ya que en Iran no hay autoridad que pueda firmar un acuerdo en este momento. No hay equilibrio de poder. La estrategia sigue siendo militar y de desgaste. Washington espera que la presión haga más vulnerable a Irán como en otras ocasiones y al ver la supervivencia del régimen en peligro, ceder”, termina Bashandeh.

El segundo pasa por una incursión terrestre: es decir, poner soldados sobre el terreno. Esta idea, respaldada en todo momento por ejemplo con Israel, sigue dejando dudas en la cabeza de Trump. EEUU ha decidido enviar a 10.000 soldados más al Golfo Pérsico y está movilizando las mejores unidades, con la vista puesta en Ormuz. De hecho, miembros de los Navy Seal, Delta Force, Rangers y una brigada completa de paracaidistas llegan a las bases de la región y ya están preparando su despliegue, que según medios estadounidenses se encuentra solo a falta del visto bueno del Pentágono. Desde Washington ven esto como una medida de presión para que Teherán acepte el acuerdo… o de lo contrario “desatar el infierno”, según palabras de la propia Casa Blanca.

En este sentido, según The Wall Street Journal, el presidente baraja una incursión militar en Irán para requisar casi media tonelada de uranio enriquecido, pero los riesgos son muy altos y no hay una decisión tomada. Según los datos, en esa nueva movilización destacan por ejemplo 2.000 efectivos de 82ª División Aerotransportada de paracaidistas, histórica por su participación en el desembarco de Normandía en 1944: tal es su eficiencia que están preparados para actuar en cualquier parte del mundo en un margen de solamente 48 horas. Además, Estados Unidos también tiene preparadas dos unidades de ataque anfibio, según han ido explicando diferentes medios a lo largo de estos días.

El almirante retirado de la Armada, Juan Rodríguez Garat, entiende que una invasión como tal tiene dos vertientes. “Hablando de viabilidad y no de política, solo puede hacerse en las islas del golfo Pérsico. Para ir más allá, tendría que desplegar al menos veinte veces lo que tiene previsto, y se tardarían varios meses en prepararlo”, comenta sobre esas ‘botas’ sobre el terreno en Irán. Pero hay otro matiz: “Hablando de política, el problema estaría en ocupar una isla y que Irán no se dé por aludido”, argumenta, con una estrategia parecida por ejemplo a la ocupación que ha ejecutado Rusia en distintas zonas de su esfera de influencia.

El tercero de los escenarios, por otro lado, tiene que ver con ceder toda la iniciativa del conflicto a Israel. Los objetivos de Benjamin Netanyahu, según los expertos, son otros y Tel Aviv insiste en que las hostilidades están en su punto más alto no solo en Irán, sino también en el Líbano. Además, Bashandeh asume que si Trump ‘se retira’ de la guerra de alguna forma será Israel quien siga con ella: el foco, dice Netanyahu, está en derrotar a Hezbolá, pero para el analista todo es parte de “la misma estrategia” que sigue el Gobierno israelí desde los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023. Es decir, la guerra no es de Trump contra Irán, sino de Netanyahu en Oriente Próximo, y ambos, insisten los expertos, encaran la ofensiva de manera diferente.

Nadie sabe lo que durará la guerra, ni siquiera el propio Trump. EEUU alterna amenazas y alertas de diálogo que Irán no recoge mientras Israel mira el conflicto desde otra escala y Europa apela a la diplomacia. La Semana Santa no parece que vaya a suponer un parón en las hostilidades y Washington reconoce que mientras no haya pacto seguirán los ataques y Teherán no parece tampoco dispuesto a hacer funcionar la vía de las palabras.



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