La Casa Blanca minimizó este lunes el cierre del espacio aéreo español a los aviones de Estados Unidos implicados en la guerra contra Irán y dejó claro a ABC que no considera necesaria ninguna ayuda de Madrid para seguir adelante con la operación militar.
«Las Fuerzas Armadas de Estados Unidos están cumpliendo o superando todos sus objetivos en el marco de la Operación Furia Épica y no necesitan ayuda de España ni de nadie más», dice a ABC un alto cargo de la Casa Blanca, en respuesta a una petición de comentario sobre la decisión anunciada por el Gobierno de Pedro Sánchez.
Es un mensaje político directo a La Moncloa. La Administración Trump evita así presentar el movimiento español como un obstáculo serio sobre el terreno, y minimiza el contratiempo, pero al mismo tiempo retrata a España como un aliado irrelevante en un momento de máxima tensión militar en Oriente Próximo.
La respuesta, además, llega después de que Madrid diera un paso más en su pulso con Washington: primero negó el uso de las bases de Rota y Morón para operaciones ligadas a Irán y ahora ha cerrado también su espacio aéreo a vuelos estadounidenses relacionados con esa misión.
El comentario trasladado a ABC rebaja el valor estratégico inmediato de la decisión española y convierte el gesto de Sánchez en una confrontación más política que militar. De hecho, al ser preguntado, un portavoz del Pentágono ha remitido este lunes a ABC a la Casa Blanca. La presidencia norteamericana viene a decir que la operación sigue adelante, que sus objetivos se cumplen y que España ha decidido apartarse sin alterar el curso de los acontecimientos.
La decisión de Sánchez, confirmada por la ministra de Defensa, Margarita Robles, ha desatado duras críticas en Washington. Entre las voces afines a Trump, Katie Miller, esposa de Stephen Miller y próxima al entorno de la Casa Blanca, lo resumió así: «España abrió sus fronteras a todos los inmigrantes ilegales, pero se las cerró a Estados Unidos».
Ese tono encaja con la escalada de las últimas semanas. Trump ya había respaldado públicamente la idea de revisar la presencia militar estadounidense en España después del veto a Rota y Morón. También había cargado contra aliados europeos por no implicarse en la reapertura del estrecho de Ormuz y por exigir protección sin asumir costes.
Para Sánchez, la decisión refuerza su imagen exterior como uno de los pocos líderes europeos que se enfrenta abiertamente a Trump en plena guerra con Irán. Sus críticas y su oposición al conflicto han encontrado eco en medios estadounidenses y entre figuras destacadas del Partido Demócrata. Uno de ellos ha sido Ben Rhodes, veterano de la Administración Obama, que escribió recientemente en la red social X: «Pedro Sánchez ha demostrado una y otra vez cómo se ejerce el liderazgo en esta etapa. Otros líderes mundiales deberían tomar nota».
Para Trump, la réplica de su equipo permite sostener que ni la campaña militar ni sus planes dependen de unos socios europeos que, a su juicio, no están dispuestos a acompañar a EE.UU. cuando más lo necesita. El presidente ya ha advertido a la OTAN de duras consecuencias por su negativa a brindar ese apoyo.
Sánchez se niega desde el año pasado a asumir el objetivo del 5% del PIB en defensa que impulsa la OTAN y defiende que para España basta con alrededor del 2,1%. Sostiene que llegar al 5% sería «desproporcionado» y dañaría el gasto social, mientras Washington lo ha convertido en una de sus principales líneas de choque con Madrid.
Trump ya ha elevado antes la presión sobre España con varias amenazas encadenadas: primero amagó con cortar todo el comercio bilateral, después habló de represalias arancelarias y, en paralelo, dejó caer incluso la idea de expulsar a España de la OTAN o de revisar su lugar en la Alianza.
Asimismo, este lunes el senador republicano Lindsey Graham, que está en la mayoría en la Cámara, ha trasladado a ABC que está dispuesto a impulsar medidas punitivas contra Madrid por lo que considera «una indignidad», abriendo la puerta a represalias económicas en paralelo a la presión militar ya en marcha.
Graham no se limita a las sanciones. Reitera además su recomendación a la Casa Blanca de cerrar las bases en España y trasladar esos activos a países aliados «que sí permitan utilizarlos» en operaciones para «proteger a Estados Unidos y al mundo». La advertencia conecta directamente con el pulso abierto tras la negativa de Sánchez a autorizar el uso de Rota y Morón en la misión sobre Irán y se ve ahora agravada por este cierre del espacio aéreo.


