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Cuando Jose Antonio Gurpegui (Navarra, 1958) comenzó a escribir su libro, en los primeros suspiros del verano de 2025, “tenía claro que algo trascendente iba a ocurrir en el mundo, pero no sabía dónde”. Trumpismo y reconfiguración global: el tortuoso camino hacia el nuevo orden mundial es casi una premonición de todos los conflictos que han puesto la geopolítica patas arriba, desde la masacre de Gaza hasta la Operación Maduro en Venezuela o la incertidumbre que hoy suscita la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán tras un mes de bombardeos. 

La teoría del catedrático de estudios norteamericanos y director del Instituto Franklin de la Universidad de Alcalá de Henares es que: “La guerra en Irán es la guerra de Israel”. Benjamin Netanyahu inició el conflicto y “Trump solo sigue su estela”. A su juicio, para EE. UU. esta guerra es “innecesaria” porque el régimen de los ayatolás no representa ninguna amenaza. “Ni la amenaza nuclear ni la antiterrorista eran reales, como confirmaban expertos y documentos recientes”. El líder israelí convenció al norteamericano de que “iba a ser muy rápido e Irán no tendría tiempo de cerrar el estrecho de Ormuz. Al final, todo se ha alargado. A Trump le está saliendo todo absolutamente mal”.

Para Israel, en cambio, Irán sí supone una “amenaza existencial”, señala Gurpegui. “Irán quería el fin del Estado de Israel. De hecho, hay un reloj en la Plaza de Palestina [en Teherán] programado para llegar a cero en el año 2040, cuando, según el exlíder supremo Alí Jameneí [asesinado por Estados Unidos], el ‘régimen sionista’ dejaría de existir”. Por eso, “los ayatolás subvencionan a Hezbolá o Hamas, para atacar Israel”.

La guerra de Irán es la guerra de Israel. Para Estados Unidos, es innecesaria. A Trump le está saliendo todo mal 

Los de Netanyahu vieron una “ventana de oportunidad” para derrocar al régimen iraní a principios de 2026. Las protestas, “que antes habían sido protagonizadas solo por estudiantes universitarios, se extendieron a los comerciantes de los bazares, tradicionalmente leales a los ayatolás”, quienes salieron a manifestarse por los aproximadamente 50.000 muertos bajo el gobierno de Jameneí, explica el profesor. 

En el ámbito internacional, Irán estaba “totalmente debilitada”. “Rusia tiene la guerra por su cuenta en Ucrania, China no está en un modelo imperialista, Siria acaba de caer, los hutíes de Yemen están muy controlados por Arabia Saudí y Hamás bajo tierra, como topos. Entonces, Netanyahu dice: ‘Este es mi momento'”. 

“Al único que beneficia la guerra de Irán es a Israel”, sentencia Gurpeui. “Mientras los niveles de popularidad de Trump han caído, los de Netanyahu están entre el 75 y el 80%. Incluso está pidiendo que lo induten del juicio que va a tener”. “Claramente, esta es la guerra de Israel”. 

Cuenta en el libro que, durante la dinastía de Reza Pahlaví, Irán y Estados Unidos trabaron una bonita amistad. La Revolución iraní de 1979, con la llegada de Jomeini al poder, lo cambió todo.  

Así es. Estados Unidos y, en general, el mundo occidental mantenían una excelente relación con el régimen de Pahlaví —impulsado en gran medida por Gran Bretaña—. Sin embargo, la revolución de los ayatolás y la llegada de Jomeini cambiaron radicalmente el panorama: Irán pasó de considerar a Estados Unidos un aliado a verlo como ‘el Gran Satán’. 

¿Por qué?

Por el fundamentalismo islámico. Este giro se explica por la instauración de una teocracia yihadista, es decir, que defiende la expansión del islam como única religión verdadera, y que se opone frontalmente a los modelos de democracia liberal. El mayor referente de ese modelo es Estados Unidos y el más próximo a Irán, Israel. 

¿Y la relación entre Estados Unidos e Israel? Algunas voces dicen que se debe al lobby judío estadounidense, pero usted advierte de que el electorado judío vota mayoritariamente por el Partido Demócrata.

Netanyahu le tiene muy bien tomada la medida a Trump. El hecho de que no pusiera fin al conflicto en Gaza durante la última etapa de la presidencia de Biden terminó perjudicando políticamente al demócrata, al que la inestabilidad en Oriente Medio le pasó factura política. En ese contexto, Trump le está muy agradecido. Esta sintonía tampoco es nueva: durante su primer mandato, Trump ya tomó decisiones significativas alineadas con Israel, como el reconocimiento de Jerusalén como capital del Estado judío.

Donald Trump y Pedro Sánchez están encantados de tenerse como enemigos. Es una entrañable relación de enemistad

Cuenta en el libro que el 90% del comercio internacional se mueve por mar. No obstante, por el estrecho de Ormuz, solo pasó el 2% del petróleo consumido por EE. UU. en 2024. ¿Por qué es tan importante para Trump?

Estados Unidos no depende en absoluto del petróleo que pasa por el estrecho de Ormuz, y de hecho Donald Trump ha insistido en que el país se beneficia de su papel como exportador de energía. Sin embargo, el cierre o la disrupción de esta vía —por donde transita aproximadamente el 20% del petróleo mundial, en su mayoría con destino a Asia— ha tenido un impacto global mucho mayor del previsto.

Ese corte ha generado un efecto mariposa que ha desestabilizado la economía internacional, afectando no solo al petróleo, sino también a otros sectores clave como el gas o los fertilizantes. Es mucho más grave de lo que preveía Trump. Él no esperaba, por ejemplo, que iba a subir 1,70 dólares respecto a finales del mandato de Biden. Eso le hace muchísimo daño. 

Trump tiene dos opciones: seguir adelante con objetivos muy ambiciosos o declararse victorioso y retirarse de un conflicto que genera consecuencias militares, diplomáticas y económicas. ¿Qué va a hacer?

Trump se muere de ganas de que esta guerra se acabe. De llegar a algún tipo de acuerdo de alto al fuego y que vuelva a discurrir el petróleo por el estrecho de Ormuz. Se muere de ganas. Quiere terminar ya, por eso dice constantemente que quedan unos días para que termine la guerra.

Pero no termina…

Si no termina es por Irán. Al que también le conviene terminar la guerra, ya que el único beneficiado aquí es Israel. ¿Por qué siguen entonces? Pienso que el régimen de los ayatolás está restituyendo las altas esferas. Debe haber distintas facciones intentando controlar el poder y, probablemente, los halcones [la principal facción política y militar ultraconservadora] son los que dicen “que siga la guerra”, aunque para su pueblo sea peor. No les importa.

El Gobierno español dice ‘no a la guerra’ y al mismo tiempo envía a Chipre la fragata ‘Cristobal Colón’ con soldados españoles para proteger la isla. ¿Cómo interpreta sus últimos movimientos?

Donald Trump y Pedro Sánchez están encantados de tenerse como enemigos. Mientras Trump utiliza a Sánchez como cabeza de turco en política exterior, Sánchez lo emplea en la política doméstica. Se utilizan mutuamente. Tienen una entrañable relación de enemistad.

Ursula Von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, dijo que la UE ya no podía “ser la guardiana del antiguo orden mundial” y que “ya no puede confiar” en un sistema basado en reglas como “única manera” de defender sus intereses. Ante el malestar de los socios europeos, luego matizó sus palabras. ¿Se equivocó la primera vez o había cierta intención tras su discurso?

La intención del primer discurso era totalmente clara. Algunos políticos dicen que después rectificó, pero no. Tampoco dijo nada nuevo, ¿eh? Cuando el primer ministro de Canadá, Mark Carney, estuvo en Davos [a principios de 2026] dijo clarísimamente: ‘Esto no es una transformación, esto es una ruptura’. Y fue aplaudido como un discurso magistral. Cuando Marco Rubio [Secretario de Estado de los Estados Unidos] aterriza en la conferencia de seguridad de Múnich, al pie de la escalerilla, dice: ‘El viejo mundo ya no existe’. Es decir, Von der Leyen solo repitió lo que ya dijeron otros líderes. Otra cosa es que ese papel no le corresponda a ella. Pero me preocupa que Europa siga negando la realidad del nuevo orden que se está imponiendo.

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Hablemos de ese nuevo orden mundial. Tras la caída de la Unión Soviética en 1991, Estados Unidos dominó el mundo junto a sus aliados europeos. Pero, sin hacer mucho ruido, a la ‘China callando’, le ha surgido un gran competidor. 

El nuevo orden mundial va a estar dominado por China. No hay ninguna duda. Si miramos todos los indicadores, China está a la cabeza. Por ejemplo, ahora en la crisis de Irán, China no está sufriendo como Occidente. Sus petroleros pasan perfectamente por el estrecho. Sin escolta ni nada, tranquilamente [ríe].

Luego, a China le preocupa mucho que Europa, que es su gran consumidor, entre en recesión y le compre menos. Pero absolutamente en todos los indicadores, de tierras raras, de patentes, de placas solares, de energías alternativas e incluso de energía limpia, China está a la cabeza. Para liderar totalmente la economía, solo necesita que el consumo nacional se equipare a su capacidad de exportación. Y no van a tardar mucho.

Las reuniones recientes en Tianjin [ciudad portuaria internacional en China] fueron el nuevo Bretton Woods, donde, en la posguerra, se fijó el dólar estadounidense como moneda de referencia internacional, respaldada por oro, o se fundó el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central. Exactamente lo mismo hizo hace poco China con sus países de influencia, entre los que están Rusia, India o Irán. Es el germen del nuevo orden mundial.

La democracia liberal murió de éxito tras el final de la Guerra Fría. En su lugar, emerge una ‘democracia sin libertad personal’

 “Zhōngguó” es el nombre en chino para China, que significa reino o país del centro. ¿Quieren los chinos ocupar el lugar que según ellos milenariamente les corresponde?

Sí, ellos tienen una conciencia muy clara de sí mismos. Yo he estado tres veces en China y el orgullo nacional chino es muy superior al nuestro. Por eso, seguir considerando a China simplemente como un país comunista, o más aún, como un país comunista maoísta, es un error. Desde Deng Xiaoping, el maoísmo quedó definitivamente atrás. Hoy es un régimen comunista en lo político, pero no en lo económico.

De hecho, en documentos oficiales como el Libro Blanco del Partido Comunista de 2021, ellos se definen como una democracia, aunque entienden la democracia de forma distinta a la liberal: no como un fin en sí mismo, sino como un medio para garantizar el bienestar de la población. Frente a eso, la democracia liberal —la nuestra— muestra signos de agotamiento; en cierto modo, murió de éxito tras el final de la Guerra Fría, como anticipaba Fukuyama con su ‘Fin de la historia’. En ese contexto, emerge otro modelo, una especie de democracia sin libertad personal, más autoritaria, que es el tipo de sistema al que aspira Xi Jinping y que también vemos, con matices, en países como Rusia o en ciertos planteamientos de Donald Trump, cuando dice: ‘¿Por qué voy a someterme al Congreso si esto es bueno para Estados Unidos?’

¿Qué ficha representa Europa en el tablero geopolítico actual? ¿Un alfil, un peón…?

Un peón, sin duda. Y cada vez nos estamos marginalizando más. Quizás no tenemos otro remedio. Pero el hecho de que en esta guerra de Irán, que ha comenzado Israel y que le ha seguido Estados Unidos, ni tan siquiera se comentara con Europa, ni se les preguntara, demuestra lo que somos para Trump. O que Trump diga que se va a anexionar con Groenlandia, un aliado…

Solo hay que leer el informe de seguridad estratégica estadounidense de 2025, donde Trump le dedica a Europa menos de una página y dice que, por asuntos migratorios, Europa en 2050 será irreconocible. Nos da por perdidos y dice que Europa solo se salvará si triunfan los partidos patrióticos.

De cara al futuro, no le veo muy optimista…

Me gustaría ser optimista, pero lo veo muy difícil. Europa es lo que más me preocupa. Necesita dos cosas fundamentales: unidad y realismo, pero hoy no tiene ninguna de las dos. Creo que lo que terminará con Europa no vendrá de fuera, sino de nosotros mismos: por un lado, el buenismo, y por otro, el abuso del Estado del bienestar. Este exceso está debilitando a la clase media, que cada vez queda más reducida, y eso amenaza la estabilidad del continente.

La diplomacia y las palabras están perdiendo enteros. ¿Cómo competir en un mundo realista siendo una potencia idealista?

Eso es exactamente lo que quiso decir Von der Leyen. Su discurso era totalmente realista. Y los socios europeos respondieron desde el negacionismo idealista. Bueno, pues si no te enteras de lo que está pasando y de que las normas y las antiguas alianzas han cambiado, peor para ti. Ya le pasó a Gorbachov, que no entendió que las cosas habían cambiado en Rusia. Soñaba con la “Casa Común Europea”, desde los Urales hasta Finisterre, olvidándose de los norteamericanos. Y eso Estados Unidos no lo iba a consentir.

¿Qué hay de la India? El país más poblado del planeta ya es el cuarto PIB mundial, superando a Japón o Reino Unido. ¿Trump los subestima?

Creo que es un grave error que Estados Unidos ignore a la India y ya le han dado un toque. La imagen de Modi de la mano, literalmente, con Putin, cuando van a saludar a Xi Jinping al llegar a la reunión de Tianjin, fue un anuncio a Trump: “Ten cuidado con lo que haces”.

En el nuevo orden mundial de las próximas décadas, India todavía no está preparada, pero sí tiene mucho potencial. Antes debe conformar una clase media. Ya se ha convertido en la nación más poblada del mundo, ya ha superado a China, pero lo primero es componer una clase media amplia, lo que le llevará mucho tiempo. Otro asunto importante para India, como te lo comentaba con China, es el consumo interno. Es necesario para el desarrollo de India, que necesita todavía mucho más tiempo que China.

Donald Trump. ¿Cómo un personaje tan singular, sin experiencia política, con un estilo agresivo y problemas con la justicia se convirtió en el presidente de la democracia más antigua y sólida del mundo?

Me lo pregunto cada día. Fíjate, yo casi reformularía la pregunta: ¿cómo un personaje como Donald Trump puede haber sido reelegido? Al final, su elección primera podría justificarse en el hartazgo del ‘wokismo’ o las políticas demócratas anteriores, muy preocupadas en políticas exteriores. Entonces, esa idea de ‘Make America Great Again’ tendría cierto sentido. Pero el hecho de que vuelva a ser elegido, habiendo ganado votos en todos los estados, conquistando los swing states o incrementando su electorado en todos los segmentos sociales implica que la sociedad norteamericana está cambiando. Porque la segunda vez los americanos ya sabían quién era Trump como presidente.

Europa debe sacar lecciones de aquello. ¿Por qué los americanos, después de una experiencia demócrata, han vuelto a Trump? No al republicanismo, al trumpismo. Porque Trump ni siquiera se presentó a los debates republicanos. Él sabe que lo van a votar. Aquella famosa frase que dijo en 2016: “Podría pararme en medio de la Quinta Avenida y dispararle a alguien y no perdería votantes”. Es cierta.

Trump (79 años), Xi Jinping (72 años), Putin (74 años), Lula (Brasil, 80 años), Modi (India, 75 años)… El mapa del nuevo poder mundial tiene canas. ¿Qué motivo encuentras? 

Los gobernantes cada vez se aferran más al poder y no dan paso a nuevas generaciones. Algunos, como Xi Jinping, han cambiado incluso la ley del Partido Comunista Chino para estar en el poder todo lo que quieran. O Putin, que ha hecho lo mismo…

Después habrá un salto generacional importante. Si miramos a los posibles candidatos republicanos que podrían suceder a Trump, como Marco Rubio o JD Vance, ambos se encuentran en la franja de los 40 o 50 años.



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