Las selecciones de Dinamarca y Chequia se jugarán el pase al Mundial para convertirse en el cuarto equipo del Grupo A, en donde les tocará enfrentar al local México, Sudáfrica y Corea del Sur, después de que los daneses golearon 4-0 a Macedonia del Norte y los checos ganaron en penales a Irlanda 4-3.
De antemano se esperaba que ambas selecciones avanzaran a la instancia final del repechaje de Europa, salvo Irlanda, que tuvo dos goles abajo a Chequia, pero no supo preservar el marcador y terminó pagando el precio al ser doblegado en penales por la República Checa.
La selección de México dirigida por Javier Aguirre tendrá unas cuantas horas de incertidumbre para conocer a qué estilo de juego deberá enfrentar en la próxima Copa del Mundo, si el estilo lineal y de trazos largos y centros al área de los vikingos o el juego más elaborado de los checos en el juego que sostendrán este martes 31 de marzo.
La realidad es que de antemano se conocía que el probable rival saldría de los macedonios, los irlandeses, daneses y checos, siendo estos dos últimos los que se jugarán el boleto definitivo para medirse a México en el tercer juego de la primera fase mundialista el 24 de junio a las 19:00 horas en el estadio Azteca.
Dinamarca, una aplanadora
Dinamarca arribó a este encuentro contra Chequia como una aplanadora que no tuvo compasión sobre Macedonia del Norte, al grado de que los balcánicos no pudieron disparar alguna ocasión a la portería de los daneses, que los coloca en un panorama favorable para enfrentar a los de República Checa, para terminar imponiéndose 4-0.
Los goles de la goleada fueron anotados por Gustav Isaksen en dos ocasiones, Mikkel Damsgaard y Christian Nørgaard, que dejaron completamente sin opciones a los macedonios, que realmente no fueron adversarios para los vikingos.
Los checos ganaron con el puñal entre los dientes
Chequia fue muy diferente en su forma de llegar al juego definitivo contra Dinamarca, pues en los primeros 23 minutos fueron víctimas de la velocidad y del juego lineal y pragmático de los irlandeses, al grado de que los británicos se pusieron adelante en el marcador por conducto de Troy Parrott de penalti y un autogol del portero Matěj Kovář en el minuto 23.
Ese fue el llamado de alarma para los checos, que se fueron en busca del empate y lograron descontar el marcador por la vía del penal anotado por Patrik Schick al minuto 27 y de Ladislav Krejčí a cuatro minutos del final para mandar el partido a la serie de penales, en donde los checos terminaron imponiéndose por 4-3.
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