Nicolás Maduro tiene este jueves su segunda cita ante el juez que supervisa su causa criminal en Nueva York, una ocasión en la que el dictador venezolano buscará que se desestimen sus cargos.
Maduro y su mujer, Cilia Flores, volverán a cruzar el East River … desde su actual residencia, el Metropolitan Detention Center de Brooklyn, una cárcel tristemente célebre por las condiciones penosas que sufren sus reclusos, hasta los juzgados federales del sur de Manhattan. A las once de la mañana -cuatro de la tarde de España-, allí verán a Alvin Hellerstein, el juez de 92 años al frente del caso. Y a los fiscales que le han imputado cuatro cargos relacionados con narcotráfico. Y a los curiosos y periodistas que llenarán la sala, para la que ya había una docena de personas haciendo cola a las afueras del juzgado desde la noche del miércoles.
Para el expresidente venezolano, la reclamación central es que Hellerstein tumbe los cargos que enfrenta. Es más que improbable que eso ocurra este mismo jueves, pero es la primera línea de defensa de Maduro.
La justificación de esta petición tiene que ver con su capacidad para pagar su defensa y su propio abogado, Barry Pollack, lo explicó en un escrito interpuesto la semana pasada. En él, el letrado razona que el Gobierno de EE.UU. ha vulnerado los derechos que asisten a Maduro recogidos en la Quinta y la Sexta Enmienda de la Constitución de EE.UU. Es decir, su capacidad para elegir la defensa que considere conveniente y su derecho a un juicio justo.
La vulneración, según Pollack, se debe a la decisión del Gobierno de Donald Trump de impedir que Maduro pague a su abogado por las sanciones impuestas por la Administración Trump contra el expresidente de Venezuela y contra el propio país sudamericano.
En un principio, estas sanciones no afectaron a la capacidad de Maduro de tener representación legal y pagar a Pollack, un letrado de altos vuelos. La Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC, en sus siglas en inglés), la agencia del Tesoro de EE.UU. que gestiona las sanciones y el bloqueo de activos a los sancionados, concedió una licencia especial a Pollack después de que este lo solicitara para poder dar representación legal a Maduro. Pero, inmediatamente después, la retiró, lo que obstaculizaba la posibilidad de que su defendido pagara sus honorarios.
Pollack exigió al juez Hellerstein que tumbara los cargos contra Maduro, lo que supondría una sorpresa mayúscula, o que, como alternativa, celebre una vista probatoria para tratar el asunto de los pagos a la defensa.
Este y otros asuntos estarán en manos del magistrado este jueves, en una vista que tenía previsto dar los primeros pasos preparatorios para el eventual juicio contra Maduro y su esposa: Hellerstein podría empezar a definir las pruebas que se utilizarán para examinar la culpabilidad o inocencia de los acusados, el calendario para el juicio o la fijación de la siguiente comparecencia.
Pero, además de conocer novedades sobre la causa contra Maduro, la vista será una oportunidad para comprobar el estado físico y mental del exmandatario de Venezuela. Desde que él y su esposa fueron capturados el pasado 3 de enero en su refugio militarizado de Caracas, solo se les ha visto en su primera aparición ante el juez, pocos días después de la operación militar estadounidense que le ha forzado a enfrentarse a la justicia.
En aquella ocasión, Maduro proclamó ante el juez que él fue «secuestrado», que era un «prisionero de guerra» y que seguía «siendo el presidente». Desde entonces, ha estado en la unidad más dura de esa cárcel federal de Brooklyn, donde coloca a los reclusos peligrosos o de riesgo -como es su caso-, y que es también la unidad de castigo. Está aislado, en una celda diminuta, de tres metros de largo por dos de ancho, de la que solo sale tres veces por semana durante una hora.
Uno de sus hijos, Nicolás Maduro Guerra, aseguró esta semana desde Venezuela que su padre está «muy bien, con mucho ánimo y mucha fuerza».
«Vamos a ver a un presidente delgado, atleta, haciendo ejercicio todos los días y a una primera combatiente (en referencia a Flores) también firme y alerta», pronosticó.
Quienes no verán a Maduro serán los manifestantes venezolanos que se han citado mañana en Foley Square, la plaza que está delante de los juzgados. Algunos, en apoyo al exdictador. Otros, exigiendo al actual régimen venezolano, sucesor del de Maduro, liderado por Delcy Rodríguez, que avance en la liberación de presos políticos.

