El barco Convoy Nuestra América, uno de los integrantes de la flotilla humanitaria que partió el viernes desde Puerto Progreso, en Yucatán, México, ha llegado este martes Cuba, según ha informado la prensa oficial cubana. Han atracado en la terminal de cruceros del puerto … de La Habana con un cargamento de 30 toneladas de alimentos, medicamentos, productos de higiene, bicicletas y paneles solares.
Lo han bautizado Granma 2.0, evocando el yate en el que Fidel Castro y unos 80 expedicionarios desembarcaran en Cuba en 1956 para desarrollar la lucha armada contra la dictadura de Fulgencio Batista. Los miembros de la embarcación han sido recibidos por funcionarios del Partido Comunista y del Gobierno. Además, las autoridades han informado que la carga será entregada a instituciones públicas de la capital.
Uno de los integrantes de la flotilla es Thiago de Ávila e Silva Oliveira, un activista climático brasileño reconocido por haber sido uno de los participantes de la Flotilla de Gaza en junio de 2025, así como por sus conexiones con el régimen de Irán.
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A bordo de ‘Nuestra América’
En una entrevista con la prensa local, Thiago de Ávila ha agradecido tanto al gobierno de Cuba como al de México. Según ha señalado, en Cuba la recepción fue diferente a la de Gaza, «solo porque desde 1959 Cuba se mantiene como un ejemplo de soberanía y dignidad».
«Cuba es el país y el pueblo más solidario en todo el planeta», ha dicho en alusión a las brigadas médicas cubanas enviadas a decenas de países, las mismas que han sido calificadas y denunciadas como mano de obra esclava.
Por su parte, Yanet Hernández Pérez, Gobernadora de La Habana, ha afirmado en el acto de bienvenida que los integrantes de la flotilla han demostrado «que Cuba no está sola». Hernández Pérez fue durante varios años directora provincial de Educación en La Habana; durante su mandato, decenas de niños fueron empleados en actos de repudio (escraches) contra opositores pacíficos.
En cambio, a los cubanos en el exilio el régimen les ha imposibilitado enviar ayudas humanitarias a la Isla, también le ha impedido la entrada al país a opositores pacíficos, considerados «contrarrevolucionarios», y bajo amenazas de enviarlos a prisión.
Espectáculo político
La ayuda humanitaria es ínfima si se tiene en cuenta la gravedad de la crisis en la Isla: personas mueren por falta de antibióticos, millones cocinan con leña o carbón a falta de gas licuado, el transporte casi está paralizado por escasez de combustibles, y la mayoría de la población permanece la mayor parte del día sin electricidad, incluso más de 24 horas continuas sin servicio eléctrico. Ni siquiera los buques con ayuda humanitaria enviados por México han sido representativos, además de la denuncia de que el régimen cubano estaría vendiendo esos donativos en las tiendas en dólares.
Por eso, es inevitable cuestionarse qué hay detrás de estas flotillas, sería muy ingenuo pensar que se trata solo de una iniciativa humanitaria espontánea teniendo en cuenta, además, la cantidad de activistas reconocidos de la izquierda internacional que desfilan por estos días por La Habana. La narrativa dominante de los activistas y las organizaciones es culpar al supuesto bloqueo norteamericano y a Donald Trump de todos los males de Cuba, así como extender la narrativa de que la crisis actual comenzó en enero con la captura de Nicolás Maduro y la pérdida del petróleo venezolano.
Ninguno de esos activistas se ha reunido con los cubanos de a pie. La mayoría de ellos estaban bailando en el concierto del grupo irlandés Kneecap (acusado de apoyar a Hamas), vacacionando en hoteles de lujo y tomando mojitos, mientras casi la totalidad del país sufría el segundo colapso energético en menos de una semana, cientos de cubanos protestaban a golpe de cacerolas y gritando «abajo el comunismo» y «libertad».
La flotilla que partió de México ha recorrido el mismo espacio marítimo -aunque a la inversa- en el que miles de cubanos han muerto o desaparecido intentando huir de la dictadura hacia tierras de libertad.
Nada más conveniente para la dictadura, en medio del peor momento de su historia y del posible colapso definitivo del sistema, que movilizar a agentes de opinión que veneran a la Revolución de los Castro y el Che, que venden la idea de Cuba como el «paraíso tropical socialista» desde la comodidad del capitalismo «cruel y brutal».
Los medios de propaganda les han dado una aparatosa cobertura. Mientras, en las calles de la Isla persiste la pobreza extrema y una esperanza en el progreso que solo sería posible, y el cubano así lo entiende, con la libertad definitiva y el fin de la era del castro-comunismo.


