
El debate está más vivo que nunca. Y cada vez suma más voces de peso. En un fin de semana marcado por el rugido de MotoGP en Brasil, una figura histórica de la Fórmula 1 se ha pasado por el paddock… y no ha dejado indiferente a nadie. Felipe Massa, subcampeón del mundo en 2008, ha alzado la voz contra el nuevo reglamento técnico de la categoría reina. Y lo ha hecho sin rodeos.
La Fórmula 1 actual vive en una contradicción constante: más adelantamientos… pero menos autenticidad. Ese es, al menos, el sentir de muchos pilotos. Y ahora también de Massa. El brasileño fue directo al grano al analizar el rumbo que ha tomado la categoría con la introducción de las nuevas unidades de potencia híbridas, donde el componente eléctrico alcanza ya el 50% del total:
“Fórmula 1 debe entender cuáles son las reglas correctas, porque lo que está ocurriendo ahora no es agradable. Estas no son cosas que nadie quiera ver. Sí, vemos muchos adelantamientos, pero no son adelantamientos reales, son adelantamientos falsos”, explicó.
No es una crítica aislada. Es una más dentro de un discurso que empieza a ser coral en el paddock.
El problema: gestión, energía… y una F1 “artificial”
El gran punto de fricción está claro: la dependencia de la energía eléctrica. No tanto por su existencia, sino por sus consecuencias en pista.
La necesidad de gestionar vuelta a vuelta ha transformado la manera de competir. Los pilotos ya no atacan constantemente; calculan. Guardan. Liberan energía. Y eso, según Massa, desnaturaliza el espectáculo:
“En la F1 los pilotos deberían pilotar la mayor parte del tiempo al límite, y eso es lo que la gente quiere ver. Sin embargo, ahora el piloto, en cierto modo, actúa como un ingeniero. Eso no es bueno y las regulaciones deben revisarse urgentemente”.
La crítica conecta directamente con lo que ya han señalado nombres como Lando Norris o Max Verstappen: el temido “efecto yo-yo”. Un sistema en el que los adelantamientos dependen más del estado de la batería que del talento puro.
Más diferencias, menos igualdad
Pero Massa va más allá. No solo cuestiona el espectáculo, también el equilibrio competitivo.
Según el brasileño, la nueva normativa ha provocado un salto preocupante en las diferencias entre equipos: “El año pasado terminamos la temporada con diferencias de quizá 1,5 segundos entre todos los coches, mientras que ahora vemos diferencias de hasta 5 segundos. Eso es realmente terrible”.
Un dato que choca frontalmente con uno de los grandes objetivos históricos de la Fórmula 1: igualar la parrilla y fomentar la lucha rueda a rueda.
El escenario, además, no es sencillo. Massa también pone el foco en la política interna del campeonato: “Ahora mismo, los equipos fuertes no querrán cambios, mientras que los menos competitivos sí querrán que se modifiquen las reglas. Pero la FIA y la Fórmula 1 deben entender qué es lo mejor para el deporte”.
Ahí está la clave. Intereses cruzados. Equipos dominantes que no quieren tocar lo que funciona. Otros que necesitan un cambio urgente. Y en medio, la FIA y la Fórmula 1, obligadas a tomar una decisión que puede marcar el futuro del campeonato. Porque la pregunta ya no es si el reglamento genera debate. La pregunta es cuánto tiempo puede permitirse la Fórmula 1 vivir en él.
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