Donald Trump ha sostenido de forma recurrente que es difícil dialogar con Irán porque «no hay nadie con quien hablar». Es una referencia a la eliminación de un buen número de los gerifaltes de la República Islámica, empezando por su Líder Supremo, Alí Jamenei. Y, … de forma más reciente, Ali Larijani, que estaba al frente del Consejo de Seguridad y al que se le consideraba uno de los líderes ‘de facto’ del país.
El presidente de EE.UU., sin embargo, ha encontrado alguien con quien negociar en Irán, en un momento en el que la batalla energética se enquista y amenaza con morder con fuerza el bolsillo de los votantes estadounidenses. Trump anunció conversaciones con Irán este lunes. Aseguró que sus negociadores principales –su amigo Steve Witkoff y su yerno, Jared Kosher– están hablando con la «persona top» en Irán ahora mismo.
«Estamos tratando con el hombre que creemos es el más respetado y el líder», dijo el presidente de EE.UU. Aseguró que no se trata del sucesor de Jamenei como Líder Supremo, su propio hijo, Mojtaba Jamenei, de quien se sospecha que haya resultado herido o muerto en la guerra. «No sabemos si está con vida», dijo Trump, que, sin embargo, no quiso dar el nombre de su interlocutor. «No quiero que lo maten», aseguró sobre la persona que asegura que está al frente de las negociaciones.
Esa figura podría ser la de Mohamed-Bagher Ghalibaf, el actual presidente del Parlamento iraní. Así lo señalan medios estadounidenses e israelíes como ‘Jerusalem Post’ y ‘Axios’, que aseguran que Witkoff y Kushner están en conversaciones con él.
Ghalibaf es una figura de la línea dura del régimen, que ha defendido la represión con fuerza de las recientes manifestaciones multitudinarias y ha sido la voz iraní con más fuerza en los últimos días, con afirmaciones constantes en redes sociales a que Irán peleará hasta el final.
La semana pasada, en medio de las turbulencias económicas provocadas por la guerra, aseguró que «el estrecho de Ormuz no volverá a su estatus previo a la guerra». Se refería al paso marítimo por el que fluye el 20% del petróleo y del gas mundial y que Irán ha bloqueado como forma de resistencia ante los ataques de EE.UU. e Israel.
Poco después llegó el ultimátum de Trump a Irán, en el que amenazaba con volar las principales infraestructuras energéticas del país si la República Islámica no reabría el estrecho de Ormuz». Fue Ghalibaf quien dio la respuesta, también en redes sociales, asegurando que Irán respondería bombardeando las instalaciones petroleras y energéticas de toda la región, por lo que «el precio del petróleo seguirá alto durante mucho tiempo».
«Además de las bases militares, las entidades financieras que financian el presupuesto del Ejército de EE.UU. son objetivos legítimos», dijo Ghalibaf pocas horas antes del anuncio de Trump de diálogo con Irán. «Los bonos del Tesoro de EE.UU. están manchados de sangre iraní. Si los compras, estás de hecho atacando tus propios activos y tus sedes. Estamos siguiendo vuestras carteras de inversión», amenazó el presidente del Parlamento iraní a las firmas financieras regionales. El interés alto de los bonos a diez años del Tesoro de EE.UU. -una señal de desconfianza en la economía de la primera potencia mundial, con impacto en los costes para endeudarse- apunta a una de las razones de Trump para entablar un diálogo con Irán.
En sus declaraciones a la prensa, Trump dijo que sus negociadores están hablando «con la gente que parece dirigir el país, porque las cosas que dicen ocurren después».
Pero Ghalbaf salió a desmentir la existencia de negociaciones, como ya había hecho antes el Ministerio de Exteriores de Irán. «No ha habido negociaciones con EE.UU.», defendió en un mensaje en redes sociales. «Es ‘fake news’ para manipular los mercados financieros y de petróleo y para escapar del atolladero en el que EE.UU. e Israel están metidos».
Desde el principio de la guerra, Trump ha defendido que la solución «ideal» al conflicto es el modelo de Venezuela: un cambio en la cúpula del régimen que dé paso a una figura que coopere con EE.UU., como ha ocurrido con Delcy Rodríguez tras la captura de Nicolás Maduro.
Está por ver que ese modelo sea viable en Irán, una teocracia consolidada durante casi cinco décadas, dominada con puño de hierro por los ayatolás y los militares de la Guardia Revolucionaria, y donde los ataques de EE.UU. e Israel podrían haber endurecido más sus posiciones.
Ghalibaf es una figura que proviene del ejército, un piloto de las fuerzas aéreas curtido en la guerra contra Irak de la década de 1980, que después lideró el ejército del aire de la Guardia Revolucionaria. Fue también alcalde de Teherán, candidato en varias ocasiones –sin éxito– a la presidencia del país y es una de las grandes figuras de la línea conservadora de Irán, los fundamentalistas o principalistas, opuestos a la línea reformista.


