Con Oriente Próximo convertido, nuevamente, en un polvorín, la situación en Gaza parece haber pasado a un segundo plano. Medio año después del alto el fuego oficial entre Hamás e Israel en la Franja, la situación humanitaria ha mejorado, pero sigue sin existir un … fin real de las hostilidades. En medio de ataques y escaramuzas que no cesan, entrevistamos a Philippe Lazzarini, comisionado general de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA, por sus siglas en inglés).
—¿Cuál es la situación actual en Gaza?
—Hoy se habla mucho menos de Gaza, especialmente desde que estalló la guerra entre Israel, Estados Unidos e Irán. Se habla del alto el fuego, pero a veces da la sensación de que solo existe de nombre: continúan las operaciones militares diarias y los incidentes. Desde que comenzó el alto el fuego en octubre del año pasado, han muerto más de 600 personas. Siguen existiendo importantes restricciones para la entrada de bienes en Gaza y la población continúa concentrada en apenas la mitad del territorio. La única mejora real ha sido en dos aspectos: primero, la fase inicial del plan de paz permitió la liberación de rehenes y detenidos. Segundo, la situación alimentaria ha mejorado algo. Antes del alto el fuego había medio millón de personas en situación de hambruna; hoy hablamos de unas 100.000 en inseguridad alimentaria aguda. Pero, más allá de eso, la vida sigue siendo una miseria total.
—¿Cómo viven hoy los gazatíes?
—La gente sigue viviendo entre los escombros y el polvo. Conseguir agua potable puede llevar horas. Los refugios son totalmente inadecuados, especialmente para el invierno. Este año hemos tenido lluvias torrenciales, inundaciones y un frío intenso. Esa combinación ha sido devastadora, sobre todo para los niños.
—¿Cuáles son las necesidades más urgentes en Gaza?
—La prioridad es restaurar la esperanza y empezar la reconstrucción. Tenemos dos millones de personas viviendo entre ruinas, la mitad de ellas menores de 18 años. Si una generación entera crece traumatizada, sin perspectivas de futuro, eso es una receta perfecta para la radicalización. Ahí entra en juego la educación. Es fundamental. Los palestinos siempre han considerado la educación como su mayor orgullo. Han perdido tierras, casas, han tenido que desplazarse muchas veces, pero siempre han invertido en educación porque saben que es la clave para un futuro mejor. Si no conseguimos que los niños vuelvan a un entorno educativo, estaremos perdiendo una generación entera.
—Israel acusa a la UNRWA de colaborar con Hamás. Algunos donantes incluso han retirado financiación. ¿Está la agencia en riesgo de desaparecer?
—Espero que desaparezca algún día, pero porque haya una solución política justa y duradera para los palestinos. Nuestra agencia nació como algo temporal y debería dejar de ser necesaria cuando exista esa solución. Lo que sería un error es eliminar la agencia antes de tener una alternativa. Hoy no existe ninguna institución palestina preparada para asumir los servicios que prestamos.
«Antes del alto el fuego había medio millón de personas en situación de hambruna; hoy hablamos de unas 100.000 en inseguridad alimentaria aguda»
—Pero esas acusaciones existen y hubo una investigación sobre la implicación de doce de sus trabajadores por haber participado en los atentados de Hamás el 7 de octubre de 2023.
—En enero de 2024 surgieron acusaciones de que algunos empleados pudieron participar en el ataque del 7 de octubre. Eso desencadenó dos investigaciones: una sobre los individuos y otra sobre todo el sistema de la organización, dirigida por Catherine Colonna (exministra de Exteriores francesa que elaboró una investigación independiente sobre la neutralidad y los mecanismos de control de la agencia). Tras ese informe, la mayoría de los donantes volvieron a financiar la agencia. La conclusión fue que nuestros sistemas de control son sólidos.
—Su agencia emplea a miles de palestinos. ¿Cómo se controla que no tengan vínculos con grupos armados?
—Como cualquier agencia de la ONU. Hacemos verificaciones de antecedentes y controles internos. Durante más de veinte años hemos entregado cada año la lista completa de empleados tanto a Israel como a la Autoridad Palestina. El problema es que somos una organización humanitaria: no tenemos policía ni servicios de inteligencia. Dependemos de la información que nos proporcionen los Estados.
«La agencia no tiene relaciones políticas con Hamás. En el pasado solo existía coordinación operativa para cuestiones prácticas, por ejemplo campañas de vacunación»
—Pero la ONU afirmó que «pudieron» estar involucrados en los ataques. ¿Esto ha motivado algún cambio a la hora de contratar?
—Debido a nuestra exposición —porque operamos en un entorno muy sensible, emocional y profundamente divisivo, con un número tan grande de empleados—, Colonna, cuando elaboró su informe, llegó a la conclusión de que en realidad esta agencia es mucho más consciente y sensible en cuestiones de neutralidad y ha establecido muchos más procedimientos para abordarlas que cualquier otra organización. Por supuesto, siempre se puede hacer más. Pero es normal que hayamos hecho más, porque estamos mucho más expuestos.
—¿Qué más se puede hacer?
—Hemos estado a la vanguardia en la formación sobre redes sociales, sobre lo que se puede publicar y lo que no se puede publicar. También hemos sido pioneros en encontrar el equilibrio adecuado, porque existe una línea muy fina entre la libertad de expresión, la libertad de manifestarse, la participación en actos públicos y el hecho de ser trabajador de Naciones Unidas. Esta es una política que, dentro del conjunto de entidades de la ONU, nunca había existido con un nivel de detalle tan alto, pero la hemos desarrollado para tratar de abordar todas las sensibilidades posibles en la región. De hecho, estamos bastante orgullosos de esta política, porque fuimos los primeros en implementarla
—¿Hablan con Hamás?
—No. La agencia no tiene relaciones políticas con Hamás. En el pasado solo existía coordinación operativa para cuestiones prácticas, por ejemplo campañas de vacunación, porque Hamás controlaba ‘de facto’ el sistema sanitario en Gaza.
—¿Qué opina del plan de paz con veinte puntos impulsado por Estados Unidos?
—Todo depende de si ese plan respeta las aspiraciones de los palestinos. Me preocupa cualquier propuesta que convierta Gaza en algo que no pertenezca a los gazatíes. Cualquier plan de paz debe terminar con los palestinos decidiendo sobre su propio futuro.


