#Mundo:”Sánchez da la impresión de no nadar en el mismo canal que los demás” #FVDigital

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Jean Claude Juncker (Redange-sur-Attert, Luxemburgo, 1954) es uno de los políticos más importantes de la historia de la Unión Europea pero cuando te sientas con él tienes sensación de normalidad. El también ex primer ministro de Luxemburgo recibe a 20minutos en un despacho que aún conserva en el Berlaymont, el edificio principal del Ejecutivo comunitario, porque ejerce de asesor de quienes son ahora comisarios, y desde esa naturalidad aborda otro momento clave para Europa, con la guerra en Oriente Medio, o las relaciones con la Administración Trump.

En la conversación Juncker tiene tiempo de recordar cómo fue el primer mandato del magnate, con él como presiente de la Comisión, y también aborda el rol de España en la Europa actual, así como la situación en Ucrania -con el recuerdo de Crimea y el 2014-, la figura de su sustituta, Ursula von der Leyen, o la Unión que se imagina dentro de un tiempo.

¿Cree que la UE está de nuevo en momento de refundación?

Sí y no. Desde que estoy en la política europea, la Unión Europea siempre está en crisis. Empecé mi vida europea allá por 1982. En aquella época hablábamos de euroesclerosis, no obstante. Inesperadamente, fuimos capaces de completar en cierta medida el mercado interior, fuimos capaces de lanzar la moneda común, aunque todo el mundo pensaba que no seríamos capaces de hacerlo. Abrimos la Unión Europea hacia los países de Europa del Este y Central, además de Malta y Chipre. Así que, en medio de una especie de crisis existencial a la que nos enfrentábamos en ese momento, fuimos capaces de lanzar iniciativas que han demostrado que la Unión Europea puede avanzar.

¿Pasa lo mismo con la crisis actual en plena guerra en Oriente Medio?

La Unión Europea no tiene que ponerse en cuestión a sí misma, sino poner en cuestión algunos de los principales motores que la caracterizaron en tiempos anteriores. Tenemos problemas internos porque, de vez en cuando, no somos capaces de demostrar que somos una entidad coherente y no hemos sido capaces de dar la impresión de que, en lo que respecta a la política exterior, vamos exactamente en la misma dirección. Pero, aun así, no soy pesimista, porque hemos sido capaces de superar todo tipo de crisis, incluido el brexit, que fue una gran amenaza para la unidad europea. Fuimos capaces de mantener la cohesión de la Unión Europea y ahora hay que hacer lo mismo. 

¿Cómo cree que es ahora la relación entre los liderazgos? ¿Cómo actuaría si usted fuera ahora el presidente de la Comisión en medio de la guerra en Oriente Medio?

Este tipo de acontecimientos ocurren de vez en cuando. Incluso durante mi etapa, a veces era difícil coordinar la elaboración de políticas entre el Consejo Europeo y el presidente de la Comisión. No obstante, siempre intenté defender con la mayor firmeza posible la cohesión entre las instituciones de la Unión Europea, porque en el mundo exterior la gente realmente no sabe ni entiende cómo funciona. Así que no deberíamos dar la impresión de que hay dos o tres ‘Uniones Europeas’. Lo importante, repito, es mantener la cohesión.

A Ursula von der Leyen hay voces que la han acusado de excederse en sus competencias. ¿Cómo valora su papel?

Nunca comento el comportamiento de mi sucesor, ni de mis predecesores, porque eso nos llevaría a debates, digamos, poco saludables. Pero todo presidente de la Comisión, si se toma en serio su papel, es acusado de sobrepasar el ámbito de sus competencias. Recuerdo que cuando defendía la presencia de Grecia en la zona euro, fui acusado principalmente por alemanes de que me estaba implicando en un asunto que era competencia de los Estados miembros. Siempre respondí a esas voces que, según el Tratado, la Comisión está a cargo del interés general de la Unión Europea. Esto abre un amplio margen de intervención posible, así que esto no es nada nuevo.

En España el Gobierno de Sánchez enarboló desde el principio el lema de “no a la guerra”. ¿Le ve como un verso suelto en la situación actual?

Creo que Pedro Sánchez, que es un buen amigo mío, tiene razón al evitar cualquier tipo de implicación activa en la guerra. El problema es que da la impresión de que no está nadando en el mismo canal que los demás europeos. Tal vez por razones internas, no lo sé. Tal vez por convicciones, creo que ese es el caso. Sánchez no es un problema para la Unión Europea. Refleja el hecho de que la Unión es una democracia y en una democracia, se permite tener diferentes puntos de vista, con la condición de que al final todos se unan para dar la impresión de que la Unión Europea como entidad es algo real.

¿Y cómo analiza el papel de España en la UE actual?

No sé si tengo que estar de acuerdo con todo lo que Sánchez ha dicho en los últimos meses, pero sé que es un verdadero europeísta, aunque con problemas internos en su Gobierno y con las Cortes. Pero no seré yo quien lo someta a un fuego amigo.

Usted habla de unidad y de coherencia. ¿La negativa a formar una misión en Ormuz frente a lo que pide Trump es un ejemplo de esa unidad y coherencia en la Unión Europea?

Creo que los acontecimientos de los últimos días han demostrado que hay una visión unánime de los Estados miembros de la Unión Europea en lo que respecta al drama de Ormuz. Nadie quiere intervenir en ese asunto. Así que ahí por ejemplo Sánchez no está aislado. Todos los demás están diciendo, en lo que respecta a Ormuz, exactamente lo mismo.

Usted fue presidente de la Comisión durante el primer mandato de Donald Trump. ¿Cómo le describiría?

Lo único que es predecible en su comportamiento es la imprevisibilidad. Y tuve que atravesar ese caos, de hecho. Fui capaz de poner fin a una guerra comercial que él estaba iniciando en 2018, y respetó el acuerdo que concluimos. Pero su comprensión de la Unión Europea es muy limitada.

¿Por qué lo dice?

Al igual que los rusos y los chinos, Estados Unidos siempre intentó desarrollar un enfoque hacia la Unión Europea que no reflejaba lo que debía reflejarse, que la Unión Europea es una entidad, porque los tres siempre intentaban bilateralizar las relaciones entre ellos y la Unión Europea, intentando tener acuerdos, tratos, promesas, procesos entre Estados Unidos, China y Rusia, y los Estados miembros individuales. La Unión tiene que resistir ese enfoque que los otros están desarrollando.

Jean Claude Juncker, en Bruselas.

Jean Claude Juncker

  • Expresidente de la Comisión Europea

Juncker desempeñó un papel clave en la política europea durante varias décadas: fue primer ministro de Luxemburgo entre 1995 y 2013, convirtiéndose en uno de los líderes más longevos de Europa, y posteriormente presidió la Comisión Europea de 2014 a 2019. Miembro destacado del Partido Popular Europeo, Juncker fue y es un firme defensor de la integración europea y de la moneda única, participando activamente en la creación y consolidación del euro.

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Y ahí aparece por ejemplo la defensa.

Tenemos que admitir que nuestros esfuerzos de defensa no han sido suficientemente importantes. Esa es la razón por la que la Unión Europea como tal, y los Estados miembros, están intentando aumentar sus gastos militares. Es lo correcto. No me gusta, porque yo era un firme creyente en el dividendo de la paz, que tuvo lugar a principios de los años 90, porque confiábamos en el presidente Putin, quien en su discurso en el Parlamento alemán en 2001 señalaba que la Guerra Fría había terminado. Y luego cambió, volviéndose cada vez más crítico en lo que respecta a la política occidental.

¿Podemos seguir diciendo entonces que la UE y EEUU son aliados?

Respecto a EEUU somos aliados, pero no esclavos. Recuerde la guerra de Irak, la guerra de Bush. La mitad de nosotros estaba a favor y la otra mitad estrictamente en contra; invitamos a Bush en 2005 a un Consejo Europeo y fuimos capaces de restablecer las relaciones. Con Trump es más difícil porque él no entiende de qué trata la Unión Europea. Y tiene una fuerte animadversión contra Alemania por razones comerciales, y no le gusta el comportamiento del presidente francés, por poner dos ejemplos.  Es un interlocutor muy complicado, porque no sabe nada sobre la UE y sus diferentes Estados miembros.

Pasemos a Ucrania. Usted vivió la crisis de Crimea en 2014. ¿Ayudó suficiente la UE a Kiev en aquel momento?

Creo que al principio de la crisis, esto fue durante mi etapa inicial aquí en Bruselas, dejamos perfectamente claro que estábamos y estamos del lado de Ucrania, porque Ucrania había sido atacada por Rusia en una violación total de los requisitos mínimos del derecho internacional. Y suspendimos nuestras relaciones con Rusia, así que creo que reaccionamos de manera adecuada.

¿Y ahora cree que ha llegado el momento de retomar el contacto con Moscú?

Rusia está donde está. Rusia es nuestro vecino. Y no diría que la expresión “tenemos que normalizar nuestras relaciones con Rusia” es la más adecuada o correcta. Pero, aun así, existe una necesidad continental de que la Unión Europea mantenga el contacto con Rusia. Esto es altamente imposible con Putin, ya que no da ninguna señal de ceder en lo que respecta a Ucrania.
Pero a largo plazo, Rusia tiene que restablecer relaciones normales con la Unión Europea. Eso sí, el primer paso lo tiene que dar Putin, no la UE.

¿Y esto es compatible con un apoyo sostenible a Ucrania, no solo ahora sino también en el futuro cercano?

Creo que tenemos que estar del lado de Ucrania, porque Ucrania ha sido atacada de una manera totalmente ilegal e inaceptable. Pero esa solidaridad a todos los niveles no debería llevarnos a caer en promesas imposibles.

¿Se refiere respecto a la adhesión a la UE?

Sí, sobre todo respecto a eso. Ucrania es un país enorme y esto implica que será muy difícil integrarle en la Unión Europea. La gente subestima cuando promete a Ucrania que puede ser miembro de la Unión Europea mañana por la mañana a las once. Además, tiene un serio problema de corrupción. Intenté resolverlo sin éxito total, porque estaba abordando la dimensión de la corrupción con los distintos presidentes ucranianos, incluido el propio Zelenski. Todo esto llevará tiempo, porque los procesos de adhesión siempre requieren tiempo, energía y la voluntad de comprometerse en ámbitos políticos importantes. Así que Ucrania tiene una perspectiva europea, por supuesto y a largo plazo será miembro de la Unión Europea. Pero no hagamos promesas que no podamos cumplir a corto plazo.

Rusia tiene que restablecer relaciones normales con la Unión Europea. Eso sí, el primer paso lo tiene que dar Putin, no la UE

Otro gran reto para la UE es la migración. ¿Cómo valora las estrategias actuales respecto a este asunto?

Creo que la situación es diferente de un país a otro. Necesitamos una política migratoria común como la que propuse, pero fue rechazada por el Consejo, que consistía en distribuir de manera equitativa a los refugiados por toda Europa. Esto fue bloqueado por varios gobiernos, aunque el Parlamento Europeo sí estuvo de acuerdo.

¿Considera que hay que retomar esa vía?

Creo que la Unión Europea tiene que seguir siendo un refugio para los refugiados, para los verdaderos refugiados, aquellos perseguidos por sus diferencias políticas, filosóficas o religiosas. La Unión tiene que ser el lugar en el mundo donde quienes son perseguidos, quienes son atacados por sus opiniones, encuentren protección; esa es una de las razones de ser de la UE. Pero la Unión Europea no está obligada a aceptar en su territorio a quienes no son refugiados en ese sentido, sino refugiados económicos. La Unión no está para sustituir las políticas económicas y sociales de los países de origen. Tienen toda mi simpatía, pero no pueden creer que tienen derecho a venir a Europa y quedarse en Europa. Así que los recientes compromisos en este ámbito van en la dirección correcta, y obviamente todo esto debe hacerse de manera humanitaria.

¿Entonces qué opina de la regularización masiva que propone el Gobierno español?

Cuando yo era primer ministro en mi pequeño Luxemburgo, hice lo mismo. Había miles de inmigrantes ilegales. Estaban allí. Habían sido en gran medida aceptados por quienes vivían en el país. Y, frente a una fuerte resistencia, sacamos adelante por ley la regularización de los inmigrantes irregulares. Y finalmente fue aceptado por los ciudadanos de Luxemburgo como algo que había que hacer, porque trabajaban en en el país. Tenían empleadores en Luxemburgo. Sus hijos estaban escolarizados en Luxemburgo. Así que es una cuestión para los responsables políticos nacionales. Si quieren regularizar, son libres de hacerlo. Y prefiero una regularización organizada a un comportamiento inhumano.

¿Se imagina la UE en el futuro siendo una federación como reclama Mario Draghi?

La Unión Europea no es un Estado y no debería convertirse en un Estado, porque una amplia mayoría de ciudadanos europeos está en contra de esa idea. El patriotismo europeo de hoy es nacional y europeo. Las naciones no son una invención provisional de la historia, están ahí para siempre. Y este discurso sobre la federación europea es aceptable, siempre que no signifique el abandono del Estado nacional. En general, no soy demasiado entusiasta con la creación de unos Estados Unidos de Europa. Nunca ocurrirá, porque la gente no lo quiere. Y no deberíamos dar la impresión de que nos estamos moviendo en esa dirección.



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