¿dónde Russell marca la diferencia? #F1 #FVDigital

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A estas alturas está claro: con las unidades de potencia que impulsan los monoplazas de Fórmula 1 de 2026 es necesario no salirse nunca, pero nunca, del plan si se quiere explotarlas al máximo en todas las sesiones y cuando más importa.

El primero en subrayar esta novedad —un verdadero punto de ruptura con la Fórmula 1 que existió hasta finales de 2025, cuando el piloto podía poner de su parte en los momentos clave— fue Charles Leclerc. Al término de la clasificación del GP de China, el piloto de Ferrari destacó la importancia de ceñirse al plan establecido junto a los ingenieros en el uso y la recuperación de la energía para poder obtener el máximo rendimiento posible.

“Es mejor estar por debajo del límite, pero hacer siempre lo mismo, que llegar a Q3 y probar algo. Me fastidia un poco porque esa era sin duda una de mis fortalezas en el pasado, pero me acostumbraré, no es un desastre. Aunque seguro que en clasificación no me gusta demasiado, hay algunas cosas que podemos cambiar de cara al futuro que pueden ayudar en esa parte”.

Antes, la imaginación mandaba. Ahora el poder ha decidido que ya ha tenido suficiente de imaginación y la ha dejado de lado. La ejecución del plan lo es todo, y quien antes consiga adormecer los instintos animales que todo piloto posee, antes tendrá la oportunidad real de lograr lo que busca: el máximo rendimiento.

También lo ha entendido bien Andrea Kimi Antonelli, reciente ganador del Gran Premio de China —la primera victoria de su carrera en F1—, con la que ha enviado un mensaje a todo el paddock: podrá ser joven, podrá ser inexperto y menos dado al cálculo, pero para ganar carreras todos tendrán que contar con él.

Pero ojo. Porque el propio piloto boloñés —brillante y lúcido también fuera del coche— ha dado una clave importante para entender las diferencias que hoy existen entre él y el líder del Mundial, su compañero de equipo George Russell.


Andrea Kimi Antonelli, Mercedes

Andrea Kimi Antonelli, Mercedes

Foto di: Dom Gibbons / Formula 1 via Getty Images

Aunque Antonelli fue prácticamente perfecto en Shanghai, todavía hay aspectos que pulir. El primero, el instinto. Andrea, en algunos momentos, todavía se deja llevar demasiado por lo que le dice el corazón (o, si lo prefieres, la intuición), mientras que los monoplazas actuales deben pilotarse casi exclusivamente con la cabeza, ciñéndose al plan establecido. Solo así se pueden aprovechar al máximo los 350 kW que ofrece el MGU-K y la energía almacenada en las baterías. Con un reparto de importancia del 50-50% entre el motor térmico y el eléctrico, no hay margen para compromisos.

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“Con el W17 me siento bien. Aún hay margen de mejora para tenerlo más bajo control”, dijo Antonelli al término del Gran Premio de China, todavía empapado en champán y eufórico por la victoria.

“En la gestión de la batería, George consigue encontrar el punto un poco antes que yo, porque todavía me pasa que actúo por instinto y, sobre todo con estos motores, no te lo puedes permitir”. “Por eso en algunas ocasiones he sufrido un poco respecto a George. Pero el coche lo siento bien”, concluyó.

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