Muchachos muy jóvenes, casi adolescentes, estaban entre los líderes de las recientes protestas en Morón, en la provincia de Ciego de Ávila, en las que tomaron la sede del Partido Comunista y quemaron el mobiliario. Uno de ellos se subió a un poste y colgó … la bandera cubana. El mensaje era claro: amamos nuestro país, pero queremos libertad.
Uno de ellos, de 15 años, resultó herido de un disparo en una pierna, según algunos testigos. A la mañana siguiente, se inició en Morón una caza de brujas y ya se reportan varias detenciones. A Jonathan Muir Burgos, de 16 años, lo dejaron retenido tras acudir a la comisaría de Morón con su padre después de una citación oficial. Las autoridades afirmaron que sería juzgado «con todo el peso de la ley» por participar en las protestas.
No es la primera vez que ocurre. Tras las manifestaciones del 11 y 12 de julio de 2021, más de una veintena de menores de edad fueron detenidos, golpeados, torturados y encarcelados. La mayoría de ellos se niegan a hablar de lo que padecieron tanto por temor a ser devueltos a prisión como a los recuerdos. «Me metieron en un cuarto oscuro, estaba esposado, un militar me golpeaba para que delatara a quienes habían estado en la manifestación», dijo a ABC uno de esos chicos.

La situación en la isla es peor que en 2021: cortes de electricidad más extensos, falta de alimentos e insumos básicos, fronteras casi cerradas por la cancelación de vuelos, paralización casi total del turismo y del transporte, desempleo y cientos de carencias. Miles de jóvenes se van a dormir sin comer, otros ni siquiera pueden desayunar.
«Esto no es una dictadura, es socialismo», gritaba en una escuela de Morón una profesora que regañaba a los adolescentes tras las protestas en la localidad. El vídeo circula por redes sociales y fue grabado discretamente por uno de los estudiantes.
«Se desmayó del hambre»
Al menos 21 presos políticos han sido excarcelados en Cuba tras el acuerdo anunciado la pasada semana con el Vaticano. Paralelamente, otras 15 personas han sido detenidas arbitrariamente por protestar en distintas provincias del país, según denunció el Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH). La ONG resaltó igualmente que se ha registrado un incremento de la represión.
Por otro lado, el grave desabastecimiento de combustibles ha empeorado la crisis humanitaria. Cada vez son más recurrentes las personas, principalmente ancianos, que se alimentan de la basura y de la caridad. «Ayer tuve que ayudar a levantarse a una viejita que se desmayó del hambre y comprarle algo de comer», relató a ABC una joven desde la provincia de Matanzas.
La isla ha vivido trece jornadas consecutivas de protestas: caceroladas, incendios de basureros y exigencias de fin de la dictadura. Y, cada vez menos se ocultan cuando llegan los policías, sino que continúan con la manifestación.
Ante una dictadura cuya única respuesta a las demandas pacíficas ha sido la represión, las torturas y encarcelamientos, la población cubana responde con desobediencia civil. No les han dejado otra alternativa. Es morirse de hambre o por falta de medicinas, o en las calles, luchando por un país mejor, por un futuro que no solo sea largarse.

