
Un informe divulgado en círculos diplomáticos y de inteligencia sostenía hace menos de un mes que Ali Larijani, secretario del Consejo de Seguridad Nacional de Irán —y líder de la Guardia Revolucionaria— apuntaba a ser el sucesor de Alí Jamenei en caso de que la acción armada conjunta de EE UU e Israel acabasen con la vida del líder Supremo iraní. Y así se produjo. Los ataques del 28 de febrero, al inicio de la guerra, acabaron con Jameneí mientras se reunía con la cúpula dirigente del país.
Pero a Larijani no le ha dado tiempo a coger el relevo como delfín y mano derecha de Jameneí que era. Primero, porque el régimen de los ayatolás decidió nombrar a su hijo Mojtabá como líder Supremo del país, pese a los informes que describen que resultó gravemente herido en ese ataque y está “desfigurado”, según la Casa Blanca. Y segundo, porque Larijani también ha perdido la vida en los últimos ataques sobre Teherán, según asegura el Gobierno israelí y no han negado las autoridades iraníes.
Larijani ha intentado equilibrar su figura entre conservador pragmático valorado por Occidente y ser uno de los baluartes del régimen. De hecho, en el informe de inteligencia que apuntaba a su figura como sucesor de Jameneí, se le veía como una pieza central para estabilizar la situación de Irán porque sus conexiones institucionales y con los distintos sectores del poder podrían facilitar una transición ordenada. Su experiencia en el Parlamento y en el Consejo Supremo de Seguridad Nacional lo situaba como una figura capaz de articular consensos. Sus críticos, en cambio, no olvidaban que había tenido un papel protagonista en el diseño de la represión de manifestantes que dejaron en enero miles de muertos, lo que le ha valido que figure entre los responsables iraníes sancionados en enero de esta año por Estados Unidos.
Larijani ha sido una figura central en la política iraní de las tres últimas décadas y era asesor de Jamenei hasta la muerte de este. Conocido por sus posturas diplomáticas, es Secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional desde 2025. Hijo de un gran ayatolá, cumplirá 68 años el próximo 3 de junio. Doctor en Filosofía, fue miembro de los Guardianes de la Revolución, el ejército ideológico de la República Islámica.

Tras la filosofía, se licenció también en informática y matemáticas. Con esa formación y su “linaje” (procede de una influyente familia chiita vinculada al Gobierno), en 1992 ya era ministro de Cultura y Orientación Islámica (con Rafsanjani de presidente). Entre 1994 y 2004, dirigió la IRIB, la Radiodifusión de la República Islámica de Irán, por nombramiento del Líder Supremo.
Tres veces candidato presidencial
En 2005 decidió aspirar a más y desde entonces ha intentado en tres ocasiones presidir el país. Fue candidato aquel año en las elecciones, quedando en sexto lugar, con el 5,83% de los votos. Fuera de la carrera, ese mismo año sucedió a Hassan Rouhani como Secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional. Tras renunciar en 2007, en mayo de 2008, fue elegido presidente de la Asamblea Consultiva Islámica de Irán.
Su labor como asesor especial del Líder Supremo se inició en 2020. Un año después lo volvió a intentar: presentó su candidatura a las presidenciales. Era uno de los favoritos, junto con el intransigente Ebrahim Raisi. Sin embargo, Larijani resultó descalificado por el Consejo de Guardianes. Fue algo que no imaginaban ni sus más acérrimos detractores porque Larijani formaba parte de las altas esferas del poder desde la revolución de 1979. El caso es que fue excluido de los comicios en favor de Raisi, que sí contaba con el apoyo del ahora fallecido Jamenei.
En octubre de 2022, Larijani alcanzó nueva popularidad entre los conservadores moderados y los reformistas por criticar públicamente la represión del régimen. Pedía, por ejemplo, repensar la ley del hiyab obligatorio. “El hiyab tiene una solución cultural. No necesita decretos ni referéndums… Agradezco los servicios del cuerpo policial y el Basij, pero no se les debe asignar esta carga de fomentar el hiyab”, dijo en una entrevista publicada por el diario reformista Ettelaat.
Allí señaló que “una respuesta rígida” no era “la cura”. Y sobre los iraníes que en aquellos días de 2022 salían a la calle, dijo: “Son nuestros propios hijos. En una familia, si un chico comete un delito, tratan de guiarlo por el camino correcto. La sociedad necesita más tolerancia“.
En 2024, Larijani lo volvió a intentar. En mayo de ese año, presentó su solicitud de candidatura para las elecciones presidenciales de 2024. Los comicios se habían adelantado al 28 de junio por la muerte de Raisi en un accidente de helicóptero. Pero volvió a suceder: la candidatura de Larijani no fue aceptada por el Consejo de Guardianes. Finalmente, aquellas elecciones las ganó, en segunda vuelta, Masoud Pezeshkian. En agosto de 2025, el presidente le nombró, por segunda vez, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional.
Este ha sido su último cargo hasta su muerte, si acaba confirmándose. La última vez en la que apareció en público fue el viernes, cuando participó junto a otros miles de personas en una marcha en la capital iraní para desafiar las amenazas a Irán y manifestar su rechazo a la guerra.


