Por undécima jornada consecutiva, los cubanos protestaban este martes en la isla en contra de los cortes prolongados de electricidad y exigiendo el fin de la dictadura. En diferentes localidades del país se reportaron caceroladas y varias personas salieron a las calles de Centro … Habana, en la provincia de La Habana, a manifestarse.
Las protestas coincidieron con el nuevo colapso energético que sacudió al país el lunes, que dejó sin electricidad a millones de ciudadanos. Aunque durante la madrugada del martes se logró restablecer el servicio en algunas zonas, la mayor parte del país permaneció sin servicio eléctrico durante todo el día. Los recientes cortes se han extendido durante más de 30 horas consecutivas, e incluso más. En Matanzas, algunas localidades han reportado la falta de servicio durante más de tres días seguidos.
De igual forma, el abastecimiento de agua se ha agravado. El domingo, también en La Habana, un grupo de vecinos cerraron una calle con cubetas vacías como forma de protesta. Algunas de las manifestaciones, focalizadas en comunidades, se conocen horas después debido a la falta de conexión a internet que suele acompañar a los apagones.
El transporte está casi paralizado en todo el país. Sin embargo, en las calles suele haber patrullaje de vehículos policiales y de la seguridad del Estado: motos, coches jaula y diferentes vehículos cargados de militares armados. En un vídeo publicado por el periodista Mario Pentón se observa una gasolinera con una larga fila de vehículos del aparato represivo a la espera de llenar sus depósitos. A la población se le dejó de vender combustible hace más de un mes, a no ser por una aplicación en la que los turnos de espera se alargan durante semanas.
De igual forma, hay informaciones sobre movilizaciones militares para custodiar las sedes municipales y provinciales del Partido Comunista y del Gobierno, ante el temor de que ocurra lo mismo que en Morón, en la provincia de Ciego de Ávila.

Desde enero, según la información oficial, no entra combustible en Cuba salvo de forma clandestina, como constató ABC. Hace unas semanas, entró un buque ruso. Cuba necesita unos 110.000 barriles diarios de crudo para satisfacer la demanda nacional, de los cuales solo produce unos 40.000.
La pasada semana el mandatario cubano, Miguel Díaz-Canel, reconoció que se habían acabado las reservas de combustible del país.
De igual modo, Díaz-Canel confirmó que el régimen se encontraba en en negociaciones con Estados Unidos para llevar a cabo ciertas reformas y una apertura a cambio de «buscar soluciones» a la asfixia económica que vive la isla. Una información que ya avanzó ABC en febrero, cuando desveló los contactos que el régimen cubano tenía con funcionarios de la Administración Trump en México. Como guiño a la Casa Blanca en este proceso, las autoridades han prometido la apertura de la inversión privada a los cubanos residentes en el extranjero.
«Cambios insuficientes»
Pero dichos cambios anunciados por Cuba «no son lo bastante drásticos» y no van a arreglar nada. Con esa frase, pronunciada ayer por el secretario de Estado, Marco Rubio, junto a Donald Trump, la Casa Blanca lanzó una advertencia que va más allá de la crítica económica y apunta directamente al corazón del régimen: Washington considera que el sistema cubano ya no se sostiene, que no puede corregirse con ajustes menores y que necesita un relevo político de fondo.
«Tienen que cambiar drásticamente», afirmó el secretario de Estado. Y remató con una idea todavía más clara: «Tienen que poner a gente nueva al mando».
No fue una observación aislada. Trump dejó entrever que prepara nuevos movimientos sobre la isla. «Cuba ahora mismo está en muy mala situación», dijo el presidente, antes de añadir que la Administración está centrada en ese frente y que «haremos algo con Cuba». No quiso concretar qué medidas estudia, pero Rubio sí fijó que el embargo sigue ligado a un cambio político en la isla y la apertura anunciada por La Habana no altera ese cálculo en Washington.
Consciente de la debilidad del régimen cubano, la Casa Blanca está redoblando su presión. Horas antes de que Rubio dudara de los cambios anunciados y exigiera más, el propio Trump daba un paso más en esta dirección. «Creo que yo tendré el gran honor de tomar Cuba, es un gran honor», se respondió a sí mismo en una conversación con los medios en el Despacho Oval. «Ya sea que yo la libero o me la apodero. Creo que yo podría hacer lo que quisiera con ella», respondió cuando le preguntó un periodistas.
«Creo que Cuba ya ve el final. Toda mi vida he estado escuchando todo eso sobre EE.UU. y Cuba… ¿cuándo lo haría EE.UU.?», se preguntó en una referencia a una intervención en la isla, cuyo territorio está a apenas 150 kilómetros de la costa de Florida. Y, por lo que se ve, cada día más cerca.


