El conflicto en Oriente Próximo amenaza con ampliar la grieta entre Estados Unidos y la Unión Europea. La escasa respuesta recibida por Trump para garantizar la navegación por el estratégico estrecho de Ormuz, bloqueado por Irán, desató ayer una agria reprimenda de la Casa … Blanca, mientras los Veintisiete descartaban sumarse con buques de guerra a ese esfuerzo.
El presidente norteamericano criticó la falta de entusiasmo que percibe en algunos aliados ante su petición de ayuda para asegurar el paso por el que circula el 20% del crudo mundial y reprocha que países a los que Washington ha protegido durante décadas no quieran ahora involucrarse ni siquiera en una operación limitada.
Trump viene a decir que muchos de esos países llevan años beneficiándose de la protección y del gasto militar de Estados Unidos, valorado en decenas de miles de millones de dólares, y que esa relación puede entrar en cuestión si ahora, en plena guerra con Irán, no responden cuando Washington les pide apoyo. «Creo que hay uno o dos que no lo harán», dijo Trump, en alusión a aliados que se resisten a implicarse, «pese a que llevamos unos 40 años protegiéndolos a un coste de decenas de miles de millones de dólares, señor presidente de la Cámara».
A su lado estaba Mike Johnson, el líder republicano de la Cámara de Representantes, clave en la aprobación del gasto público y de la financiación de este tipo de compromisos. Trump añadió: «Se lo comunicaré a la Cámara y al Senado, y diré: ‘¿Por qué estamos protegiendo a países que no nos protegen a nosotros?’». Siempre he pensado que esa era una debilidad de la OTAN».
Trump lleva días reclamando que otros países se impliquen en la protección del estrecho de Ormuz, el paso marítimo por el que transita una parte esencial del petróleo mundial. Afirma que EE.UU. no es el país que más depende de esa ruta y, sin embargo, vuelve a ser quien asume el coste militar y político de garantizar su seguridad. Por eso venía presionando a aliados y socios comerciales para que aportaran medios navales, apoyo logístico o al menos una adhesión política clara a la operación de vigilancia y disuasión en la zona.
Ahora, Trump ha endurecido el tono y ha convertido esa petición en un reproche directo a aliados que, a su juicio, llevan décadas beneficiándose del paraguas militar de Washington sin corresponder cuando llega la hora de ayudar. En su versión, países como Japón, China, Corea del Sur y varios europeos dependen mucho más que EE.UU. del paso seguro por Ormuz. «Japón recibe el 95%, China el 90%, muchos europeos reciben bastante y Corea del Sur el 35%», vino a decir, antes de subrayar que «queremos que vengan y nos ayuden».

Lo más duro de su intervención llegó cuando describió la respuesta de algunos de esos socios. Trump aseguró que, al pedirles medios concretos, como dragaminas, algunos le contestaron: «Preferimos no involucrarnos, señor». Y remachó con una frase que resume toda su vieja denuncia contra las alianzas desiguales: «Llevamos 40 años protegiéndoos y no queréis involucraros en algo mínimo». También añadió: «El nivel de entusiasmo me importa». «Se dispararán pocos tiros».
Trump intentó además rebajar la magnitud del riesgo militar para dejar en evidencia aún más a quienes rehúsan participar. Dijo que la misión sería limitada, que «se van a disparar muy pocos tiros» y que Irán «ya no tiene muchos disparos». En esa misma línea, sostuvo que Teherán ha utilizado siempre Ormuz como «arma económica», pero que «no va a poder usarla por mucho tiempo». Incluso llegó a describir al régimen iraní como «un tigre de papel»: «No era un tigre de papel hace dos semanas; ahora es un tigre de papel».
El mensaje de Trump es también una reprimenda política a aliados a los que acusa de vivir de la protección estadounidense mientras evitan asumir costes cuando Washington pide apoyo. «He sido un gran crítico de estar protegiendo países porque sé que nosotros los protegeremos y, si alguna vez necesitamos ayuda, no estarán ahí para nosotros», dijo. Es la misma idea que repite desde hace años, ahora aplicada al estrecho de Ormuz y formulada en pleno pulso con unos socios a los que exige que pasen de las palabras a los barcos.
Antes, Trump ya había atacado a España por negarse a facilitar el uso de las bases de Rota y Morón para la campaña contra Irán y por rechazar implicarse en la seguridad del estrecho de Ormuz, alineándose con las críticas de dirigentes republicanos que la retratan como un aliado poco fiable.
La Unión Europea dejó ayer clara su postura. No enviará barcos de guerra para proteger la navegación comercial en Ormuz y por ahora su única decisión es contemplar el refuerzo de la misión naval Aspides, que ya se encuentra desplegada en el mar Rojo aunque según los expertos no tiene entidad suficiente para hacer frente a la amenaza de los misiles iraníes lanzados contra los mercantes de los que Irán considera «países enemigos».
La alta representante para la política Exterior europea, Kaja Kallas, que presidió la reunión de los ministros de Asuntos Exteriores, había propuesto precisamente una discusión acerca de esta posibilidad, pero constató que entre los ministros «no había mucho interés» por esta posibilidad.
Acercamiento a la India
El ministro indio de Exteriores, Subrahmanyam Jaishankar, había sido invitado a esta reunión dado que este país está teóricamente muy afectado por la posible interrupción del comercio debido a esta guerra y por ello informó a sus colegas europeos sobre sus propias opciones en este campo, ya que algunos de sus mercantes han podido atravesar la zona. La presencia del representante de la India se considera otro mensaje a Washington sobre la capacidad y el interés de la UE para apoyarse en aliados alternativos.
De hecho, al término del consejo de ministros Kallas dijo que la mayoría de los ministros habían apoyado pedir el cese de hostilidades y el inicio de negociaciones diplomáticas, una vez que después de dos semanas de ataques las capacidades militares de Irán han sido claramente reducidas.
Para Kallas, «esta no es una guerra europea, pero esta situación nos perjudica. Tenemos la misión Aspides en la región del mar Rojo. Esa misión tiene que reforzarse porque actualmente cuenta con pocos medios y necesita mucho más». Kallas confirmó que había propuesto a los ministros que autorizasen la extensión del campo de aplicación de la misión naval, una opción que ya había negociado durante el fin de semana con el secretario general de la ONU, António Guterres, pero ahora mismo en la UE «nadie quiere ir activamente a esta guerra porque todo el mundo está preocupado por las posibles consecuencias».
A la pregunta de si la declaración de que no es una guerra europea pretende adaptarse a la proclamación que ha hecho el Gobierno iraní según la cual Ormuz está cerrado solo para los enemigos de Irán, la Alta Representante se desmarcó de esta idea, diciendo que en este caso es difícil de evaluar porque hay numerosos factores que intervienen a la hora de determinar la verdadera nacionalidad de un barco, si es la del armador, la de la aseguradora, la del propietario de la carga, la de la nacionalidad de los tripulantes y que al final «cada barco tiene un capitán» que es el responsable de decidir si emprende o no determinada singladura.
Y también explicó que las posibles consecuencias del bloqueo marítimo no afectan solo a los europeos, por ejemplo con la interrupción del transporte de fertilizantes. «Si no hay abonos este año, las cosechas del año que viene se pueden resentir y provocar episodios de hambruna en ciertos lugares del mundo, lo que puede desencadenar movimientos migratorios hacia Europa».

