#Salud: por qué aparece y cómo controlarlo

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El frizz en el cabello se nota como hebras levantadas, textura áspera y un volumen que parece “sin control”. Suele empeorar con la humedad porque el pelo reacciona al agua del ambiente, pero no siempre es señal de descuido. A veces es solo por porosidad, hábitos diarios o el tipo de fibra. Con unas pautas claras, se puede reducir en liso, ondulado, rizado y también en cabello teñido.

¿Qué pasa en la fibra capilar cuando aparece el frizz?

La superficie del pelo tiene una capa externa llamada cutícula, que funciona como tejas superpuestas. Cuando esas “tejas” están alineadas, el cabello refleja mejor la luz y se siente suave. En cambio, si se levantan por daño o resequedad, entra y sale agua con facilidad.

Ahí aparece el frizz: la fibra se hincha de forma irregular y el peinado pierde forma. La queratina, que es la proteína principal del pelo, no “se rompe” de golpe, pero sí se debilita con el tiempo. La porosidad (qué tan fácil absorbe agua) sube cuando la cutícula no sella bien, y el encrespamiento se vuelve más frecuente.

Causas más comunes del encrespamiento: desde la humedad hasta el daño

La humedad ambiental es la causa más visible. El cabello seco “busca” agua, la toma del aire y se expande, por eso se esponja. Sin embargo, no actúa sola. El lavado con agua muy caliente o champús muy agresivos arrastra aceites naturales, y deja la cutícula más expuesta.

El calor de planchas y secadores, sobre todo sin protector, desordena la cutícula y aumenta la aspereza. Algo parecido pasa con químicos como tinte o decoloración, que vuelven el cabello más poroso. Además, la fricción diaria suma: frotar con toalla, cepillar en seco, usar gorros o bufandas ásperas, incluso rozar con ropa sintética. En climas fríos también aparece electricidad estática, y el pelo “se separa” en mechones rebeldes.

El sol y la contaminación resecan y degradan la fibra. Por otro lado, la acumulación de productos puede dejar el pelo pesado y opaco, y el agua dura (con muchos minerales) dificulta el enjuague. La salida práctica suele ser la misma: hidratar, sellar y proteger.

Foto Freepik

¿Cómo controlar el frizz con una rutina sencilla que sí se sostiene?

Un control real empieza en la ducha. Si hay resequedad, conviene un lavado suave; un champú sin sulfatos puede ayudar en algunos casos, sobre todo si el cuero cabelludo lo tolera bien. El acondicionador funciona mejor solo de medios a puntas, porque ahí falta más lípido natural.

El enjuague con agua más fresca ayuda a que la cutícula quede más asentada. Luego, el secado marca diferencia: en lugar de frotar, se presiona con microfibra o una camiseta de algodón. Para desenredar, se gana mucho usando un peine de dientes anchos con el pelo húmedo. Tocar y “acomodar” mientras seca suele multiplicar el frizz, especialmente en ondas y rizos.

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En el acabado, la cantidad importa. Una crema de peinar va bien en cabello grueso u ondulado; un sérum ligero suele encajar en cabello fino o liso. El exceso, en cambio, termina en acumulación y sensación pesada.

Protección y reparación: lo que marca la diferencia en semanas

Cuando se usa calor, el protector térmico deja de ser opcional. Bajar temperatura y preferir aire templado o frío reduce el daño acumulado. En rizos, el difusor ayuda a secar sin desarmar la forma. En algunos casos, un secador iónico disminuye la estática y mejora el acabado.

Para mejorar el frizz a medio plazo, conviene alternar mascarillas hidratantes con cuidados con proteínas si el cabello está poroso o muy tratado. Ingredientes como aceite de argán o coco aportan suavidad y sellado, mientras péptidos o proteínas pueden dar cuerpo cuando hay debilidad. Si el pelo se siente apagado o “con película”, una limpieza clarificante ocasional puede reiniciar la textura. Ante quiebre, puntas muy abiertas o frizz extremo tras decoloración, un profesional puede ajustar el plan y recortar daño real.

El frizz suele ceder cuando se combinan hidratación, cuidado de la cutícula, uso constante de protector térmico y menos fricción. A partir de ahí, todo mejora cuando cada persona identifica qué causa domina en su caso y ajusta su rutina con calma y constancia.

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