#Salud: Estas son las posturas al dormir que provocan más arrugas

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Muchas líneas que aparecen al despertar no son solo “cosas de la edad”. A menudo son arrugas del sueño, marcas que nacen de repetir la misma presión noche tras noche contra la almohada. Como se pasan horas sin moverse, la piel se pliega siempre en el mismo punto y, con el tiempo, esa marca puede quedarse.

La buena noticia es que suelen prevenirse con cambios simples, sin convertir la hora de dormir en una obligación.

Por qué la postura al dormir puede marcar la piel (aunque se use buena crema)

Cuando la cara, el cuello o el escote quedan aplastados contra una superficie, se combinan dos fuerzas: compresión y roce. La compresión “dobla” la piel en un surco repetido, y el roce con la funda añade fricción. Ese gesto constante también puede afectar la microcirculación local, con menos aporte de oxígeno en la zona comprimida, lo que no ayuda a una piel que busca repararse de noche.

Además, a partir de los 30 a 35 años baja de forma progresiva la producción de colágeno y ácido hialurónico. Como resultado, la piel pierde grosor y rebote, y las marcas se fijan antes. Aun así, no es la única causa. La genética, el sol, el tabaco y el estrés también pesan. Y en la práctica, varios expertos señalan que dormir mal, por ejemplo con despertares frecuentes, puede envejecer más que la postura por sí sola.

Las posturas que más arrugas provocan y dónde suelen aparecer

Las posturas con más papeletas para dejar huella son las que apoyan la piel contra la almohada durante horas. En general, las zonas que más lo notan son la cara, el cuello y el escote, porque ahí la piel se pliega con facilidad y suele estar más expuesta.

Con el tiempo, incluso puede “delatarse” un hábito. Si alguien duerme casi siempre sobre el mismo lado, es común que un lateral del rostro muestre líneas más marcadas en mejilla y sien, y que el cuello repita un pliegue parecido.

Dormir de lado: la arruga “en espejo” en mejilla, cuello y escote

Al dormir de lado, la mejilla queda atrapada entre el peso de la cabeza y la almohada. Esa piel se aplasta y se arruga en diagonal, como si se plegara una tela fina una y otra vez. Si el hábito se repite, la marca matinal puede transformarse en una línea más estable. En el escote también se nota. La postura lateral comprime el pecho y puede crear pliegues verticales. Además, evitar cambios bruscos de peso ayuda a que la piel tolere mejor estas tensiones.

Foto Freepik

Dormir boca abajo: presión máxima y más fricción contra la almohada

Dormir boca abajo suele ser la postura más agresiva para la piel. Presiona más superficie del rostro, obliga a girar el cuello y aumenta el roce, lo que favorece marcas y, en algunas personas, más hinchazón al despertar. Como la zona queda comprimida, la microcirculación se resiente más. Si el objetivo es prevenir arrugas del sueño, esta suele ser la primera postura que conviene intentar abandonar.

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¿Cómo reducir las arrugas del sueño sin complicarse?

Dormir boca arriba suele ser la postura antiarrugas más clara, porque reduce la presión directa. Aun así, no conviene forzarla a cualquier precio; si empeora el descanso, el cuerpo lo nota. Para facilitar el cambio, ayuda una almohada de altura moderada, que no obligue al cuello a plegarse, y un apoyo lateral suave que evite girarse sin darse cuenta.

También cuenta el contacto. Las fundas de seda o satén suelen generar menos fricción que el algodón, y una almohada diseñada para reducir puntos de presión puede mejorar el apoyo. Antes de acostarse, conviene proteger el sueño. Reducir pantallas y no llevar el móvil a la cama favorece un descanso más profundo; cuando falta sueño, aumentan procesos asociados al envejecimiento, como la glicación. Un masaje breve en frente y rictus relaja la musculatura y activa la circulación.

En cosmética, durante el día funciona un sérum reafirmante y fotoprotección. Por la noche, una crema nutritiva y activos como retinoides y ácido hialurónico, según tolerancia. De forma ocasional, un peeling enzimático suave puede aportar vitalidad si la piel lo admite.

Al final, la postura importa, pero no trabaja sola. Menos presión, menos fricción y un sueño más continuo suelen dar una piel con mejor aspecto al despertar. El mejor plan es el que cuida la piel sin convertir la noche en una pelea con la almohada.

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