Donald Trump se ha propuesto que el legado de su presidencia trascienda las fronteras de Estados Unidos y se proyecte sobre todo el continente americano, con la ambición de que perdure más allá de su paso por la Casa Blanca. Frente a décadas en las … que las redes políticas de la izquierda bolivariana, articuladas en plataformas como el Foro de São Paulo o el Grupo de Puebla, han marcado buena parte de la coordinación continental, el presidente estadounidense ha impulsado ahora un bloque de gobiernos ideológicamente afines a sí mismo para reforzar la cooperación en seguridad, inmigración, comercio y lucha contra el narcotráfico.
El escenario elegido para lanzar esa iniciativa fue Trump National Doral, el complejo de golf que el propio presidente posee en Miami. Allí mismo, durante su primer mandato, la Casa Blanca llegó a plantearse organizar una cumbre del G-7 que finalmente no se celebró tras las críticas por un posible conflicto de intereses. Esta vez, sin embargo, Trump sí reunió en este paradisíaco resort a doce jefes de Estado y de Gobierno de América Latina y el Caribe en la llamada cumbre ‘Escudo de las Américas’.
Entre los asistentes figuraban algunos de los dirigentes más cercanos políticamente al presidente estadounidense en el mundo de habla hispana: el argentino Javier Milei, el salvadoreño Nayib Bukele, el ecuatoriano Daniel Noboa, el paraguayo Santiago Peña y el presidente electo chileno José Antonio Kast. También participaron Luis Abinader, de República Dominicana; Rodrigo Chaves, de Costa Rica; José Raúl Mulino, de Panamá; Nasry «Tito» Asfura, de Honduras; Rodrigo Paz, de Bolivia; el presidente de Guyana, Irfaan Ali, y la primera ministra de Trinidad y Tobago, Kamla Persad-Bissessar.
Trump los fue saludando uno a uno en un ambiente distendido, con bromas y comentarios personales para varios de ellos. Al presidente salvadoreño, Nayib Bukele, le recordó lo joven que era cuando llegó al poder. «Ya no eres tan joven, pero lo haces igual de bien», le dijo entre risas. A la primera ministra de Trinidad y Tobago, Kamla Persad-Bissessar, le comentó que su nombre de pila le recordaba al de Kamala Harris. «Deberías cambiarlo o te vas a arruinar la reputación», bromeó. También hubo guiños para el argentino Milei y el hondureño Asfura, a quienes recordó que contaron con su respaldo político. «Iban por detrás y yo les ayudé a subir», les dijo.
El tono general del encuentro fue relajado, con frecuentes risas y comentarios informales antes de entrar en la agenda política de la cumbre. Trump cedió la palabra a su secretario de Estado, Marco Rubio, que habló brevemente en español: «No son solo aliados, son ustedes amigos. Están ahí cuando tenemos una necesidad». El presidente escuchaba divertido, después de haber comentado que Rubio tenía la ventaja de ser bilingüe. «Se me dan bien los idiomas, pero ya es tarde para aprender vuestra puñetera lengua», bromeó. Después tomó la palabra el secretario de Defensa, Pete Hegseth, que se jactó de hablar únicamente «en americano».
Contrapeso político y estratégico
La cita buscaba sentar las bases de una nueva arquitectura política en el continente alineada con Washington y centrada en cooperación militar, seguridad regional y combate al narcotráfico. Para la Casa Blanca, el objetivo es consolidar una red de gobiernos cercanos a Estados Unidos capaz de actuar como contrapeso político y estratégico a los espacios de coordinación que durante años han impulsado los movimientos de izquierda en América Latina.
Trump puso como ejemplo de esa nueva estrategia lo ocurrido en Venezuela. Recordó ante los dirigentes presentes la operación estadounidense que acabó con la captura de Nicolás Maduro, a quien describió como «uno de los grandes narcos del continente». El presidente sostuvo que Washington había demostrado con esa operación que estaba dispuesto a actuar contra los carteles y las estructuras criminales en la región. También destacó que ahora Estados Unidos mantiene una relación de trabajo con el gobierno encabezado por Delcy Rodríguez tras la caída de Maduro. «Digo que Delcy Rodríguez está haciendo las cosas bien porque hace lo que le decimos», afirmó Trump ante los líderes presentes. «Si no fuera así, no diría que está haciendo un buen trabajo».
¿Qué hace de este club bautizado como Escudo de las Américas algo diferente? Fuentes de la Administración Trump explican que la cumbre busca reforzar la cooperación entre Estados Unidos y doce países socios del continente. En ese marco, los participantes se comprometen a coordinarse frente a problemas comunes como «el crimen transnacional, el narcoterrorismo, la inmigración ilegal masiva y la injerencia de actores externos en la región», en una referencia implícita tanto a la presencia de China como a la influencia de Rusia en América Latina.
Pero es llamativo que Trump firmara un documento que no era un acuerdo multilateral entre los países presentes, sino una proclamación presidencial titulada «Compromiso para combatir la actividad criminal de los carteles». En él, el presidente declara como prioridad estratégica de Estados Unidos la destrucción de los carteles de la droga y de las organizaciones terroristas que operan en el continente americano.
Alianza militar
La proclamación anuncia además la creación de la ‘Coalición de las Américas contra los cárteles’, una alianza de carácter militar en la que participan representantes y mandos de 17 países del continente. Según el documento, estos países están dispuestos a emplear poder militar para derrotar a estas organizaciones y eliminar su capacidad de operar en la región.
La firma del documento llegó al final del acto. Trump se sentó en una pequeña mesa colocada en el centro del escenario y rubricó la proclamación mientras los dirigentes invitados observaban desde detrás. A su alrededor estaban, entre otros, el argentino Javier Milei, el salvadoreño Nayib Bukele, el ecuatoriano Daniel Noboa y el paraguayo Santiago Peña, además de otros líderes presentes en la cumbre. Tras firmar, el presidente levantó el texto para mostrarlo a las cámaras mientras el resto de mandatarios aplaudía.
En realidad no se trataba de un acuerdo multilateral entre los países presentes. Según explicaron fuentes diplomáticas, el documento se cerró muy tarde y las delegaciones no tuvieron tiempo de revisar ni negociar un tratado conjunto. Lo que Trump firmó fue una proclamación presidencial, en la práctica un decreto, con el que Estados Unidos fija su estrategia para combatir a los carteles y organizaciones criminales en el continente.
Después de estampar su firma, el presidente siguió uno de sus gestos habituales en este tipo de ceremonias: comenzó a repartir entre los líderes varios de los rotuladores negros que había utilizado para firmar el documento. Los fue entregando uno a uno mientras los presentes aplaudían y los fotógrafos captaban el momento. El gesto cerró el acto en el mismo tono distendido con el que había comenzado la reunión.


