«Hace frío y no recibimos ayuda, pero nos sentimos seguros y las explosiones suenan un poco más lejos», explica Mohamed Issa, padre de nueve hijos, que ha encontrado refugio en un descampado frente al mar en Summerland, zona de viviendas de lujo de Beirut … tomada por cientos de desplazados internos, la mayoría sirios.
Dos órdenes de evacuación masiva por parte de Israel en apenas 48 horas, una en las localidades al sur del río Litani y otra en los barrios al sur de la capital, ponen al Líbano «a las puertas de un desastre humanitario», en palabras del primer ministro, Nawaf Salam.
Las escuelas habilitadas como refugio están completas y en ellas solo pueden entrar libaneses. A los refugiados sirios, que llevan años en el país, solo les queda la calle.
Mohamed salió de casa con una bolsa de ropa para cada hijo, unas latas de conserva y su moto. Ahora goza de una de las mejores vistas en una parte de la ciudad con hoteles de lujo como el Lancaster o el Movenpick, pero vive en la miseria absoluta. Lo mismo le sucede a Alí, que abandonó su hogar, en la zona roja marcada por Israel en el mapa de Beirut con sus dos hijos, uno de ellos enfermo. «Lo peor es el frío por las noches; no pudimos sacar ni las mantas y es helador el viento que llega del mar. Algunas personas se acercan con agua y bocadillos y eso es todo lo que tenemos, pero estamos a salvo. ¡Ojalá acabe pronto!», comenta Alí, que pudo salvar un hornillo de gas y calienta agua para preparar un té.
Modelo de Gaza
Una semana después de que Estados Unidos e Israel incendiaran Oriente Próximo con el ataque sorpresa contra Irán, el Líbano arde bajo los bombardeos que han matado a más de 200 personas. Los combates entre Hizbolá y el Ejército israelí en la frontera sur son intensos. La guerra toca de nuevo la puerta de un país agotado en el que al menos 300.000 personas se han visto obligadas a desplazarse por la fuerza en dos días, según los datos del Norwegian Refugee Council. Este organismo humanitario recordó que estas órdenes de evacuación «plantean serias preocupaciones bajo el derecho internacional humanitario, que prohíbe el traslado forzoso de poblaciones civiles. No parecen tener justificación militar y no ofrecen ninguna garantía de paso seguro ni apoyo para quienes huyen, y agravan el sufrimiento de cientos de miles de familias».
Mohamed y sus nueve hijos han huido de las bombas israelíes y están en plena calle.
(MIKEL AYESTARAN)
La organización Medical Aid for Palestinians (MAP) denunció que Israel trata de aplicar a Líbano el modelo empleado en Gaza, donde también ordenó evacuaciones masivas en lugares como Ciudad de Gaza. Según MAP, esta estrategia incluye «castigo colectivo, desplazamiento forzoso y el terror deliberado contra poblaciones civiles». Ministros israelíes como Bezalel Smotrich han comparado también al Líbano con Gaza y, en una visita a la frontera norte, declaró que planeaban convertir la zona de Dahiyeh, los barrios del sur de Beirut, «en algo como Jan Yunis», ciudad arrasada de la Franja
La capital libanesa es una urbe pequeña en la que, por mucho que trate la gente de alejarse de los barrios del sur, los bombardeos estremecen. El suelo tiembla, los hongos de humo se elevan entre los edificios y recuerdan a los desplazados que Israel cumple sus amenazas. El zumbido de los drones se ha convertido en acompañamiento habitual y, entre explosión y explosión, las familias que han escapado a la zona de la Corniche observan las llegadas y salidas de los vuelos de la compañía nacional, Middle East Airlines, que no han dejado de operar pese a la complicada situación de seguridad.
Adiós a Hizbolá
«Esto es una catástrofe, hace frío, viento y la gente está en la calle. Los refugios están llenos porque el número de desplazados es muy alto y en muy breve espacio de tiempo. Tenemos experiencia previa y nos hemos movilizado, pero las necesidades son demasiado grandes. Necesitamos de todo, pero lo más inmediato son colchones y mantas», explica Najat Aoun Saliba, parlamentaria y científica libanesa. Saliba piensa que «la gente no está lista para una guerra larga, tiene que acabar pronto y ser la última. El Gobierno apoya la decisión de desarmar Hizbolá, ya no hay más respaldo a sus acciones militares y si lo hacen están fuera de la ley. Es hora de decir no a Hizbolá porque no queremos más guerras».
Además de ilegalizar la lucha armada de la milicia chií, el Gobierno libanés prohibió cualquier actividad de la Guardia Revolucionaria de Irán, uno de los principales respaldos de Hizbolá, e inició los trámites para deportar a sus miembros del país.
«Es hora de decir no a Hizbolá porque no queremos más guerras»
Najat Aoun Saliba
Parlamentaria del Líbano
Lejos del pulso interno entre las autoridades y Hizbolá, pero víctimas directas del mismo, los desplazados que ocupan las calles elevan la mirada al cielo con cada explosión. «Ha sido una sorpresa. Esperábamos que Hizbolá entrara en combate tras el asesinato de Jamenei, pero cuando llega la primera explosión te pilla por sorpresa. Yo estaba en casa y pensé que Dios no podía existir, no podía meternos en otra guerra», explica Walid. Tras aguantar los primeros días en Dahiyeh, finalmente optó por salir al escuchar la orden de evacuación del portavoz militar israelí el jueves. «Aquí seguimos y estamos vivos… de momento», afirma ante la inmensidad del Mediterráneo, donde ha buscado protección.

