ProConsumidor está ¨lento¨, dicen los ciudadanos

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En la República Dominicana, hablar de defensa al consumidor debería ser hablar de rapidez, firmeza y prevención. Sin embargo, para muchos ciudadanos la experiencia con Pro Consumidor no siempre transmite esa sensación. Aunque la institución fue creada para garantizar la equidad y la seguridad jurídica en las relaciones entre proveedores y consumidores, y la Ley 358-05 establece que sus disposiciones deben interpretarse de la forma más favorable para el consumidor, en la práctica persiste la percepción de que muchas respuestas llegan tarde, especialmente cuando el daño al usuario ya ocurrió y la medida debió tomarse antes. La propia ley prevé que la decisión de la Dirección Ejecutiva sea notificada a las partes en un plazo no mayor de quince días contados desde su emisión, lo que refuerza la idea de que el sistema debe ser oportuno, no simplemente correcto en el papel.

El problema no es solamente cuánto tarda una resolución formal, sino cuánto tarda la actuación efectiva frente a situaciones que afectan a miles de consumidores. En temas de publicidad engañosa, incumplimientos de garantía, cláusulas abusivas, retrasos en entregas o servicios defectuosos, muchas veces la sensación ciudadana no es que falte base legal, sino que falta velocidad institucional. Y ahí está una de las críticas más fuertes: una defensa del consumidor que llega cuando el abuso ya se masificó pierde parte importante de su valor. Las medidas preventivas, las advertencias tempranas y las intervenciones ágiles suelen ser tan importantes como las resoluciones finales. La propia base legal de Pro Consumidor contempla su rol de dictar medidas y resoluciones frente a incumplimientos y violaciones a la normativa, lo que hace más visible la expectativa de una actuación más temprana cuando el interés público lo exige.

También hay que reconocer algo que forma parte de la realidad institucional: Pro Consumidor opera en medio de una tensión permanente entre el poder económico del empresariado y la necesidad de protección del consumidor común y del público en general. No se trata de negar que existe presión de sectores empresariales, ni de desconocer que regular con firmeza puede generar resistencia de actores con influencia económica y mediática. Esa presión es real en cualquier sistema de protección al consumidor. Precisamente por eso, la ciudadanía espera que la institución sea más decidida, más visible y más rápida cuando el interés general choca con intereses particulares. Si la entidad existe para equilibrar una relación naturalmente desigual entre proveedor y consumidor, entonces su fortaleza no puede medirse solo por estadísticas de gestión, sino por su capacidad de intervenir a tiempo en favor de la parte más vulnerable. La ley, de hecho, define como objeto del régimen garantizar equidad y seguridad jurídica en las relaciones entre proveedores y consumidores.

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Es cierto que Pro Consumidor ha presentado cifras positivas de desempeño. La institución informó haber conciliado más del 93.3 % de las reclamaciones presentadas en 2025, y en 2024 reportó haber resuelto el 92 % de más de 11 mil denuncias y reclamaciones, además de presentarse como una de las instituciones de mejor desempeño administrativo del año 2025. Esos datos muestran actividad y capacidad operativa. Pero incluso aceptando esas cifras oficiales, sigue siendo válido cuestionar si resolver mucho significa necesariamente resolver a tiempo. Una institución puede cerrar una gran cantidad de casos y aun así dejar insatisfecha a la población si la percepción dominante es que la respuesta llega cuando el perjuicio ya está consumado. Ahí es donde entra la diferencia entre eficiencia estadística y eficacia real para proteger derechos.

Por eso, la discusión no debe limitarse a si Pro Consumidor trabaja o no trabaja. La discusión de fondo es si actúa con la urgencia que requiere la defensa del consumidor moderno. En mercados donde una promoción engañosa puede difundirse masivamente en horas, donde un proveedor puede afectar a cientos de familias con prácticas abusivas, y donde las redes sociales aceleran tanto la publicidad como el daño, una respuesta lenta equivale muchas veces a una protección incompleta. Resolver es importante, pero prevenir y reaccionar a tiempo lo es aún más. Pro Consumidor tiene la misión, la base legal y la legitimidad pública para hacerlo; lo que muchos ciudadanos esperan ahora es más celeridad, más medidas anticipadas y menos sensación de espera interminable.