Mientras los refugiados del sur y los de los suburbios sur de Beirut siguen llegando en masa a todo el país, el conflicto se extiende por todo el Líbano. Zonas que antes se salvaban ahora sufren bombardeos, sumiendo a la población en una profunda … ansiedad.
Poco después de la medianoche del miércoles, se escuchó una fuerte explosión en una región al norte de la capital, teóricamente alejada de las zonas atacadas. Pero fue especialmente por la mañana cuando las señales de la expansión del conflicto se hicieron más apremiantes.
Los bombardeos israelíes eran predecibles, en represalia por los ataques de Hizbolá, pero su ubicación fue sorprendente: en el corazón de zonas cristianas, incluso cerca del Palacio Presidencial de Baabda. La cuestión no es que un hotel fuera el objetivo: parece que un personaje de alto perfil debía de encontrarse allí. Lo sorprendente es que los miembros de Hizbolá bloquearon rápidamente el acceso a la zona.
En contacto con el alcalde del sector, el doctor Abou Nader, excomandante en jefe de las Fuerzas Libanesas, se pregunta “cómo es posible que los equipos de rescate y el equipo de seguridad de Hizbolá llegaran antes que el Ejército y la Defensa Civil para retirar el cuerpo del iraní que se encontraba entre los escombros del Hotel Comfort”.
Esta pregunta se la hacen los residentes indignados, como Rita: “Desde la última guerra, hemos estado advirtiendo sobre la afluencia de personas que se asientan en nuestra zona. Entre ellos hay refugiados desplazados, pero también miembros de Hizbolá. Ocultos entre la población, nos están poniendo a todos en peligro. ¿Cómo es posible que, a pocos pasos del Palacio Presidencial, la milicia chií pueda moverse a su antojo? ¡Estoy furiosa con todos!”.
Incluso debilitado, Hizbolá permanece presente y activo. Los chiíes desplazados temen responder a las preguntas de los periodistas y a veces se les prohíbe hablar.
“Desde la última guerra, hemos estado advirtiendo sobre la afluencia de personas que se asientan en nuestra zona. Entre ellos hay refugiados, pero también miembros de Hizbolá”
No todos los libaneses del sur son chiíes. Hay cristianos en la región, específicamente en algunas aldeas de la frontera. A pesar de la orden general de evacuación, algunos se han negado a irse. Este es el caso de Sarah, de Ain Ebel: “Planeamos quedarnos, también la gente de Alma Chaab, Debel, y Rmeich. De nuestro cuatro pueblos, sólo el 10% de las familias se han ido. En cambio, la gente de Qawzah ha sido desplazada. Rmeich alberga en sus casas a unas 50 familias chiíes de Bent Jbeil, Ainata y Aytaroun”.
La joven trabajadora social continúa: “Decidí quedarme porque esta tierra no es solo un lugar para mí: es mi hogar, mis recuerdos y mi gente. En momentos de crisis, las comunidades necesitan a quienes las conocen, comparten su dolor y las acompañan. Como trabajadora humanitaria de esta zona, no puedo imaginarme irme mientras las familias a mi alrededor se enfrentan al miedo, los desplazamientos y la incertidumbre. Quedarme no es solo una decisión personal; es una responsabilidad. Significa apoyar a nuestras comunidades, y recordarles que no están solas. Irme habría sido más fácil. Pero, cuando tu gente vive con miedo y desplazamientos, te quedas. Los acompañas, los apoyas…”
Cansada de la situación, Sarah admite: “Todos tenemos miedo. Es humano, especialmente cuando ves la incertidumbre a tu alrededor y cuando las personas que quieres están en riesgo. Pero no podemos dejar que el miedo nos guíe. Lo que nos mantiene aquí es más fuerte que el miedo: un sentido de responsabilidad y solidaridad con nuestra comunidad. Es muy pesado emocionalmente. Cuando las personas comienzan a escuchar los mismos sonidos y a ver las mismas señales, los recuerdos de 2024 regresan enseguida. Es como reabrir una herida que nunca se cerró. Pero lo notable es la resiliencia de la gente, a pesar de todo. Se apoyan mutuamente e intentan mantener viva la esperanza. Como trabajadora humanitaria, puedo ver lo importante que es apoyar no solo las necesidades básicas, sino también el bienestar emocional de las personas. En el sur del Líbano, la resiliencia no es un eslogan, es nuestra forma de sobrevivir cada día aun si estamos agotados. Tras años de crisis económica, conflicto e inestabilidad, las familias desean seguridad y poder llevar una vida normal. La principal preocupación es proteger a sus hijos, sus hogares y su futuro. La gente quiere estabilidad, dignidad y la oportunidad de reconstruir su vida.”
“Irme habría sido más fácil. Pero, cuando tu gente vive con miedo y desplazamientos, te quedas”
Mientras una parte del sur se lanza a las carreteras y la otra intenta resistir en su tierra, los residentes de Beirut siguen conmocionados por los ataques aéreos. Paty acaba de regresar a casa después de tres horas fuera. Relata: “Recibimos una orden de evacuación debido a un presunto ataque a un edificio frente al Palacio de Justicia, detrás de nuestra casa. Ya nos habíamos despertado sobresaltados cuando bombardearon Hazmieh. A las diez, tuvimos que irnos, llevando solo nuestros documentos y pasaportes. Pensé en salir a la carretera a esperar un rato, pero mi esposo fue operado recientemente y no quiero correr ningún riesgo. Fuimos a casa de mi cuñada.”
Paty continua: “Por primera vez, me siento frágil porque somos rehenes tanto de Hizbolá como de los israelíes. Esta pesadilla parece interminable. Mi corazón está apesadumbrado por la tristeza y la rabia; ya no puedo expresar mi dolor. Viví la guerra de 1975. Dejó profundas cicatrices en mi corazón y mi mente. Cada vez que me recupero, comienza otra guerra. Es una sensación terrible: 50 años de guerra son una experiencia increíblemente larga y dolorosa para un país como el nuestro.”

