A media mañana, después de dos días de carreras y de bajadas al refugio en la ciudad, el profesor de la Universidad de Tel Aviv Meir Javedanfar, irano-israelí, ha salido a comprar huevos y algo de comida mientras responde a la entrevista de ABC. … «Así es la guerra». Experto en política iraní y relaciones internacionales, analiza las claves del conflicto, sus límites y los escenarios que se abren a corto y medio plazo.
—¿Cree que la operación militar de este fin de semana es un episodio puntual o un conflicto duradero y estructural entre Irán, Israel y Estados Unidos?
—La guerra va a continuar de forma estructural. Donald Trump se enfrenta a elecciones al Congreso y al Senado y no quiere llegar a esos comicios con una guerra abierta, sin horizonte y sin un plan claro de salida. Por eso pienso que el conflicto no está pensado como una guerra sin fin. Va a continuar hasta el punto en que Trump considere que ha alcanzado sus objetivos o que es imposible alcanzarlos. En ese momento, lo detendrá inmediatamente.
—¿Cuál de las dos opciones cree que se va a dar: que consiga lo que quiere o que sea imposible lograrlo?
—Su objetivo principal es destruir el programa nuclear de Irán y llevar a los iraníes de vuelta a la mesa de negociaciones, para que acepten un desmantelamiento total de su programa nuclear y el fin completo del enriquecimiento de uranio en su territorio. En Israel existe una gran preocupación: si los iraníes le ofrecen eso a Trump, él aceptará. Si ve que no puede cambiar el régimen, pero obtiene concesiones nucleares reales, estará de acuerdo.
—¿Cree entonces que el cambio de régimen es secundario para Trump?
—En este momento quiere cambiar el régimen pero, si después de tres o cuatro semanas entiende que no es posible y que el régimen no está en peligro, y si Irán le ofrece algo serio sobre el programa nuclear, Trump lo aceptará. Si ve que la guerra no va a ningún lado, la parará.
—¿Qué opina del cambio de régimen? ¿Es posible desde fuera o desde la situación interna del país?
—Está cerca, pero no es sencillo. El pueblo iraní intentó un cambio de régimen en enero y el régimen respondió matando 30.000 manifestantes. Ahora Estados Unidos e Israel creen que, si apoyan al pueblo iraní, este puede acabar con el régimen. Eliminan a altos cargos políticos y militares y atacan los cuarteles que se usan para reprimir a los manifestantes, como los de la Guardia Revolucionaria y las fuerzas de seguridad.
«En Israel existe una gran preocupación: si los iraníes le ofrecen a Trump el fin de su programa nuclear, él aceptará y no habrá cambio de régimen»
—Hay quien dice que es imposible cambiar un régimen sin tropas sobre el terreno. ¿Cree que el pueblo iraní podría hacerlo solo?
—El pueblo iraní quiere. Lo máximo que puede hacer Trump es eliminar a los líderes más duros del régimen y destruir la infraestructura represiva que se usa contra los manifestantes. Eso es lo que se está haciendo ahora.
—¿La estrategia iraní basada en los ‘proxys’ (aliados) —Hizbolá, Hamás, Yihad Islámica— ha fracasado definitivamente?
—Ha fracasado totalmente. Lo máximo que puede hacer ahora Hizbolá es lanzar algunos cohetes contra Israel, que son interceptados, mientras Israel elimina a figuras clave, incluso miembros de su Parlamento. Es algo inédito en la historia moderna: un ejército convencional derrotando a guerrillas que normalmente vencen precisamente porque no luchan de forma convencional. Además, en el Líbano hay mucha gente cansada de Hizbolá y de guerras inútiles contra Israel. Parece claro que la Inteligencia israelí cuenta con apoyo interno libanés.
—¿Cómo ha podido quedar tan solo Irán? ¿Cuál ha sido su error?
—El primer error fue no querer reformar nada. El liderazgo iraní fue siempre conservador y arrogante, tanto en política interna como exterior. Muchos presidentes intentaron reformas, incluso Ahmadineyad (presidente de Irán entre 2005 y 2013) quiso mejorar relaciones con Estados Unidos, pero no se lo permitieron. El segundo error fue rodearse de aduladores, especialmente desde 2020, personas que solo decían al líder lo que quería oír.
—¿Eso explica su vulnerabilidad?
—Sí. Irán es cuatro veces más grande que España y, aun así, el líder supremo no salió de su oficina. Todo el mundo sabía dónde estaba. Israel lo mató allí. Eso demuestra miedo y parálisis o una arrogancia enorme. Tuvo muchas oportunidades para cambiar sus políticas, incluso con Biden, que quería volver al acuerdo nuclear. En lugar de eso, se alineó con Putin en Ucrania contra Estados Unidos.
—¿Ha pagado Jamenei su arrogancia?
—Sí. Arrogancia y negativa a reformar. El régimen está pagando ese precio.
«El primer error de Jamenei fue no querer reformar nada. El segundo, rodearse de aduladores»
—¿Cómo afecta a la estabilidad interna que haya desaparecido la cúpula del régimen?
—La muerte del líder supremo ha creado un vacío enorme. No se puede nombrar a un sucesor de un día para otro. En un sistema así hay que preparar a la persona durante años, crear consensos entre facciones, oligarquías económicas y aparatos de seguridad. Jamenei fue presidente ocho años antes de ser líder supremo. Ahora no sabemos quién puede sustituirlo.
—¿Su sustituto podrá controlar el régimen?
—Será muy difícil. Las facciones empezarán a presionar, a disputarse privilegios, recursos, poder. Además, el líder supremo nunca quiso nombrar sucesor por miedo a que este construyera su propia red y lo desafiara. Ahora el régimen paga ese error.
—¿Qué ha pasado con los países de la región?
—Irán ha regresado a los años 80. Ataca y amenaza a los países del Golfo pensando que puede intimidarlos. Siempre ocurre lo mismo: esos países terminan apoyando a los enemigos de Irán. Pasó con Sadam Husein. Los saudíes y kuwaitíes no lo soportaban pero, cuando Jomeini empezó a amenazarlos y a incitar revueltas chiíes, vieron a Saddam como un mal menor y financiaron su guerra contra Irán.
—¿Cuál es el estado del programa nuclear iraní?
—Está prácticamente parado. Esta guerra no es para destruir el programa nuclear, sino para obligar a Irán a aceptar su desmantelamiento total y a firmar que no desarrollará nada en su territorio. Para Israel, la prioridad son los misiles y el cambio de régimen.
—Vive en Tel Aviv. ¿Cómo se están viviendo los ataques con misiles?
—Es duro, especialmente para los niños. No hay colegio, hay que bajar constantemente a los refugios. Pero el país está unido. La mayoría votaría contra Netanyahu, pero nadie quiere seguir viviendo bajo esta amenaza. Irán patrocinó a Hamás, a Hizbolá, a la Yihad Islámica y atacó directamente a Israel en 2024. Aquí se ve al pueblo iraní como un aliado natural contra un enemigo común.
«La mayoría votaría contra Netanyahu, pero nadie quiere seguir viviendo bajo esta amenaza»
—¿Cómo están reaccionando Rusia y China?
—No están haciendo nada. No van a sacrificar sus intereses con Estados Unidos por Irán. Tienen prioridades mucho mayores. La burbuja iraní ha estallado: se creían un superpoder pero, sin el respaldo real de Rusia y China, no podían sostener esta confrontación.
—¿Quién empujó a Jamenei a creer en ese poder?
—La Guardia Revolucionaria y otros sectores con intereses armamentísticos. Cada centavo invertido en misiles acababa en sus bolsillos. Convencieron al liderazgo de que los misiles bastaban para convertir a Irán en una potencia.
—La última pregunta es sobre España. ¿Cómo se ve desde ahí la postura del Gobierno español?
—Aquí hay sorpresa. España es el único país que ha adoptado una posición equidistante. Es un Gobierno socialista que defiende derechos humanos y de las mujeres, y este régimen iraní ha asesinado a decenas de miles de personas y reprime brutalmente a las mujeres. No se entiende por qué Pedro Sánchez parece desconectado de la realidad y de la historia.


