La soledad de un joven piloto en la F1: emotiva confesión de Bearman #F1 #FVDigital

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En la pista parecía un veterano, pero fuera de los focos, Oliver Bearman luchaba contra las dificultades que conlleva la Fórmula 1. Tras una impresionante temporada de debut en 2025 con Haas F1, en la que terminó 13º en el campeonato, por delante de su experimentado compañero Esteban Ocon, el británico ofrece ahora una visión profunda sobre todo lo que vivió. ¿El mayor problema de su primer año en la categoría reina? La soledad.

Mientras que momentos destacados como su cuarto puesto en el Gran Premio de México acaparaban los titulares, la realidad en la habitación del hotel solía ser muy diferente para Bearman.

“Sí, he luchado contra la soledad en la Fórmula 1”, confiesa el joven piloto de 20 años en el podcast High Performance. El salto desde la Fórmula 2 no solo fue muy grande en términos deportivos, sino especialmente en términos humanos”.

“Pasas mucho más tiempo viajando y vas a lugares que están mucho más lejos”, explica Bearman sobre la carga logística y psicológica. “En Japón o China te encuentras con barreras lingüísticas. Es una sensación extraña cuando ya no oyes tu propio idioma a tu alrededor”.

Al joven le afectó especialmente el marcado contraste del fin de semana de carrera: “Vives un extremo en la pista: estás rodeado de cientos de personas, no tienes ni un segundo para ti mismo. Y luego vuelves a tu habitación de hotel y no hay nadie”.

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La soledad pesaba especialmente después de los malos días: “Es un reto, sobre todo después de una carrera dura. En esos momentos, lo único que quieres es estar en cualquier otro sitio menos allí. Quieres estar con tu familia o con alguien a quien quieres”.

Aunque su padre lo acompañaba a muchas carreras, no podía estar en todas: “Hubo momentos difíciles en los que hubiese deseado tener a alguien con quien compartir mis pensamientos y mis sentimientos. Pero supongo que eso es parte del juego”.

Ayuda del entrenador personal: “Acumulé mis emociones”

Bearman admite abiertamente que a principios de 2025 corría el riesgo de caer en una especie de depresión. En su patria adoptiva, Mónaco, vivía solo con su novia, lejos del resto de su familia.

“Al principio, simplemente acumulaba mis emociones. Llegaba a casa y estaba vacía. Me sentaba allí y, en realidad, solo esperaba a volar a la siguiente carrera. Toda mi vida giraba en torno a ello, sin descanso”.

Para lidiar con los contrastes, la extrema diferencia entre el bullicio de la pista y el vacío abrumador que seguía a cada carrera, el británico buscó ayuda profesional con un entrenador personal.

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La mirada del “Ollie” de diez años

El trabajo sobre su propia mentalidad dio sus frutos. Bearman aprendió a dar un paso atrás y ver las cosas desde la distancia.

“La perspectiva es importante”, subraya hoy. “Hay momentos que pueden ser duros, pero si le contara a mi yo de diez años lo que hago hoy, ese niño estaría muy feliz“.

Eso mismo se ha convertido para él en uno de los motivos más importantes para sobrevivir en el competitivo mundo de la Fórmula 1, no solo en el ámbito deportivo, sino también en el humano.

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