Inmaculada Pérez, que desde hace años organiza peregrinaciones y acompaña a grupos a Tierra Santa, lleva desde este sábado tratando de sacar de Israel a un grupo de 32 turistas. Exhausta, tras «mucho estrés, mucha tensión y mucha incertidumbre», desde la frontera con Jordania … explica a ABC que ya casi lo ha conseguido. «Esto está siendo un calvario. Estamos cansados y queremos volver a casa ya. Me parece fatal que el Gobierno no haya hecho nada y no se haya interesado nada de nosotros», asegura.
«El domingo, viendo cómo evolucionaba la situación, escribí a la Embajada de España en Israel. Tienen un teléfono de WhatsApp para emergencias y les pedí indicaciones: cómo proceder, cómo podían asistirnos o, al menos, que supieran que yo estaba aquí como representante de una agencia coordinando dos grupos. Les informé de nuestros horarios, días de llegada y salida. Me pidieron un listado con pasaportes, fechas de caducidad, teléfonos, correos… Les facilité todo», explica.
Sin embargo, desde el consulado no llegó ninguna solución e Inmaculada, desde Israel, y su jefe Juan, desde España, se activaron para buscar una alternativa rápida. «Aquí había informaciones contradictorias: unos decían que habían cerrado el espacio aéreo, otros que se cancelaban vuelos, o que el cónsul de otro país aseguraba que no habría salidas. Al final, un diplomático nos ha aconsejado salir de aquí cuanto antes. Hemos conseguido vuelos el martes desde Amán. Volaremos primero a Estambul y, desde allí, el día 4, regresamos a Madrid», explica en la frontera con Jordania.
«El sábado deberíamos habernos alojado en Belén, pero al ser territorio palestino tuvimos que cancelarlo: podíamos entrar, pero no nos garantizaban que pudiéramos salir. Así que regresamos a Nazaret, donde nos habíamos alojado antes», narra. «Allí nos atendieron muy bien los franciscanos, pero no podíamos salir del hotel. Cada dos por tres saltaba el móvil con alertas extremas en varios idiomas. Estuvimos analizando la situación sin saber si movernos o quedarnos quietos».
«Ese día yo estaba con un grupo camino del Monte de las Bienaventuranzas cuando empezaron a sonar las alarmas en todos nuestros móviles. Celebramos misa allí y nos refugiamos en una cripta del santuario hasta que pudimos volver al hotel. Oíamos pum, pum de fondo, quizá misiles o aviones militares. Era un contraste enorme: un paisaje precioso, el mar de Galilea, y al mismo tiempo ese sonido lejano. En Nazaret sonaron las alarmas varias veces. No salimos del hotel. Se oían aviones y algún bum lejano», dice Inmaculada. Entonces decidieron ir a Jerusalén.
Los peregrinos, reunidos en la basílica de la Transfiguración, en Israel.
(ABC)
Comedores bajo tierra
Explica que «los refugios de los hoteles suelen ser grutas, salas de conferencias subterráneas o comedores bajo tierra. Nada que dé sensación de precariedad. Y gracias a Dios hemos podido estar en contacto con nuestras familias todo el tiempo porque hay wifi en autobuses y hoteles».
Este domingo en Jerusalén «primero sonaron las alarmas en los móviles, y luego las sirenas. Normalmente, cuando suenan las sirenas, significa que tienes unos diez minutos para meterte en un búnker. Después escuchamos una explosión fuerte, un bum que hizo temblar el hotel, vibraron las paredes y el suelo. Luego me dijeron que había caído a unos 35 km. Pero la gente reaccionaba con mucha calma. Un guía local nos dijo: ‘Israel está constantemente en guerra; cuando tenemos una época larga de paz, nos extraña’. Eso nos tranquilizó un poco».
«En el consulado me dijeron que no habían recibido ninguna información sobre vuelos para repatriar a españoles»
Allí Inmaculada preguntó en el consulado si se contemplaba un vuelo militar para repatriar a españoles. «Me dijeron que no habían recibido ninguna información al respecto desde España y me preguntaron también qué alternativas teníamos sobre la mesa», explica. «Air Europa nos dijo que en una situación tan convulsa no podían garantizar que nuestros vuelos se mantuvieran. Y desde el seguro nos dijeron que al ser situación de ‘fuerza mayor’, la responsabilidad recae en el Gobierno español», señala.
Dice que este lunes en Jerusalén «sonaron dos veces seguidas la alarma del móvil y las sirenas». «Primero sonó a las 7 y todo el mundo bajó al refugio del hotel. Estuvimos unos diez minutos y el personal del hotel nos indicó que podíamos volver a las habitaciones. Pero volvió a sonar otra vez y tuvimos que bajar de nuevo. Después ya sí que pudimos salir para dirigirnos a la frontera», desde donde habló con ABC. «En Jerusalén, vida normal. Suena la sirena y te vas corriendo al refugio, que es como un salón tremendo», subraya con tono frustrado. «Ahora mismo estoy con el guía y el conductor de Jordania porque vamos a cruzar la frontera. Estamos justo en el paso fronterizo. La idea es salir hoy mismo de Israel», detalla.
«Después del Covid, es lo peor que me ha pasado»
Desde España, Juan Corpas, director de Tecum Viajes, lleva dos días moviendo contactos para traerlos cuanto antes a España y dice que la situación «es horrible, después del Covid es lo peor que me ha pasado». «Es un grupo de peregrinos de Andalucía, pero hay personas también de México, de París y de Riad», detalla. Ahora está más tranquilo porque «tenemos buenos proveedores, con capacidad de reacción y bien coordinados» y ha encontrado billetes de avión y hotel para todos.
Efectivamente, Inmaculada y el grupo de peregrinos consiguieron llegar a Amán por la tarde, tras varias horas en la frontera con Jordania. «El control de pasaportes fue muy tedioso. La policía local estaba bajo mínimos por el Ramadán. Había tensión porque todos queríamos salir cuanto antes. Mañana volaremos a Estambul en dos turnos, yo saldré con los últimos», explica cansada al final del día. «Hoy no he desayunado ni almorzado, pero ya estamos aquí», dijo antes de irse a dormir.


