«Es la hora de que el pueblo de Irán recupere el poder. Sed valientes, sed audaces, sed heroicos y tomad vuestro país». Donald Trump cerró así, mirando a cámara, un mensaje que fue mucho más que una declaración institucional. La alocución fue una invitación … abierta al levantamiento interno y, en la práctica, la confirmación de que la operación militar lanzada por Estados Unidos ya no es solo un castigo estratégico, sino una apuesta explícita por el colapso del régimen.
La intervención, difundida en vídeo desde Florida, tuvo el tono de un parte de guerra leído por un comandante en jefe que habla a la vez a sus tropas, a sus aliados y a sus enemigos. No hubo periodistas en la sala ni turno de preguntas. Desde que ordenó el inicio de las hostilidades, Trump no ha comparecido ante la prensa en formato abierto. Ha optado por mensajes grabados y declaraciones puntuales a medios afines, sin someterse al escrutinio directo.
En esta ocasión, el presidente anunció que en las últimas 36 horas Estados Unidos y sus socios han ejecutado «una de las ofensivas más grandes y complejas que el mundo haya visto». Bautizada como «Operation Furia Épica», la campaña ha alcanzado, según su relato, «cientos de objetivos» en territorio iraní: instalaciones de la Guardia Revolucionaria, sistemas de defensa aérea y activos navales. Aseguró que nueve buques iraníes y una instalación de construcción naval fueron destruidos «en cuestión de minutos».
Trump afirmó que el «antiguo líder supremo» está muerto y que con él ha desaparecido «toda la cúpula militar». No aportó más detalles sobre la operación que habría acabado con el líder iraní, pero describió escenas de celebración en las calles de Irán tras conocerse la noticia. «Las voces del pueblo iraní podían oírse celebrando», dijo, dibujando un escenario de euforia popular que contrasta con la opacidad habitual en contextos de guerra.
La Casa Blanca confirmó también que tres militares estadounidenses han muerto en combate. Trump habló de ellos como «verdaderos patriotas» y admitió que «probablemente habrá más» bajas antes de que termine la campaña. «Es lo que es», añadió, en una frase seca que dejó entrever que la operación no ha entrado en su fase final. Aseguró que Estados Unidos «vengará» sus muertes y que el golpe contra lo que calificó como «terroristas que han hecho la guerra contra la civilización» será «el más castigador».
El discurso combinó la épica nacional con la amenaza directa. Trump ofreció «inmunidad total» a miembros de la Guardia Revolucionaria, del Ejército y de las fuerzas policiales iraníes que depongan las armas. «O rendición o muerte segura. No será bonito», advirtió. El mensaje parece diseñado para fracturar la cadena de mando y acelerar deserciones en la estructura de seguridad iraní. Según su versión, «miles» estarían llamando para negociar su salvación.
El presidente justificó la ofensiva como una necesidad histórica: impedir que un régimen al que definió como «patrocinador número uno del terrorismo» disponga de misiles de largo alcance y armas nucleares. «No vamos a permitir que ocurra», repitió. Vinculó la campaña a la seguridad de Israel y presentó la intervención como una obligación moral para proteger a las futuras generaciones.
Horas antes de la difusión del vídeo, en una conversación telefónica con el diario británico ‘Daily Mail’, Trump apuntó que la guerra «podría durar cuatro semanas». La estimación introduce por primera vez un horizonte temporal aproximado, aunque sin garantías. En público, el presidente ha evitado fijar plazos concretos y ha insistido en que las operaciones continuarán «hasta que se cumplan todos los objetivos».


