
En el paddock pocos discuten el talento de Fernando Alonso. Pero cuando quienes hablan son los que han trabajado codo con codo con él, el elogio adquiere otra dimensión. Rob Smedley, ingeniero británico que coincidió con el asturiano en su etapa en Scuderia Ferrari, ha vuelto a quitarse el sombrero ante el bicampeón del mundo en el podcast High Performance.
Y no lo ha hecho con medias tintas.
“Fernando era una máquina. En ese momento, Fernando era como tener a Max en el coche”, afirmó Smedley. Una comparación que no es casual ni gratuita. Para el ingeniero, el paralelismo entre Alonso y Verstappen va mucho más allá del talento puro.
Nunca se toma un día libre
Smedley, que fue ingeniero de pista de Felipe Massa durante aquellos años en Maranello, recuerda el impacto que supuso la llegada de Alonso al equipo italiano. No solo por su velocidad, sino por su mentalidad.
“Es un piloto al que le tengo un enorme respeto. Como competidor, se parece mucho a Max. Lo da todo cada día. Nunca se toma un día libre”, explicó.
Y ahí está, quizá, la clave que define la carrera del ovetense. No es solo una cuestión de manos al volante. Es obsesión, es dedicación absoluta, es vivir por y para competir. Alonso no desconecta. Cuando no estaba en la Fórmula 1, buscó Le Mans, Daytona, el Dakar o la IndyCar. Porque su combustible no es la gasolina, es la competición.
En eso, precisamente, Smedley ve el espejo actual en Verstappen: dos pilotos que viven para correr, que no entienden este deporte como un trabajo sino como una forma de vida.
La psicología de un líder
Más allá de la comparación, el ingeniero británico subraya un aspecto fundamental: la fortaleza mental. Alonso aterrizó en Ferrari en un entorno complejo, con un competidor fuerte al otro lado del garaje y con un coche que, especialmente en 2012, no era el mejor de la parrilla.
Y aun así, luchó por el Mundial hasta la última vuelta.
“Fernando llega a cada fin de semana concentrado al 100% en su misión de ganar. Está centrado al 100% en el premio máximo, el Mundial”, insistió Smedley.
Aquella temporada 2012, frente a Sebastian Vettel y el imbatible Red Bull Racing, sigue siendo uno de los mayores ejercicios de resistencia competitiva que se recuerdan en la era moderna. Un coche inferior, una desventaja técnica evidente… y, aun así, Alonso llegó vivo a la última carrera.
¿Arrogancia? No. Confianza basada en hechos
A lo largo de su carrera, a Alonso se le ha acusado en ocasiones de exceso de confianza. De arrogancia. Smedley lo ve de otra manera.
“Tienes una confianza desmesurada, ¿verdad? No es arrogancia, es confianza, porque se basa en hechos. No es algo superficial. Simplemente eres muy, muy bueno en tu trabajo”, explicó.
Esa es la diferencia. No es pose. No es discurso vacío. Es la seguridad de quien sabe cuánto trabaja y hasta dónde puede llegar. Una autoconfianza que, según el británico, ayudó a que el equipo se cohesionara rápidamente a su alrededor.
“Se dio cuenta de que el equipo se unió rápidamente a él y se encontró en un entorno que realmente le convenía”, añadió.
La comparación de Alonso con Max no es baladí. Ambos comparten una característica que los separa del resto: la obsesión por ganar. No gestionan su carrera pensando en estadísticas, sino en victorias. No compiten por sumar, compiten por arrasar. Alonso lo demostró en Ferrari luchando contra maquinaria superior. Verstappen lo ha demostrado recientemente manteniéndose en la pelea incluso cuando el coche no era dominante.
Dos perfiles distintos en carácter, pero idénticos en ADN competitivo.
Y esa, quizá, es la mayor definición que puede hacer un ingeniero que ha visto desde dentro lo que significa convivir con uno de los mejores pilotos del siglo XXI.
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