Pakistán ha terminado por dinamitar la espiral de represalias con Afganistán al bombardear Kabul, Kandahar y Paktia este viernes en medio también de Ramádan, un mes sagrado en el islam enfocado en la buena práctica espiritual. Las autoridades de Islamabad ya afirman que están … en un estado de «guerra abierta». Los ataques aéreos suponen la escalada más grave desde el regreso de los talibanes en 2021.
Lo que comenzó con escaramuzas fronterizas se ha convertido en un intercambio militar. Pakistán ha acusado en reiteradas ocasiones que sus vecinos alojan a soldados de Tehreek-e-Taliban (TTP), conocidos como los talibanes paquistaníes, una alianza de agrupaciones militantes muy diversas que se unieron en 2007 después de que se emprendieran operaciones contra miembros relacionados con Al-Qaida.
Estos estarían operando desde territorio afgano para lanzar ataques en la frontera. El objetivo de los talibanes paquistaníes es derrocar al gobierno de Islamabad para establecer un emirato basado en la ley islámica. Las agresiones son principalmente ataques suicidas contra mercados, aeropuertos, mezquitas y bases militares. Fueron los responsables del atentado contra la Premio Nobel de la Paz Malala Yousafzai en 2012. Afganistán niega que esté permitiendo la logística de estas operaciones y argumentan que esto se produce por brechas de seguridad internas y se desligan de los TTP.
Adiós a la «contención diplomática»
La última escalada de violencia comenzó a finales de 2024 con una serie de ataques en territorio paquistaní. Esto culminó en un intercambio de represalias con numerosos civiles y militares muertos. Turquía, Qatar y Arabia Saudí intentaron sin éxito mediar para rebajar la tensión, pero al no ver resultados -aunque sí consiguieron un alto el fuego temporal- optaron por salir de la mesa de diálogo dejando un vacío que otros actores regionales no han podido ocupar hasta hoy.
El detonante final del conflicto fue el ataque el pasado 6 de febrero contra la mezquita chií Khadija Tul Kubra de Islamabad, en el corazón de la capital paquistaní, que dejó un saldo de más de 40 fallecidos y 170 heridos. El Estado Islámico de Pakistán reclamó la autoría, las autoridades vincularon la estrategia al TTP. Esto obligó al gobierno a abandonar la «contención diplomática» y llevar a cabo la Operación Ghazab Lil Haq (Ira de la Justicia) este viernes con bombardeos aéreos de su ejército a las ciudades de Kabul, Kandahar y Paktia.
Funeral de musulmanes chiítas, un día después de un atentado suicida con bomba en la mezquita Khadija Tul Kubra.
(AFP)
La Operación Ghazab Lil Haq habría dejado al menos 100 talibanes muertos, más de 200 heridos, la destrucción de 27 puestos afganos y la captura de otros nueve. Y Kabul habría matado a 55 soldados paquistaníes y capturado 19 posiciones de la Línea Durand y dos bases, aunque este extremo aún no ha sido confirmado por el Gobierno de Pakistán.
La frontera Línea Durand
Los dos países comparten la frontera de la Línea Durand, de aproximadamente 2.600 kilómetros, un límite disputado históricamente por los talibanes y escenario de intensos combates en los últimos años. El acuerdo transfronterizo de 1893 para establecer esta área nunca ha sido ratificado oficialmente. En 2025 hubo más de 600 soldados y policías paquistaníes muertos, principalmente en Jaiber Pastunjuá y Baluchistán, las dos provincias fronterizas, según el ‘think tank’ International Crisis Group (ICG).
Un soldado comprueba los documentos de las personas que cruzan a Pakistán, en la frontera entre Pakistán y Afganistán en Chaman.
(EFE)
Los innumerables choques han colocado a la región como epicentro del terrorismo yihadista desde la llegada de Osama Bin Laden en 1996 hasta su muerte en 2011, según recoge el Real Instituto Elcano. La caída de Bin Laden en Abbottabad (Pakistán) puso en evidencia al gobierno por haber actuado como aliado de la OTAN mientras albergaba al líder de Al-Qaida en su territorio. Actualmente esta situación tras la muerte del yihadista se ha revertido y el objetivo ahora es volver a acercarse a la Casa Blanca. E jefe del ejército, Asim Munir, y el primer ministro, Shehbaz Sharif, se han reunido en varias ocasiones con Donald Trump para hablar sobre la situación de la zona.
Este enfrentamiento se produce en medio de las tensiones entre Estados Unidos e Irán para llegar a un acuerdo sobre el programa nuclear de Teherán, que están en negociaciones «significativas» después de haber celebrado una tercera ronda de conversaciones indirectas en Ginebra.


