#Salud: Esto es lo que ocurre si cambias el café por matcha durante 7 días

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Cambiar el café por matcha durante una semana se ha vuelto un experimento común. Muchas personas buscan menos altibajos, mejor foco y un despertar que no termine en nervios. El interés suele crecer cuando aparece la promesa de una energía estable, más sostenida y con menos “temblor” interno.

Conviene aclararlo desde el inicio, el matcha también tiene cafeína. La diferencia es que suele sentirse distinta, en parte por la L-teanina, un compuesto natural del té que puede aportar una sensación de calma mientras mantiene la atención. Aun así, si el consumo de café era alto, los primeros días pueden traer molestias leves. El cuerpo se adapta a rutinas, y cuando se cambia el combustible, se nota. Para muchas personas, el punto clave no es “más energía”, sino energía más predecible y un sueño menos frágil.

Café vs. matcha: qué cambia de verdad en el cuerpo

La diferencia más obvia es la cafeína por toma. Una taza de café suele rondar unos 95 mg (y puede ser más, según método y tamaño). En el matcha, la cifra suele moverse entre 30 y 70 mg por taza, según la cantidad de polvo y cómo se prepara. Esa brecha ya modifica el día, sobre todo si antes se encadenaban varias tazas.

También cambia la “curva” del efecto. El café suele dar un pico rápido, con subida clara y, en algunas personas, una caída posterior. En el matcha, el empuje tiende a ser más gradual. La L-teanina ayuda a que la activación se sienta más suave, con atención sostenida y menos agitación.

Hay otro detalle importante, con el matcha se consume la hoja completa del té verde molida. Por eso aporta más compuestos propios del té, como catequinas (incluida la EGCG), que suelen asociarse a su perfil antioxidante. No es magia, pero sí un cambio real en lo que entra al organismo.

Día a día: sensaciones típicas durante una semana sin café

Durante los primeros dos o tres días, la persona que era muy cafetera puede notar dolor de cabeza, más cansancio o cierta irritabilidad. A veces aparece una sensación rara al empezar la mañana, como si faltara “la chispa” habitual. En realidad, muchas veces es ajuste a un pico de cafeína menor y a un ritmo distinto de activación.

Hacia la mitad de la semana, suele llegar una fase más estable. El matcha puede ofrecer energía sostenida durante cuatro a seis horas, con menos necesidad de “rescates” a media tarde. En ese punto, algunas personas describen menos nerviosismo y menos bajón después de concentrarse mucho.

El sueño también puede cambiar. Si se reduce la cafeína total y se toma temprano, a veces cuesta menos conciliarlo. Sin embargo, si se toma tarde, puede ocurrir lo contrario. En el estómago, algunas personas notan menos acidez que con el café. Otras, en cambio, se molestan si toman matcha en ayunas o muy concentrado.

En tareas de estudio o trabajo, la combinación de cafeína y L-teanina suele sentirse como atención más limpia. No siempre aumenta el rendimiento, pero sí puede facilitar un estado mental más constante.

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Foto Freepik

Beneficios posibles y efectos secundarios sin exagerar

Tras siete días, lo más citado es un foco relajado y menos “jitter”, ese temblor interno que algunos sienten con el café. También suma el aporte de catequinas como la EGCG, que encajan con hábitos de bienestar cuando la dieta ya acompaña. En cambio, la pérdida de peso no aparece por arte de magia. El matcha puede apoyar el metabolismo, pero solo si va con sueño suficiente, movimiento y comida coherente.

En el lado menos agradable, puede haber insomnio si se toma tarde, malestar digestivo si se prepara muy cargado, o abstinencia más intensa si el salto desde mucho café es brusco. En embarazo, ansiedad marcada, problemas de tiroides o uso de medicación, lo prudente es consultarlo con un profesional y ajustar la cafeína con calma.

¿Cómo hacer el cambio sin sufrir? Preparación y hábitos que ayudan

El cambio suele ir mejor cuando la persona baja el café de forma gradual, sobre todo si antes tomaba varias tazas. También ayuda cuidar la dosis de matcha, porque empezar fuerte puede traer nervios o estómago revuelto. Un matcha de buena calidad mejora el sabor y suele dar una experiencia más limpia, ya sea para tomarlo solo o con leche o bebida vegetal.

El horario importa. Tomarlo por la mañana o a media mañana reduce el riesgo de afectar el descanso. Si hay sensibilidad gástrica, suele sentar mejor junto con comida. Y aunque un matcha latte entra fácil, el exceso de azúcar cambia el objetivo del experimento. En una semana, lo que más se nota no es el ritual nuevo, sino el equilibrio que se construye alrededor.

Al final de los siete días, muchas personas observan menos picos, más energía constante y una concentración más uniforme. A veces también aparece un descanso más sólido, si la cafeína total baja y el consumo se adelanta. La experiencia, sin embargo, depende del punto de partida, del número de cafés previos y de cómo se prepare el matcha. Lo útil es escuchar señales simples, cómo amanece el cuerpo, cómo responde la digestión y cómo se duerme, y ajustar desde ahí.

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