Como preludio al mendaz discurso de Donald Trump sobre el estado de la unión, la radio pública NPR ha informado de que el Departamento de Justicia incumplió sus obligaciones legales al indexar pero borrar «algunos archivos de Epstein relacionados con las acusaciones de que … el presidente abusó sexualmente de una menor». Un total de cincuenta páginas que contendrían el testimonio de la joven, indicios sobre la implicación tanto de Epstein como de Trump y las inconclusas pesquisas realizadas por el FBI en 2019.
Durante su intervención –tan larga como inadecuada para conmemorarse el 250 aniversario de la independencia americana–, el presidente arrancó diciendo: «Nuestra nación ha vuelto, más grande, mejor, más rica y más fuerte que nunca… esta es la edad de oro de Estados Unidos». Ante esa hiperbólica afirmación, algunos medios empeñados en aportar contexto han recordado que con Trump la Paqui siempre vuelve al Corte Inglés. Ya que tanto el presidente como su familia se han embolsado más de mil millones de dólares durante el primer año de su segundo mandato.
Junto a la verdad, la otra cuestión ausente del discurso ha sido una explicación más o menos convincente de por qué la Casa Blanca parece estar a punto de iniciar una acción bélica sin precedentes contra Irán. Sin aportar pruebas, definir objetivos o solicitar respaldo parlamentario, Trump se limitó a arremeter contra las «siniestras» ambiciones nucleares de Teherán y el creciente alcance de sus misiles.
Pocas veces en la reciente historia de Estados Unidos, el Pentágono se ha preparado para llevar a cabo una acción bélica de tal envergadura con tan poca explicación o debate público. La poco habitual discreción del presidente Trump contrasta por ejemplo con toda la batalla sin cuartel para justificar la catastrófica invasión de Irak en 2003, cumbre de las Azores incluida. Y aunque es cierto que Bush hijo utilizó argumentos falsos para acabar con el régimen de Sadam Husein, llama mucho la atención que esta vez Trump no se esté molestando ni en mentir.


