El hígado es un órgano clave para ejecutar cerca de 500 funciones vitales. Su tarea principal es desintoxicar el organismo de todas las sustancias nocivas que ingresan a través de los alimentos. Sin embargo, hay productos que lo sobrecargan de trabajo y lo llenan de grasa, comprometiendo seriamente nuestra salud.

Especialistas como el Dr. Nicolás Veller, experto en medicina integrada, advierten que ciertos hábitos alimenticios arruinan este órgano y contribuyen al hígado graso. Aquí te presentamos los 4 productos que debes vigilar de cerca según la ciencia:
1. El azúcar y la “amenaza silenciosa” de la fructosa

Contrario a lo que muchos creen, el azúcar puede ser tan dañino como el alcohol. Un estudio científico del National Center for Biotechnology Information (NCBI) indica que el azúcar, y concretamente la fructosa, son perjudiciales para el hígado a niveles alarmantes.
El hígado no tolera bien la fructosa presente en el Jarabe de Maíz de Alto Contenido de Fructosa (JMAF), el azúcar común o el jarabe de agave. El estudio citado por la NCBI revela que una dieta alta en fructosa puede inducir la formación de hígado graso en apenas 8 a 24 semanas, con altas probabilidades de desarrollar enfermedad progresiva en el tiempo.

2. Alto consumo de sodio: Presión interna
No solo el corazón sufre con la sal; el hígado es una víctima directa. El consumo excesivo de sodio genera un aumento de la presión arterial en la arteria principal del hígado, lo que puede conducir a una enfermedad hepática crónica.
La cantidad recomendada es de solo una cucharadita de sal por día (equivalente a 2,3 gramos). Por esta razón hay que prestar atención a los alimentos enlatados, ultraprocesados y las comidas de restaurante, que esconden cantidades ingentes de sal.
Investigaciones NIH muestran que alto sodio promueve estrés oxidativo, fibrosis, inflamación (TNF) y acumulación de TG en hígado vía activación de aldosa reductasa y fructosa endógena. Estudios en ratones confirman daño celular y NAFLD con dietas altas en sal.
3. Las peligrosas Grasas Trans
El hígado no está diseñado para procesar las grasas trans de forma correcta. Su consumo excesivo trae como consecuencia un aumento del azúcar en sangre y el almacenamiento de grasa directamente en el tejido hepático.
Aunque en las etiquetas suelen aparecer como “grasas parcialmente hidrogenadas”, su efecto es altamente inflamatorio. Evitarlas es un paso crucial para desinflamar el órgano.
4. El alcohol: Sin dosis segura

El hígado es el órgano encargado de metabolizar el alcohol, pero el proceso es devastador para sus células. El Dr. Veller explica que, a través de la enzima alcohol deshidrogenasa, el alcohol se convierte en formaldehído, una sustancia que provoca la muerte de las células hepáticas (cirrosis).
Mientras que la doctora Eva Rodríguez, dietista-nutricionista del Hospital HM Delfos, es clara: “No hay alcohol bueno, ni existen bebidas alcohólicas sanas”. Tanto las fermentadas (vino, cerveza) como las destiladas (whisky, vodka) se metabolizan en el hígado y causan daño oxidativo.
Para mantener un hígado saludable, el Dr. Veller recomienda aumentar el consumo de vegetales, especialmente los de la familia de las crucíferas (brócoli, coliflor, repollo), que potencian la capacidad de desintoxicación natural del cuerpo.
5.- Efectos de devastador de la harina en el hígado
Una investigación titulada “Ingesta de carbohidratos y enfermedad del hígado graso no alcohólico: la fructosa como arma de destrucción masiva”, publicada por PubMed, destaca que las harinas refinadas (altas en carbohidratos de alto índice glucémico) contribuyen a NAFLD vía resistencia insulínica, estrés reticular endoplásmico y disfunción mitocondrial. Esto se asocia a inflamación intestinal y liberación de endotoxinas que progresan esteatosis
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