#Salud: ¿Sabías que la demencia también puede presentar síntomas físicos? Estas son las señales

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Un olvido ocasional no significa demencia. Con la edad, la mente puede ir más lenta y aun así seguir funcionando bien. La señal que cambia el foco no es un fallo suelto, sino el impacto en la vida diaria. La demencia no es una sola enfermedad. Es un conjunto de trastornos del cerebro, como el Alzheimer, la demencia vascular o la demencia con cuerpos de Lewy, entre otras. Por eso, los síntomas no se ven igual en todas las personas.

Además, no todo se limita a memoria y orientación. A veces el cuerpo “habla” antes o al mismo tiempo, con cambios que se repiten y tienden a empeorar. Detectarlos pronto ayuda a pedir ayuda con menos dudas y más contexto.

¿Por qué un problema del cerebro puede notarse en el cuerpo?

Caminar recto, tragar sin atragantarse, dormir con calma o controlar la vejiga no son actos automáticos. El cerebro coordina nervios, músculos, equilibrio y atención en cada uno de esos gestos. Por eso, cuando hay daño cerebral, también pueden aparecer síntomas físicos.

En muchas demencias, estas manifestaciones se vuelven más visibles en fases medias o avanzadas. Sin embargo, algunas pueden aparecer antes, según el tipo de demencia y el área del cerebro afectada. En cuadros ligados a Parkinson o a cuerpos de Lewy, por ejemplo, los cambios del movimiento y del sueño suelen llamar la atención.

Hay una “línea roja” práctica: cuando los cambios ya dificultan tareas habituales. Perderse en una ruta conocida, fallar al manejar cuentas que antes se llevaban sin esfuerzo, o no poder completar actividades básicas del día son señales para consultar. El cuerpo y la mente suelen dar pistas en conjunto, como dos alarmas que suenan a la vez.

Foto Freepik

Señales físicas que merecen atención, sobre todo si van con cambios de memoria

Un cambio aislado puede tener otras causas, como artritis, infecciones, efectos de fármacos o problemas del oído. Lo que preocupa más es el patrón: repetición, empeoramiento y coincidencia con cambios cognitivos.

En la marcha, puede verse un andar más lento, pasos inseguros, tropiezos frecuentes o dificultad al girar. Mantener el equilibrio exige procesar visión, sensaciones de los pies y el entorno, por eso las caídas repetidas merecen revisión.

También pueden aparecer postura encorvada, rigidez, temblores, poco balanceo de brazos, pasos cortos o arrastrados. Estas señales encajan con parkinsonismo y se ven con más frecuencia en demencia con cuerpos de Lewy. Si se suman fluctuaciones de atención o alucinaciones visuales, conviene actuar sin esperar.

En los sentidos, un cambio sin explicación en olfato y gusto puede notarse primero en casa. Por ejemplo, no percibir humo, comida quemada o malos olores. Si no hay una causa clara, como una infección reciente, vale la pena comentarlo en consulta.

Al comer o beber, la tos repetida con líquidos, una “voz húmeda” tras tragar o la sensación de que algo se va “por el lado equivocado” pueden indicar dificultad de deglución. En etapas avanzadas, parte de la comida o saliva puede entrar en los pulmones y favorecer infecciones, incluida la neumonía por aspiración, por eso requiere valoración.

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Por último, la incontinencia, el estreñimiento nuevo o persistente y ciertos cambios del sueño también cuentan. En trastornos tipo Parkinson, el estreñimiento puede aparecer años antes. En el sueño, moverse mucho, gritar o golpear durante sueños puede corresponder a un trastorno de conducta en fase REM, que a veces precede a cuerpos de Lewy o Parkinson. La persona puede no notarlo; quien convive suele detectarlo antes.

¿Qué hacer si aparecen estas señales y por qué conviene hacerlo pronto?

Cuando la familia observa cambios, ayuda anotar desde cuándo ocurren, con qué frecuencia y cómo afectan la rutina. Esa información orienta mejor que una impresión general. También conviene revisar medicación, consumo de alcohol, audición, visión y sueño, porque a veces empeoran los síntomas.

En consulta, el equipo de salud suele combinar entrevista clínica, pruebas cognitivas, examen neurológico y, según el caso, imágenes. Hoy existen evaluaciones más precisas que pueden incluir biomarcadores en sangre o en líquido cefalorraquídeo para orientar el tipo de demencia y las decisiones de manejo. Aunque no haya cura, empezar pronto permite ajustar apoyos, reducir riesgos de caídas, tratar problemas de sueño o deglución y planificar.

Además, los hábitos sostienen el cerebro. Una alimentación tipo MIND, actividad física regular, vida social y control de diabetes, hipertensión y apnea del sueño pueden ayudar a reducir riesgo o a frenar el deterioro en algunas personas.

Si el cuerpo empieza a enviar señales junto con fallos de memoria o atención, lo más sensato es no normalizarlo. La evaluación médica temprana ofrece claridad y margen para actuar, antes de que lo cotidiano se vuelva cuesta arriba.

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Este artículo fue elaborado con el apoyo de una herramienta de inteligencia artificial.
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