El Metro hacia Los Alcarrizos: infraestructura que expande la economía de Santo Domingo

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La inauguración de la extensión del Metro hacia Los Alcarrizos no debe analizarse únicamente como una obra de transporte público, sino como un proyecto de reorganización económica territorial del Gran Santo Domingo.

Durante décadas, la capital dominicana concentró el empleo formal, el comercio y los servicios, mientras los municipios periféricos crecían en población sin una estructura productiva proporcional. Los Alcarrizos es el ejemplo más claro: uno de los municipios territorialmente más extensos y poblados del país, pero con una actividad económica muy inferior a su tamaño demográfico.

El resultado fue una economía dependiente. La mayoría de sus residentes generan ingresos en el Distrito Nacional o Santo Domingo Oeste, pero consumen y residen fuera de esos centros productivos.

El Metro cambia ese modelo. Las infraestructuras de transporte masivo no solo movilizan trabajadores; crean mercados. Al reducir el costo de traslado y el tiempo de acceso al empleo, aumenta el valor del suelo, se incentiva la inversión privada y se generan polos comerciales alrededor de las estaciones.

Esto significa algo clave para la economía nacional: expansión del área económica efectiva de la capital. En términos prácticos, Santo Domingo deja de ser una ciudad limitada por sus avenidas principales y pasa a convertirse en una metrópoli funcional más amplia.

El territorio disponible en la zona oeste —especialmente en Pedro Brand, La Guáyiga y comunidades cercanas— representa una de las mayores reservas urbanizables del Gran Santo Domingo. Donde llega el transporte masivo, llega la inversión inmobiliaria, la logística, los centros educativos y los servicios.

Eso impacta directamente el producto interno bruto urbano. La productividad de una ciudad depende de la facilidad con que sus trabajadores pueden desplazarse. Cuando el tiempo de traslado disminuye, aumenta la eficiencia laboral, la oferta de empleo y el consumo local. Por tanto, el Metro no solo reduce la congestión vehicular: amplía la economía capitalina.

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La capital dominicana se ha acercado progresivamente a un modelo metropolitano donde los municipios periféricos dejan de ser satélites residenciales y pasan a ser parte activa de la actividad económica.

El desafío ahora será la planificación urbana. Sin ordenamiento territorial, el crecimiento puede transformarse en expansión caótica. Con planificación, puede convertirse en desarrollo.

La extensión hacia Los Alcarrizos no es simplemente una infraestructura pública. Es la redefinición geográfica del mercado laboral y comercial de Santo Domingo.

Las ciudades no crecen cuando se construyen edificios. Crecen cuando se acortan las distancias entre la gente y las oportunidades. Y ese proceso, precisamente, acaba de comenzar.

**REDACCIÓN FV MEDIOS**