
Se cumplen cuatro años de una contienda que se imaginó destinada a durar apenas cuatro días. Putin ordenó invadir Ucrania pero la columna de blindados que envió a Kiev fue convertida en chatarra por el ejercito de Zelenski. Moscú se vio obligado a cambiar de estrategia y centró los ataques rusos en la zona este del país hasta ocupar el 18% del territorio ucraniano.
Ahora el frente apenas se mueve, inmerso en una guerra de desgaste que no parece tener fin a pesar de las negociaciones que aspiran a conseguir al menos un alto el fuego.
Muerte, destrucción y un gasto inmenso en armamento del que Europa no es ajena. El invasor ha de ver firmeza en la defensa de las fronteras. Por eso abandonar Ucrania no es una opción.


