#Salud: El error de tirar agua hirviendo al fregadero que puede costarte caro

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La escena es común, una olla de pasta lista y el fregadero esperando. En segundos, el agua a punto de ebullición desaparece por el desagüe y parece que no pasa nada. Sin embargo, ese gesto, repetido semana tras semana, puede acortar la vida de la fontanería en muchas viviendas. El motivo suele estar oculto tras el mueble del fregadero. En cocinas con tuberías de plástico, sobre todo de PVC, el calor extremo no perdona cuando se convierte en rutina.

¿Por qué el agua hirviendo no es amiga de las tuberías de PVC?

El PVC es frecuente en instalaciones domésticas porque es económico y fácil de montar. También resiste bien muchos productos de limpieza. Aun así, su punto débil es la temperatura. En condiciones normales, el PVC trabaja bien con agua caliente, pero suele tolerar mejor rangos cercanos a 60 a 70 °C. El agua hirviendo ronda los 100 °C, y esa diferencia importa.

Cuando el calor entra de golpe, el material se dilata y pierde rigidez durante unos instantes. Si esto ocurre a menudo, la tubería envejece antes. No suele fallar en el primer vertido; el desgaste se acumula, como una bisagra que se afloja poco a poco.

Lo que pasa por dentro cuando entra agua a 100 °C

El calor fuerte provoca una expansión rápida. Luego llega el enfriamiento y la contracción. Ese vaivén térmico, repetido, favorece pequeñas deformaciones en codos y uniones, justo donde más trabaja la instalación. Además, si hay grasa o jabón pegado, el agua muy caliente puede reblandecer esos restos. A veces los desplaza y el atasco aparece más abajo, donde el tubo es más estrecho o hay un codo. Por eso, “echar agua hirviendo para desatascar” puede parecer eficaz al principio y fallar después.

Foto Freepik

Las consecuencias que suelen aparecer meses después (y por eso se subestiman)

El problema real es el tiempo. Muchas viviendas no ven una señal clara hasta meses después. Empiezan microfisuras, alguna junta cede, aparece una fuga mínima, el mueble huele raro, o el desagüe se vuelve caprichoso con atascos repetidos. En ese punto, el coste ya no es el agua, sino la reparación y, a veces, el daño por humedad. El riesgo sube si el agua caliente se queda estancada por una obstrucción. Si el calor se “queda” en un tramo, el PVC sufre más que con un paso rápido.

¿Cuándo el riesgo se dispara en una cocina normal?

El hábito marca la diferencia. Verter agua hirviendo varias veces por semana, usarla para “desengrasar” el desagüe o hacerlo en meses fríos, cuando la tubería está más fría, aumenta el contraste térmico. En cambio, un uso muy ocasional suele ser menos problemático. Lo que acorta la vida útil es convertirlo en costumbre.

Alternativas seguras para escurrir pasta y cuidar el desagüe sin dañar el PVC

Hay soluciones simples que no exigen cambiar rutinas. Una opción práctica es abrir el agua fría mientras se escurre la pasta. Así baja la temperatura del vertido antes de que toque la tubería. También funciona esperar unos minutos, hasta que el agua siga muy caliente, pero ya no esté hirviendo. Para grasa y olores, conviene apoyar el mantenimiento con métodos suaves. El dúo bicarbonato y vinagre ayuda a despegar residuos sin castigar el PVC, y el enjuague final con agua tibia remata el arrastre.

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Un método simple para mantenimiento que no castiga la instalación

De forma puntual, se puede verter bicarbonato, añadir vinagre y dejar actuar unos minutos. Después, un enjuague con agua tibia ayuda a llevarse lo desprendido. La prevención completa el trabajo, no conviene tirar aceite o grasa al fregadero, y una rejilla o colador evita que los sólidos entren al desagüe.

Cambiar hoy el gesto del agua hirviendo reduce el riesgo de fugas mañana. Si ya hay malos olores persistentes, humedad en el mueble o atascos que vuelven, conviene revisar la instalación antes de que el problema crezca, porque lo pequeño rara vez se queda pequeño en fontanería.

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