La caída de un príncipe

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Las imágenes de aquel septiembre de 1982 dieron la vuelta al mundo. En los muelles británicos, entre rostros jóvenes marcados por el cansancio y banderas agitadas por las multitudes, los soldados regresaban de la guerra de las Malvinas como vencedores. Y entre ellos había alguien cuya presencia condensaba la narrativa completa del conflicto: el tercer hijo de la reina. Isabel II, tan disciplinada en la contención emocional que exige la Corona y tan fiel a la sobriedad pública británica, no pudo, o quizá no quiso, disimular el orgullo materno que reflejaba su amplia sonrisa cuando se reencontró con Andrés, de apenas 22 años.



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